Friday, June 26, 2009

 

una pluma privilegiada

Una revista de arte honorifica, con letras de oro, al Dr. Vicious como pluma privilegiada. Doy fe de esto, haciendo relumbrar un relámpago en la mesa. Tiene unos escritos notables. De los últimos leídos, "La taberna del gato negro". Este palabrero rampante, de oscuridad y luz, puede pararse con vehemencia y garbo ante cualquier consagrado. Conózcanlo. Sigan el hilo de Ariadna en la búsqueda propicia. Y es bueno en ese navegar, hacia la isla del tesoro, llevar en el corazón la canción festiva de los antiguos hombres de mar: "Y otro poco de ron". Porque todo encuentro con un sorprendente autor es una hermosa aventura de soñadores.

Con un abrazo a mi camarada de letras, el Dr. Vicious.


drvicious.blogspot.com

Tuesday, May 26, 2009

 

qué de nuestra juventud alucinada

El aire trae,
por las tardes,
voces de un exilio inútil,
andrajos y soles quemados,
la nuez amarga del deseo
que en el árbol del ensueño
se transforma en diamante.

Todos nuestros secretos,
incluso los que permanecen en ti como una llaga,
están tatuados en las nubes,
en los camaleones
y en ciudades sumergidas
que habitan seres translúcidos.

Y la juventud,
nuestra juventud alucinada, voraz, ciega y distante,
aún brilla y se extingue en un paraíso inconcluso...

Friday, May 15, 2009

 

si mañana amaneciera

Si mañana amaneciera
con tu desnudez
como la primera luz del día,
el azar,
en su ola más pura,
nos llevaría al lejano país
de todos los sueños...

Thursday, May 07, 2009

 

y volver a iluminarse

Mi querida Claro de Luna:

El nácar como tal es una hermosísima sustancia orgánica-inorgánica brillante y con reflejos irisados o iridiscentes que los moluscos segregan para, oceánicamente, reparar lo dañado en su casa marina.

El recordar "la belleza del nácar" es, simplemente, creer que se puede reparar lo dañado en uno mismo. Sanar heridas. Y volver a iluminarse...

Un abrazo de Mentecato

Thursday, April 30, 2009

 

sueños de Alejandría

Algún día,
no sé desde qué azar
o mortaja,
si con lluvia
o al alba,
quizá a través de tiempos de lobos
o antílopes,
llegarán ancianos esclavos
de Alejandría
a soñar sueños que dejaron,
en nuestras ventanas,
hermosos gatos que vinieron de Alejandría.

Saturday, March 21, 2009

 

la belleza del nácar

Si tu vida se fragmentó
y ya no esperas el iridiscente rocío,
ni la ingrávida nieve,
ni el mar,
ni el bullicio de la perdiz y el abanico,
ni los desbordes de la imaginación,
ni lo material e inmaterial de los misterios,
ni el ritmo y fluir de todas las cosas,
ni el poder incierto del delirio,
ni la perplejidad de los conjuros,
ni el barco de tus sueños,
ni la estremecida alegría
en las ramas del tiempo...

Recuerda simplemente la belleza del nácar.


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(A Magda)

Monday, February 09, 2009

 

je suis en des vacances

Es un gorila que en cautiverio, por arte de birlibirloque, aprendió a repetir como una cacatúa: "Je suis en des vacances".

Mentecato, así llamado el gorila, de sol a luna sólo repite en su jaula: "Je suis en des vacances".

Los domingos frente a la jaula, un niño, que en verdad no es un niño sino un gorilita, ya sabe decir "je suis".

A Descartes, el filósofo francés, le habría dado un patatús al ver que un gorilita sabe decir "je suis", lo que a él le llevó años de reflexión ontológica.

Wednesday, December 10, 2008

 

la apuesta

En una oscura taberna, la Envidia y el Odio, aviesamente, no hallaban la manera de matar al Amor. Planificaban sangrientas estrategias, inventaban artilugios pandémicos, discutían sobre pócimas mefíticas y, sin más, pagarían con oro el objetivo. Ya borrachos, desde una mesa aledaña, un sombrío tertuliano vestido de capa negra les apostó: "Yo puedo matar al Amor". Y concordaron el precio.

Tiempo después, el sombrío personaje había matado al Amor. Estupefactos, la Envidia y el Odio le preguntaron su nombre. Y él respondió: "Yo soy solamente la Rutina"...


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(Narración oída en el Metro.)

Thursday, November 06, 2008

 

si todo fuera el hermoso respirar del tigre

Si todo fuera el hermoso respirar del tigre
en la hora más ardiente del día.

Si en cada mano el rayo dejara la eternidad como un anillo.

(Y no hubiera albur, ni fugacidad, ni ausencias, ni naufragios.)

Si al abrir la puerta del verano
tuviéramos la fecundidad del asombro y de la belleza,
y en cada nuez maduraran enigmas,
y regresaran los días que perdimos al cruzar los puentes.

Si desde los tiempos que se quemaron en inexorables travesías,
el olvido se trocara en una secreta comarca
y relumbrantes grillos chirriaran en las escarchas
y en las fisuras de nuestro obstinado destino.

Si en los umbrales del ensueño otras vidas nos atravesaran,
ávidas y envolventes, como verdes ríos.

Si pudiéramos estar ebrios para siempre en un instante azul,
en una estrella,
en la casa de los días más amados...




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(A Vero, en el Buenos Aires infinito, bullicioso, con múltiples cornisas desde donde poder volar.)

Tuesday, September 02, 2008

 

un haz de luz

El viejo despertó tiritando y con inusitada sensación de soledad. La mañana olía a pellejo de rata y la fugacidad del tiempo laceraba su piel. Salió de la casa y ante sí había un vastísimo desierto. Creyó estar dentro de un sueño maligno, pero tenía plena conciencia de su vigilia. Y donde su casa, repentinamente sólo arena. Hacia los cuatro puntos cardinales páramos sin confines y espejismos de la nada. Intentó recordar y asirse, pero no supo cómo. De pronto, en el sur hubo un resplandor: era un trozo de vidrio en que caía un haz de luz solar.

Ahí, el viejo empezó a escarbar en la arena. "Quizá encuentre una hermosa ciudad", se dijo...

Monday, August 11, 2008

 

búscame

En el aire,
en la noche,
en los ciclos migratorios,
en la nieve que cae
más allá de olvidados pueblos de Finlandia,
en los cafés de Hamburgo,
en las tabernas y mercados de Estambul,
en las multitudes de Budapest,
en las grietas del ocaso,
en el vuelo de los ánades a flor de agua,
en el libro de los secretos
y en los enigmas que deslumbran,
en los muelles solitarios,
en la bruma de la nostalgia,
en el ayer
donde tu pálido rostro es más hermoso aún,
en las relojerías
y en los sueños que detienen el tiempo,
en la huella que siguen cazadores de osos,
en la casa abandonada de la infancia,
en el martilleo y fuego de las forjas,
en los almácigos,
en la risa que trae días de fiesta,
en las fotografías familiares,
en la proa de los veleros,
en las mañanas que ciegan de tanta luz,
en los ojos de las serpientes,
en los ojos de los maoríes,
en los ojos de los enamorados,
en los ojos tristes de los camellos
que surcan vastos desiertos,
en las canteras
donde los hombres envejecen como bestias,
en los claustros de oscuras filosofías,
en lo sagrado
y en lo impúdico de los lupanares de Marsella,
en el silencio de la muerte
y en la claridad de la palabra vida,
en los hospitales siquiátricos
y en los salones de baile,
en el fluir de los ríos y sus orillas,
en el calendario maya,
en el canto de los chamanes,
en las grandes arquitecturas
y en lo infinitesimal,
en la carta de amor que llegó a destiempo,
en el vino de las laderas,
entre los enanos de los circos,
entre los vagabundos del Sena,
entre los drogadictos del Bronx,
entre los suicidas,
entre los nigromantes
y los eclécticos,
en el poderoso perfume de los sexos,
en las manos que se aferran a otras manos
y otras y otras manos,
en el primer y último gemido,
entre tártaros amansadores de caballos,
entre pescadores de perlas,
entre capitanes, jíbaros y hoscos fugitivos,
entre las distantes estrellas
y más allá aún en planetas no descubiertos,
en las certidumbres
y en los remolinos,
en los fumaderos de opio,
en las tiendas de hechizos,
en las calles de la ciudad que amamos,
tras los muros,
al cruzar las montañas del Tíbet,
al leer poemas africanos,
en los acertijos platónicos,
en las heridas de los combatientes,
en la ceniza que cae del olvido,
en el plumaje colorido de los petirrojos,
en las voces de los ancestros alacalufes
que nos trae el viento del sur,
en los torneos de esgrima
y en los filmes de Ingmar Bergman,
en la esquina de Miraflores donde los saltimbanquis
te hacían reír los domingos,
en cada ola
y en toda la libertad que pueda soñar tu corazón...
búscame
.

Monday, June 23, 2008

 

mentecato vuela a través de delirios

Mentecato vuela hasta agosto entre cachuditos de cabeza negra, abdomen amarillo y barba de torbellinos; entre chiricocas extravagantes de cuello blanco y patas de crepúsculos; entre choroyes verdes vigilantes de cielos y arco iris; entre rayaditos de Más Afuera con capa de nostalgias y harinas de la mañana; entre turcas pálidas de garganta blanca como espuma de todos los océanos; entre picaflores de cabeza verde con corona roja de vinos turbulentos; entre bandurrias de patas carmesíes y corazón de oleajes; entre bulliciosas orquestas del viento austral; entre carpinteros negros brillando azules y afanosos en las arboledas del sur; entre garzas y estrellas del fin del mundo; entre cormoranes de las islas añoradas; entre torcazas de patas rojo púrpura que tejen con raicillas las dulces sombras y los recuerdos de los enterrados; entre peuquitos pecho gris ceniza y patas amarillas que cantan en medio del bosque...

Después, cuando termine ebrio de horizontes, vértigos y belleza, Mentecato se sentará a orillas del mar a esperar que "el barco de sus sueños regrese..."

Thursday, June 12, 2008

 

a la deriva y agónicos

Después
del jadeo
de nuestros
cuerpos
desnudos,
la hojarasca
de la dicha
nos cubrió
lentamente:
éramos
los únicos seres
que,
a la deriva
y agónicos,
resplandecían
en el Universo...

Thursday, June 05, 2008

 

maldito demonio

Me siento impotente
porque aún no sé cómo hacerte pequeño,
pequeño como guardarte entre mis manos
para darte un beso y te quedaras dormido
acunado en mi vientre.

Y te aferraras como un animalito,
te guardaras allí todo el tiempo,
te asomaras sin obligaciones,
te sanaras sin presión del mundo
y sólo con mi calor quemándote la espalda
salieras un día cualquiera,
subieras a mi cuello
y me dieras una mordida mortal
que, por fin, me hiciera tuya.


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(Un bellísimo poema de mi compañera de letras La peor de todas)

Monday, May 19, 2008

 

libertad, te nombro y te escribo

El humo era muy intenso. La gente no podía respirar. Sentían las bocas resecas, como si estuvieran masticando arena. Los obuses y las cargas de los cañones no paraban de estallar por todos lados. Unos tres millones de alemanes permanecían hacinados en los refugios o entre las ruinas de la capital. Menos de 80.000 soldados de la Wehrmacht, unos oficiales de las infames Waffen SS y unos niños fanáticos de las Juventudes Hitlerianas se enfrentaban a un millón y medio de rusos del Ejército Rojo que avanzaban con 6.000 tanques. Al mediodía de esta primavera alemana no se veía el cielo. Todo estaba oscuro y sólo se iluminaba con las explosiones o los incendios. A veces, lo único que se veían eran los flashazos y la estela que dejan las balas trazadoras. Era el 3 de mayo de 1945, el último día de la guerra intensa en Europa. Caía Berlín.

Liza Zajac tenía 18 años, el número de prisionera 33.502 tatuado en su brazo izquierdo. Había sido liberada cinco días antes y ese 8 de mayo fue testigo del primer encuentro entre soldados rusos y estadounidenses en las orillas del río Elba. La habían rescatado los rusos cuando logró escapar de la Marcha de la Muerte de 5.000 prisioneros del campo de concentración de Auschwitz que caminaron por cuatro meses hacia Berlín. Hoy, a los 78 años, recuerda ese día desde su departamento en el barrio porteño de Belgrano: No me alegré de nada. Estaba perpleja. Me sentía totalmente desprotegida. Era libre, pero ya no tenía a nadie conmigo más que una tía. Veía cómo los soldados rusos y americanos festejaban, pero yo no tenía esa alegría. La liberación para mí fue como asomarme a un abismo. Recién, después, con el tiempo, pude apropiarme de esa libertad y hasta hoy cada vez que levanto una copa brindo por la liberación y me acuerdo de las palabras de Paul Eluard: "Libertad, te nombro y te escribo".



(Por Gustavo Sierra, corresponsal de Clarín.)

Sunday, April 20, 2008

 

siempre te veré en mis sueños

Y aunque tú me lo niegues, siempre te veré en mis sueños...

Thursday, April 10, 2008

 

una oscura serpiente entre las rosas

Me besó. La locomotora resoplaba como un animal herido. Y ella se dirigió a uno de los vagones. Recordé el brevísimo cuento de Hemingway: "Se venden zapatos de niño sin estrenar". (Nuestro único hijo había muerto al nacer y eso nos quebró.) El conductor pitó la partida. Miré, y, a lo lejos, el tren reptaba como una oscura serpiente entre las rosas...

Tuesday, January 29, 2008

 

la máquina de la felicidad

Mi cráneo es un sempiterno revoltijo de ideas, alucinaciones, maquetas, agibílibus y dispositivos secretos para resolver todos los acertijos de la vida cotidiana.

Estuve escudriñando durante dos años la máquina para cazar ranas, el asador automático, los higrómetros, los carros de combate, las ralladoras de pan, las pulidoras de espejos, las fabricadoras de maromas o calabrotes, las rebanadoras de huevos y otros artificios inventados por Leonardo da Vinci. Pero yo querría inventar una máquina para crear la felicidad o máquina de la felicidad.

Todo sería cuestión de un amasijo mágico o fórmula de ingredientes para que la máquina creara la felicidad. ¿Sería la luz de las estrellas, o el rocío, o el perfume de un seno femenino, o la palabra amor, o el tañido de un laúd, o una gran infinidad de especias la base de dicha fórmula?

¿Sería posible cortar en tajadas la luz de las estrellas o el tañido de un laúd?

La máquina alzaría un caño hacia el cielo y un cuchillo afiladísimo estaría al acecho para cuando la luz estelar fluyera caño abajo la cortara a tajadas. A su vez, un engranaje perfecto molería la infinidad de especias...

¿O la luz del Sol?

He leído, como hombre amantísimo de las letras divinas y humanas, el libro De divinis nominibus del bienaventurado Dionisio Aeropagita: La luz reúne y hace converger hacia sí a todas las cosas que se ven, que brillan, que se desplazan, que calientan y, en una palabra, a todas las cosas que están contenidas en su esplendor. Por ello el Sol es llamado Ilio, porque reúne todas las cosas dispersas.

Sí debo ser muy cuidadoso para que funcione a la perfección la máquina de la felicidad y no suceda lo de Leonardo cuando quiso automatizar la cocina.

Sabba da Castiglione di Pietro Alemani, embajador florentino en la corte de Sforza, narró: La cocina del maestro Leonardo es un gran caos. El señor Ludovico me ha dicho que el afán de los últimos meses se había hecho con la intención de economizar esfuerzos humanos; pero ahora, en vez de los veinte cocineros antes empleados en las cocinas, las personas que se apiñan en este lugar llegan casi al centenar y ninguno de los que yo pude ver estaba cocinando, sino que todos estaban atareados con los grandes dispositivos que ocupaban todo el suelo y los muros, ninguno de los cuales parecía comportarse de manera útil o para la tarea que fue creado.

En un extremo del recinto una gran noria, empujada por una furiosa cascada, vomitaba y rociaba con sus aguas a todos los que pasaban por debajo, y había transformado el suelo en un lago. Fuelles gigantescos, cada uno de tres metros y medio de largo, colgaban de los techos, siseando y rugiendo con el propósito de limpiar los humos de los fuegos; pero todo lo que lograban era avivar las llamas, en perjuicio de aquellos que debían estar cerca del fuego; tan peligrosas eran las errantes llamas que una multitud de hombres armados de cubos se afanaban en tratar de dominarlas, aun cuando otras aguas brotaban en chorros de cada rincón de los techos.

Y en este catastrófico lugar se paseaban por todas partes caballos y bueyes, algunos dando vueltas y más vueltas, y otros arrastrando los ingenios para limpiar los suelos del maestro Leonardo; realizando sus tareas con denuedo, pero también seguidos de otro ejército de hombres para limpiar las suciedades de los animales.

Los gritos que habíamos oído los proferían pobres desdichados que estaban abrasándose o ahogándose o asfixiándose; rugían las explosiones de la pólvora que el maestro Leonardo se empeñó en utilizar para prender sus fuegos sin llama; y, como si este estruendo no resultara suficiente, aún se combinaba con la música de sus tambores que redoblaban, aunque los que tocaban los órganos de boca creo que se habían ahogado.


Por lo que debo pensar algorítmicamente, porque inventar la máquina de la felicidad no es una industria menor y requiere, indudablemente, de una gran destreza...

Thursday, December 20, 2007

 

la llegada del mar

Había volcanes en erupción, polvo transportado por ardientes vientos, erosiones, avalanchas, radiaciones, meteoritos que abrían cráteres, rocas fracturadas...

Metálicos escarabajos emergían de troncos putrefactos. Sus larvas, temblorosas y quemadas, horadaban la madera podrida y se alimentaban de su celulosa.

El andrajoso hombre, arqueado de dolor por su piel desgarrada, era el último ser humano que habitaba el planeta. De pronto, caía en trance, sangraba por la nariz, e intentaba entrar al mundo de los espíritus: soñaba con corales de fuego, miles de medusas lo atacaban, estrellas de coronas de espinas le inyectaban su veneno, el pez escorpión le provocaba convulsiones y pérdida de total conciencia...

Una mañana, vio volar desde el Oeste un cormorán marino moribundo. Y recordó que, antes del cataclismo nuclear, él reparaba las jarcias de su velero. En el entorno, revoloteaban los patos buzos, los ibis rosados, las garzas blancas, negras y azules. Más allá, las cataratas resplandecientes y los bosques frutales.

Y aún en su memoria perturbada cuando los hongos nucleares subieron al cielo y toda la Tierra se estremeció. El mar se recogió hasta el horizonte y no había más que volcanes en erupción, polvo transportado por ardientes vientos, erosiones, avalanchas, radiaciones, meteoritos que abrían cráteres, rocas fracturadas...

El hombre lloró y con los ojos hacia el horizonte esperó, desde los espacios calcinados, la llegada del mar...


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(Dedicado a meine kleine Schwester).

Tuesday, December 11, 2007

 

latieré khako

Abdou, niño senegalés de 9 años, huyó hacia las montañas durante la masacre que arrasó su aldea natal. Rougui, una compañera de escuela también de 9 años, le pidió antes de morir: "Coge una piedrecita y llévala junto a tu corazón. Así podré estar siempre contigo".

Ya fatigado, Abdou comió algo de latieré khako (guiso a base de sémola y espinaca) que escondía en un sucio pañuelo, besó la piedrecita translúcida que encontró a orillas de un río y se durmió en una grieta bajo un añoso árbol...

Lejos, en un lujoso departamento neoyorquino aledaño al edificio Chrysler, el multimillonario Bernard Blondel trozaba el pavo para la cena de Navidad. Su hijo Tony, de 9 años, observaba con fastidio a su padre. Se deslizó a ver su regalo de Nochebuena: un notebook. Se le ocurrió una idea maligna: con un pisapapeles de lapislázuli rompió varias teclas del adminículo. Indudablemente, le traerían otro.

Regresó al comedor. Contempló con displicencia los trozos de pavo. "Otra vez comer un gordo y repugnante pavo", se dijo con hastío...


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(Desde Skansen, Suecia).

Saturday, December 08, 2007

 

temporada mágica de trolls

Como todos los fines de año, Mentecato viajará a Skansen, Suecia, a trabajar de troll para las fiestas navideñas nórdicas. Deambulará por Lill-Skansen, rodeado de cabras, conejos, diminutos jabalíes, pavos reales, cigüeñas y gansos; bailará ebrio como en la noche de Walpurgis (o Valborgsmässoafton); vigilará la Sala Dorada y el Vestíbulo Azul de los sueños de los niños; dormirá bajo las hojas ocres, rojas y amarillas de los parques, y amasará, cada amanecer, deliciosísimos panes de miel y leche en las panaderías de hornos de leña milenaria.

Lo podrán reconocer, sin duda alguna, en la Plaza Stortorget: enano, rechoncho, gibado, de nariz descomunal, mostachos de zapatero remendón, calvo con hilillos de cabellos rojizos sobre los hombros; pero no le hablen: podría quemarse como una antorcha de tulipanes o ser castigado a esclavitud, por todas las eternidades, en las cavernas bajo el lago Mälar.

Si ven a pequeñuelos rondar a su alrededor, hagan lo mismo: bailarán dichosos y alados por todos los cielos.

Al culminar el año, en el corazón de ustedes habrá tañidos mágicos, explosiones de luz y serán tocados por el dedo de la fortuna.

Hasta el retorno con un gran abrazo.

Monday, December 03, 2007

 

y volaste como un ruiseñor

Entre el objeto y la palabra,
arde tu alma,
tu dulzura,
tu dolor de pueblos avasallados
en sus memorias y jazmines...

(Tu hijo Marcelo y tu nuera Claudia
cayeron abrazados a una estrella
repentinamente oscura).

Y volaste como un ruiseñor,
heroico,
cubierto de pavor
y cenizas,
a través de soles mutilados,
de huesos ajenos,
de papeles ajenos,
de fronteras ajenas,
en busca de tu nieta María Macarena
que te esperaba, durante 23 años,
pálida y triste
en medio de la nada...



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(Dedicado al poeta argentino Juan Gelman, Premio Cervantes 2007).

Sunday, November 25, 2007

 

recuerdo

Recibí el libro "Poemas para ser cantados al alba", cuya autoría es de mi entrañable amigo Mario Guíñez. Al azar, escojo un poema:

Recuerdo

El jardín bordado de azucenas,
las violetas pintadas de acuarela,
la luna cruzando la montaña,
la lluvia que caía cristalina en el pasto,
el puente de piedra elevado sobre el río,
los pájaros que anidaban en el viento,
las manzanas endulzadas por el sol.


Hermano, hermanito,
¿recuerdas lo dulce que era nuestra casa
cuando éramos pequeños?



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(Mario Guíñez, 1955, licenciado en Educación, oriundo de Peñaflor, Chile, localidad de huertos y cañaverales, y en donde las melodías de arpas aroman los rosales...)

Sunday, October 28, 2007

 

el regreso de las garzas

Cuando mi hermano mayor regresó a casa, en su frente afloraba una herida a fuego que parecía una garza muerta.

Había conocido todo el mundo. Siempre después de clases, me sentaba en la cocina a oírlo maravillado, mientras nuestra madre le horneaba su pastel predilecto: Viví en la isla Isabel, México, rodeado de pájaros bobos de patas azules, pelícanos, fragatas, gaviotas, aves del trópico; en los manglares, buscaba cangrejos ermitaños, lagartijas y caracoles; me perseguían las iguanas porque me creían su padre cósmico; al tumbarme en la playa, los pelícanos graznaban y se echaban a mi lado; en los acantilados del Faro, entraba en cavernas de múltiples formas y de impresionante belleza.

En la cuenca del Amazonas, recolectaba el ayahuasca: sus rugosas lianas, que cuelgan como serpientes enredadas, contienen sustancias sicoactivas; un brebaje preparado con esta planta, más otros alcaloides, me producía un profundo conocimiento; el chamán después de ingerirlo adquiría poder y sabiduría, y podía defender a su tribu de los elementos, los espíritus y el destino.


Él viajaba por Laponia en trineos tirados por renos; corría desnudo bajo la luna y se frotaba el cuerpo con la nieve para que su corazón fuera el más hermoso; había construido una casita en un bosquecillo de abedules y los renos de los alrededores lo visitaban todas las mañanas.

Fui pescador en el río Níger; viajé con tuaregs por el desierto, me enseñaron a descubrir oasis y a criar dromedarios; en un caserío ribereño, construía piraguas y ataba mensajes de amor en las patas de los cormoranes; todos vivíamos en perfecta armonía: los hombres, el río y las aves acuáticas; aprendí a interpretar antiguos mitos y pertenecí al consejo de los ancianos.

De pronto, una tarde, me tomó las manos y me dijo al oído, en secreto: ¿Sabes que yo conocí el lagarto más grande del mundo? Se llama el dragón de Komodo, habita en una isla de Australia, mide cuatro metros de largo y se alimenta de roedores, insectos, carroña, huevos, jabalíes y ciervos; su color es gris pardusco con manchas circulares rojas; sus patas, con dedos de largas uñas, son cortas y fuertes y tiene una cola tan larga como la cabeza y el cuerpo...

A veces, se ponía melancólico y callaba, miraba por la ventana y respiraba como las aves a punto de alzar el vuelo...

Me enamoré de una bella muchacha en Estambul, me gritó una noche de tormenta estival.

Al declinar aquel verano, unos hombres de blanco lo llevaron de vuelta al hospital siquiátrico.

Y en un bolsillo de mi chaqueta encontré un mensaje suyo: Cuando vayas a Estambul, ama a todas las mujeres que puedas en los burdeles junto al mar.

He ido a Estambul y en el puente de Yeni Cami esperé, cada amanecer, el regreso de las garzas...


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(Dedicado a mi compañera de letras "La peor de todas").

Thursday, October 11, 2007

 

un tiempo deslumbrante

Había en el ayer inciertas batallas
que destellaban en la maleza.

Había inexorables pasos en busca del mar,
de hundidos espacios cruzados por bellos artilugios,
de truenos,
del Edén que se soñaba eterno,
de matices y fantasmas.

Había un tiempo deslumbrante.

Y sólo los audaces regresaban,
cada noche,
a los torrentes,
a los bellos artilugios,
a los muslos en llamas,
a las inciertas batallas
que destellaban en la maleza...

Friday, August 24, 2007

 

fuego y ritmo

Caía una lluvia lánguida, casi garúa. Los aldeanos de Kaxicane abrazaron al poeta Antonio Agostinho Neto. Camino al hogar, desaparecieron por los senderos del bosque. Por la noche, en un claro de las arboledas, cantaron junto al fuego. Antonio Agostinho les recitó su poema "Fuego y ritmo":


Sones de grilletes en las carreteras
cantos de pájaros
bajo el verdor húmedo de los bosques
frescura en la dulce sinfonía
de los cocotales
fuego
fuego en el césped
fuego sobre las calientes planicies de Cayatte

Caminos largos
llenos de gente llenos de gente
llenos de gente
en éxodo de todas partes
caminos largos hacia los horizontes cerrados
más caminos
caminos abiertos por encima
de la imposibilidad de los brazos

Hogueras
danzan
tam-tam
ritmo

Ritmo en la luz
ritmo en el color
ritmo en el son
ritmo en el movimiento
ritmo en las grietas sangrantes de los pies
descalzos
ritmo en las uñas arrancadas

Más ritmo
ritmo

¡Oh voces dolorosas de África!



La noche, como un vastísimo manglar, dejó huellas temblorosas de tigres y sueños. Y todos se durmieron a orillas de la tregua cuotidiana...


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Antonio Agostinho Neto (1922-1979) nació en la aldea de Kaxicane, Angola. Hijo de maestros de escuela y pastores evangélicos. Perseguido y encarcelado por el gobierno colonial portugués. Primer presidente de la República Popular Angoleña en 1975.

Saturday, August 11, 2007

 

a orillas del Oudegracht

Siempre que voy al mercado de los tulipanes, un loco me observa desde una alta ventana. A veces está vestido de ángel, o de mohicano, o de verdugo medieval, o de urraca...

Cuando tú me escribiste que regresabas definitivamente desde la isla de Marken, corrí a la casa del loco...

Y te espero en el mismo café, a orillas del Oudegracht, vestido de urraca: me tiritan las manos, me tiritan los labios, me tirita el corazón.

Retornas precisamente cuando se inicia la migración de las ocas, la quebradiza voz de los enterrados presagia un largo invierno, los búhos regurgitan agobiados en hondas grietas, trabajadores del puerto beben un vaso de aguardiente antes de despedirse del mar, veleros bergantines hacen un último viaje por los canales de Markermeer y un tenaz hastío de brumas invade inexorablemente la ciudad...

Saturday, August 04, 2007

 

la rueda de la fortuna

Hoy vi dos delfines,
la sombra de un antiguo arcabucero,
rojizos espacios que anteceden a las tormentas,
clepsidras oxidadas,
libélulas llenas de rituales,
eunucos hechizados por la nostalgia,
un lejano planeta en perfecta armonía,
un árbol que volaba con soles, pájaros y arlequines...

Y vi a la misma muchacha que me hacía señas
desde la rueda de la fortuna
cuando cumplí 19 años...

Saturday, July 28, 2007

 

la creación de los conejos

La nieve cayó sobre unas piedras doradas y su vestido se rasgó en diminutos copos resplandecientes: ese fue el instante de la creación de los conejos.

Y los conejos, para defender su belleza, inventaron el miedo.

Tuesday, June 26, 2007

 

la única hora

Aquí estoy bajo la lluvia,
perplejo,
esperando la única hora
en que los ciervos,
el follaje de la noche
y los recuerdos
se llenan de luz...

Wednesday, May 30, 2007

 

los dioses ya no vendrán

Los dioses ya no vendrán,
porque enterraron sus espadas y prodigios
en las laderas del invierno.

Los dioses nos habían prometido
una luz distinta,
una primavera distinta,
un camino distinto,
si teníamos en la frente
la señal más pura.

También alféizares llenos de azucenas
y petirrojos,
esencias,
tigres,
acertijos,
instrumentos de labranza
para los verdes valles,
tinglados secretos
en algún lugar de China...

Pero los dioses se arrepintieron
cuando cavilaron sobre la especie humana
y nos encontraron arrogantes,
insensibles,
con orejas que no vuelan,
con las manos heridas por negros pájaros,
con una rara peste mecánica
que podía contagiarlos.

Los dioses ya no vendrán
(si no tenemos en la frente la señal más pura)
desde el otro lado de la calle,
desde los misterios soñados,
desde la relativa y dulce claridad
de los domingos...

Sunday, April 15, 2007

 

una extraña música salía de los zapatos

Cuando Kurt Vonnegut supo que iba a morir, pensó en los camaleones: sería murciélago azul, hoja en el aire, ola de mar, naranja bajo el sol de la primavera, payaso, maestro de diversos artilugios y anonimatos, barbazul, mendicante, inspector de carros y solsticios, escritor revolucionario, soñador a dentelladas, buscador de tesoros tardíos, reordenador de destinos aciagos... Todo eso en su último día.

Minuciosamente, dispuso una larga mesa en el jardín para los invitados a su funeral: vendrían Shakespeare, Milton, Platón, Píndaro, Hemingway, Walt Whitman, Julio César, Cervantes, Tucídides...

Vendrían depravados derviches que había conocido en su juventud, vendedores de fetiches y sahumerios, conductores de tranvías, carceleros, borrachos, mujeres barbudas, japonesas de lejanos prostíbulos, truhanes, hipócritas ciegos, alcahuetes...

Vendrían todos los vientos y los relámpagos, los horizontes sin límites, fosforescencias y desastres, sirenas e hipocampos, las brumas, las tristezas, el aire contaminado de las maestranzas, derrumbes y azares, las risas alumbradas por la luna, días de la juventud con fragmentos de oro, la magia y la nieve, los maizales y la esperanza...

Vendrían también enanos con trofeos de antiguas batallas, adolescentes con luciérnagas en sus pómulos, turcos enamorados y mutilados por las ausencias, bailarinas inalcanzables, cantantes de blues, faquires, surrealistas, apátridas, malabaristas chinos, reyes desnudos, conversos y castañueleros...

Kurt reflexionó en su muerte. Y comenzó a sentir que una extraña música salía de los zapatos...

¡Bah! -se dijo-. Total la muerte es sólo un acontecimiento más de la vida.

Y se puso a bailar...


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(A Kurt Vonnegut, escritor estadounidense, 1922-2007)

Friday, March 02, 2007

 

enanos de cabelleras verdes

Caía la noche. En el bar "La Unión Chica", bebíamos con el poeta Rolando Cárdenas. Él, de pronto, recitó su poema "La búsqueda":


A veces es bueno abandonarse al propio olvido
como si el saber sonreír
fuera más fácil que morder una fruta.
Ir por las calles perfectamente solo,
sin más compañía que nuestra cotidiana tristeza
y nuestros pasos,
amando una vez más la sencillez del aire
de la manera como se recuerda la infancia,
o ese otro tiempo pulverizado
cuando se buscaban las primeras estrellas en las charcas.


Es bueno sentarse entre amigos y vasos
a observar cómo todos abandonan algo suyo
en la música que los impulsa y transforma en seres sin huesos,
mientras la noche trepa por los muros
buscando también dónde esconder su espera,
y después salir hacia el alba
con un poco más para alimentar futuras soledades.


Es bueno comprender que estamos hechos de recuerdos,
un poco de tiempo que crece sin escucharnos
y de muchas cosas que no comprendemos.


A veces es bueno detenerse a contemplar la hoja que cae
cuando la palabra primavera
no es lo que nosotros quisiéramos que sea.




Cuando dejamos el bar, unos enanos de cabelleras verdes nos acompañaron calle abajo. Al despuntar el alba, los enanos se esfumaron con la hermosa complicidad de la noche.


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(En homenaje en el mes de natalicio del poeta Rolando Cárdenas (1933-1990)

Thursday, February 22, 2007

 

los seres perdidos y añorados

Cuando Ema, Therese y Fortunata me enviaron mensajes de lectura, yo contemplaba un clavel que se estremecía con el viento del océano. Desde hace mucho tiempo que contemplo cómo los claveles se estremecen con el viento.

Es casi un oficio desde que mis padres viajaron a Marte.

Los veía siempre contemplando los claveles en el jardín. A veces, sonreían cuando el viento era casi un torbellino. Y, consternados, escudriñaban los pétalos cuando quedaban inmóviles.

¿Es el fulgor de la muerte el estremecimiento del clavel? ¿O el fulgor de una vida secreta por ser la flor del amor?

¿Y por qué el viaje a Marte?

El médico me susurra cada atardecer: Ellos viajaron a Marte a buscar a los seres perdidos y añorados...


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(Los padres de Mentecato se convirtieron en los protagonistas del cuento "El marciano", de Ray Bradbury.)

Tuesday, January 30, 2007

 

obstinados viajeros

Era 1939 cuando Clark Gable y Carole Lombard pasaron, en Oatman, su luna de miel en una habitación llena de cigarras.

Y polvorientos vaqueros reían en el bar.

En los años 50, el tiempo nacía (o moría) en el sucio asfalto de una larga carretera quizá hacia la nada. Queríamos viajar con la barba crecida, mascando tabaco, los zapatos carcomidos por la sal de las aventuras y con los ojos atravesados de sueños y luces de neón.

Queríamos conocer gente: vagabundos, guardavías, meseras, actores desempleados, cantantes alcohólicos, montañeses, boxeadores desdentados, bailarinas lascivas, palafreneros, magos enamorados, pescadores, tipógrafos errantes, siameses, rameras, indios nostálgicos...

Principalmente gente loca.

La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas, decía Jack.

El final (no nos importaba en absoluto) era talvez el fondo de uno mismo. O las distantes montañas, o los cultivos de calabazas, o los andenes bajo la lluvia, o los salones de baile, o los muelles a China, o los billares, o los rodeos, o la playa de los pelícanos, o el destartalado café donde una irlandesa lloraba, en trance, su mortecina juventud.

El viaje era el espejismo amado.

Y los trenes irradiaban la belleza de los vastos paisajes.

La búsqueda sólo tenía sentido junto a la gasolinera-cruce de todos los caminos.

A Oatman, el antiguo pueblo minero, llegaban obstinados viajeros que se convertirían en mitos y poemas de viejos escritores.

Todavía suele verse, en días luminosos, a Jack esperando un camión para continuar su ruta por el entrañable asfalto.

Y las cigarras cantan.


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(A Jack Kerouac, poeta estadounidense)

Monday, January 15, 2007

 

que vengas cantando

Que vengas cantando
desde las ciudades hundidas en la nieve.

Y no tengas memoria sino la memoria mía,
que es el alba del trigal en el sur del mundo.

En los ojos del venado se pierda el ayer
y su granizo.

Que vengas cantando
a recuperar el sonido olvidado
de tu corazón.

Quizá la ola y el hermoso gesto del viajero.

Del mar su hondura.

De la hondura tu estrella.


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(A Indianguman, en su regreso)

Friday, November 17, 2006

 

la energía de la luz

En el inicio de todo lo vivo, seres infinitamente pequeños urdían, en la trama de las afinidades verdes, energías, material hereditario, se reconstituían núcleos en las orillas de lo visible, purpúreas oxidaciones elaboraban imágenes y sonidos, se trazaban nuevas construcciones de clorofila, la cubierta vegetal regeneraba el oxígeno del aire, se sustituían sombras por llamaradas a flor del humus, las semillas se alzaban hacia todos los cielos y, en una arquitectura alada, conformaban los bosques y sus frondosidades y nervaduras llenas de pájaros...

Por un recodo de la colina, aparecieron los conjurados con el cadáver de la condesa que habían acuchillado: la aristócrata, por años, raptaba a las doncellas de los pueblos aledaños a su castillo, las violaba y, en un rito demoníaco, las asesinaba para beber su sangre, porque creía que la sangre adolescente le permitiría vivir una sempiterna juventud...

En una grieta del bosque, la lanzaron en una mortaja de la que fluían líquidos sanguinolentos.

Uno de los conjurados, al llegar a su casa, besó y acarició a la hija que acababa de nacer...

Años más tarde, una adolescente pasó por el mismo lugar en donde yacían los restos de la condesa, oxidados por parásitos recicladores de lo inerte. Un coleóptero bañado de arco iris se cruzó en su camino hacia los fresnos cenicientos. La joven lo mantuvo en su mano, como presagio de buena fortuna, y pensó en el muchacho con el cual se reuniría: tendrían sueños de alcoba, hijos que vendrían con las características de ambos... La vida sí que sería hermosa...

Mientras, la naturaleza en el imperio de lo sorprendente y mágico continuaría con la reproducción de la trama de lo infinitesimal, se filtrarían los rayos del sol con su energía universal por las arboledas, los musgos taparían grietas y ramificaciones orgánicas, las raicillas bajo tierra buscarían los hilillos del agua, las noctilucas acumularían estigmas estrellados en su citoplasma, los dinaflagelados emitirían destellos luminosos, las dinofíceas con sus largos cuernos transparentes proseguirían la cadena evolutiva, el polen viajaría, enigmático y heroico, por el aire, en las alas de los insectos, en los pájaros, una y otra vez, interminablemente...

Thursday, October 26, 2006

 

el atildado bailarín del Misisipi

En la cama sonaban los grillos. Y el atildado bailarín jadeaba y empapaba su blusa de seda. Mientras subía y bajaba en la montaña rusa del sexo, recordó el día en que, por primera vez, se había vestido de condesa: cabello plateado, zapatillas de raso y un antifaz verde...

Así describiría a un personaje ambiguo en su novela. Y si aparecía una escena de mal comer, también pondría de personaje al Hombre de las Bolas de Nieve que había conocido durante su infancia en Nueva Orleans: se sentía, a lo lejos, el tintinear de la deliciosa campanilla. Y por unas pocas monedas podía uno conseguir un cucurucho de hielo escamoso impregnado por una docena de jarabes: cereza y chocolate, uva y moras, todos mezclados como un arco iris.

Mascó un cigarro y recorrió con la vista el cuerpo mustio de la solterona millonaria con la cual se había acostado: su rostro cadavérico bajo una pasta de menjunjes, sus senos eran dos palomas reventadas y sus piernas huesudas parecían dos ramas blancas, raquíticas, nudosas, de los árboles junto a los cenagales. Se imaginó que, por esas piernas o ramas, iban y venían los extraños coleópteros de los lodazales.

Se vistió y permaneció acodado en las barandas del barco que bajaba por el Misisipi. En la parada del Jíbaro se reencontraría con su amante indio, de la etnia choctaw, al que había conocido en el restorán Rock Inn. Durante el mes anterior, habían retozado, felices y maravillados, en las viñas de los choctaw...

Pensaba que, con el dinero que le había deslizado en sus bolsillos la solterona millonaria, daría un pie para la publicación de su novela. Pero se cambiaría el nombre, porque Streckfus no era relampagueante, eufónico y lo encontraba con ribetes de idioma etrusco.

Volvió a su cuarto y la solterona millonaria aún dormía. Sintió arcadas y al llegar al baño vomitó: el alcohol y las drogas, tarde o temprano, le pasarían la cuenta. Después de lavarse, se acostó al lado de la mujer y se durmió.

En su novela había escrito: Ha llegado el martes de Carnaval y vamos a un baile. Todos han elegido un disfraz menos yo. Ed es un monje franciscano (que mordisquea un cigarro), Pepe un bandido y Dolores una bailarina. Pero a mí no se me ocurre qué ponerme y esto llega a ser un dilema de importancia desproporcionada. La noche del baile, Dolores aparece con una enorme caja rosada; transformado, yo soy una condesa y mi rey es Luis XIV. Tengo cabello plateado, zapatillas de raso y antifaz verde; estoy envuelto en sedas de color verde y rosa. Al principio, ante el espejo, esto me horroriza; luego me alegra hasta el arrebato porque estoy sumamente hermoso. Más tarde, cuando el vals comienza, Pepe, que no me reconoce, me pide una pieza. Y yo ¡astuta Cenicienta!, sonrío bajo el antifaz, pensando: "¡Ah, si fuera yo realmente! Sapo convertido en príncipe, hojalata convertida en oro... ¡Vuela, serpiente emplumada, la hoja envejece!"

Una maniobra brusca del barco lo despertó y, al mirar a la solterona millonaria, vio que ésta era, ahora, una gran iguana húmeda y de su boca salía un vómito verde, donde flotaban los extraños coleópteros de los lodazales.

Y de un tirón, Streckfus se sacó la sucia peluca plateada de condesa...


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(En 1948, el joven escritor Truman Capote, de 23 años, publicó la novela "Otras voces, otros ámbitos", que lo lanzó a la fama).

Sunday, October 22, 2006

 

campo de olivos

España, 17 de julio de 1936.

El general Francisco Franco vuela desde las Canarias a Tetuán y lanza el primer manifiesto de la sublevación militar.

¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama en su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa y traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población, arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.

(...)

La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo.

(...)

Justicia, igualdad ante las leyes ofrecemos.

Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.

Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.

(...)

Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!


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El Gobierno de la República decide armar a los obreros avalados por la Casa del Pueblo.

...En el paseo de la Castellana se verificó a las cuatro y media de la tarde la concentración de jóvenes movilizados para nutrir las milicias que desde la noche anterior prestaban servicio. Se reunieron varios centenares de hombres de todas las edades, que acudieron al Ministerio de Guerra para que se les proveyera de armas. La entrega del armamento se hacía previa comprobación de la personalidad del demandante, acreditada por volantes expedidos por la Casa del Pueblo.

El Sol. Madrid, martes 21 de julio de 1936, página 4.

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Los beligerantes se atacan ferozmente. Y España se tiñe de sangre.

Desde todas las partes del mundo acuden combatientes a defender la República, mientras Hitler y Mussolini envían pertrechos y tropas a los sublevados.

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J. Herranz termina de peinarse y se acomoda los lentes.

-Debo irme, madre -le dice el joven a la mujer-. Es la hora.

-Sí, hijo -exclama ella, arreglándole el cuello de la camisa-. Cuídate.

Y ambos se abrazan...



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(J. Herranz fue uno de los miles de adolescentes que participaron en la guerra civil española. Lo abatieron en un soleado campo de olivos, cerca del río Jarama, 40 kilómetros al noroeste de Madrid. Tenía sólo 16 años).

Friday, October 20, 2006

 

domani é troppo tardi

Pier Angeli tenía un frasco de barbitúricos en su mesita de noche. Cerró los ojos: caminaba por Cagliari, su Cerdeña natal, bajo la lluvia. Divisó el tranvía en dirección a la playa de Il Poetto. A través de los vidrios del vehículo contempló su amada ciudad...

Recordaba cuando, de niña, había ido con su familia hasta el anfiteatro romano y ella, en el centro del proscenio, declamó como una trágica actriz griega (en la playa se dirigió al mar hasta que sus pies se inundaron de la belleza cristalina de las aguas). Y con su hermana gemela María se habían prometido ser actrices. Un día en casa de los abuelos habían representado el drama de amor Acis y Galatea (ella era la hermosa ninfa Galatea, su hermana el bello pastor Acis y su abuelo había hecho de Polifemo, el cíclope también enamorado de Galatea). En otra ocasión, su padre, disfrazado de duende, salía de la gruta de las brujas, mientras su madre movía nubes de cartón y derramaba una lluvia de pétalos de rosas sobre su hermana, la reina de Cartago.

Recordaba su primer beso, a los nueve años, con Aldo, el hijo del cartero, las excursiones juveniles a los desfiladeros de montañosos bosques, el bullicio del puerto, los alegres marineros, sus cantos y faenas navieras a orillas del Mediterráneo, las ruinas romanas y medievales, los flamencos pintando de rosa el paisaje, el atún con spaghetti caliente en la casa de la abuela. Creía ver la llegada de los griegos y fenicios, las invasiones pisanas, catalanas y españolas a toda Cerdeña. Sentía, con vértigo de corazón, que sus primas, Rossana y Martina, la llamaban para pasear por la calle Roma y después ir a ver a los muchachos en la Plaza Jenne. Los piccioccus de crobi (los niños de la calle) se chanceaban en las afueras del templo del dios vientre.

Recordaba las puestas de sol de insólita belleza, con sus juegos de reflejos dorados y claroscuros, los paseos por las conmovedoras ruinas de la fortaleza de S. Ignazio, la procesión del mes de mayo en homenaje a S. Efisio...

Recordaba el rodaje de su película Domani é troppo tardi ("Mañana es demasiado tarde"), con Vittorio de Sica, a quien había amado por su cordialidad y dotes de gran actor.

Recordaba su viaje a Hollywood.

Recordaba que, cuando actuó en Tres amores, se había encandilado con Kirk Douglas. Y, más tarde, cuando su madre supo que se amaba con James Dean quiso que rompiera su romance, porque el actor, tan enigmático, rebelde y sin creencias católicas, la haría desdichada (la madre, al final, la convenció para que se casara, en 1954, con Vic Damone, cantante de ascendencia italiana y católico).

Recordaba que a la salida de la iglesia, después de la ceremonia nupcial, su amado Jimmy estaba montado en su moto llorando y con el motor acelerado.

Recordaba lo que su amado Jimmy le contaba de su infancia sin madre, la vida en la granja de sus tíos en Fairmount, sus juegos de baloncesto, sus primeras incursiones en el teatro, sobre todo en See the Jaguar, en la que había interpretado a un adolescente encerrado en una jaula la mayor parte de su vida.

Recordaba la noticia de la muerte de su amado Jimmy en 1955: iba en su Porsche Spyder por la carretera y, en un cruce, un Ford, conducido a gran velocidad por un estudiante, lo chocó y el Porsche se incrustó en el otro vehículo (el joven y bello protagonista de "Rebelde sin causa" perdió la vida instantáneamente).

Pier Angeli abrió los ojos y escribió en una hoja: Jimmy fue el único y verdadero amor de mi vida.

Y contempló, llorando, el frasco de barbitúricos...


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(Pier Angeli, actriz italiana de 39 años, se suicidó el 10 de septiembre de 1971. El parte médico consignó "por sobredosis de barbitúricos". Separada de su segundo matrimonio, vivía sola en su casa de California).

Monday, October 16, 2006

 

carnaval de venecia

La seda de las sábanas reflejaba la luz de su cuerpo desnudo. Había destellos de piernas, caderas, pezones irisados. Y en el pubis yacía un diáfano manantial de seda arrugada.

Leonora recordó, para el primer día de carnaval, la frase latina Semel in anno licet insanire ("Hace bien enloquecer una vez al año"). Puso oídos a una distante música de Vivaldi. Y cantó envuelta en el sol que se derramaba como miel ardida sobre la cama.

Desde la silla, caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) que llevaría en el día del volo de la colombina (pájaro mecánico volando desde la torre de San Marcos en la iniciación del carnaval).

La muchacha se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.

En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras no había nada...

Leonora se despertó angustiada por la pesadilla que había tenido. Se levantó y, luego de la ducha, se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.

En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras ambos tenían el rostro con horribles quemaduras...

Paul contempló a Susan, su nueva compañera de la noche en la recepción del Regina Hotel de Trenton, Nueva Jersey. Se veía aún más hermosa en duermevela: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros de su uniforme de recepcionista. El muchacho le apretó un brazo y le dijo: "Susan, ya hemos terminado el turno".

-Sí, sí -musitó ella-. Y sus ojos celestes brillaron intensamente.

Contó el mal sueño que había tenido. Y su compañero sonrió.

Después de ponerse el abrigo, caminó hasta la esquina a esperar el bus 52. Una vez en su departamento, encendió la lámpara y vio, estupefacta, que desde el sofá del living caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) del sueño.

Y corrió, palpándose el rostro, a mirarse en un espejo, porque creyó tenerlo con horribles quemaduras...

Sunday, September 24, 2006

 

ectabana

La luz del alba en Ectabana, ciudad de la antigua Persia, cayó con claridad de seda sobre la bella desnudez de los jóvenes amantes. Las manos conservaban ardores, afiladas caricias, humedades níveas, sales y gemidos de oscuras tormentas...

Las armas yacían aún ensangrentadas a los pies del lecho. La ira del dios de las batallas todavía provocaba torbellinos y lameduras de la muerte en el aire y ululaban, metálicos y atroces, los graznidos de los cuervos.

Alejandro contempló a su amante, y recordó el día que lo conoció en casa de Aristóteles. Inmediatamente se hechizó con el muchacho rubio y desde entonces fueron una pareja inseparable. Y ahora en Ectabana celebrarían las fiestas veraniegas...

Un bocinazo lo retrotrajo a la conciencia. El oficial de policía John Hofman hacía dos noches que no dormía y ahora manejaba a un accidente carretero. Al llegar al sitio del suceso, vio, entre los fierros retorcidos, un muchacho rubio idéntico al que había contemplado en la semiinconsciencia de un rato atrás.

Dispuso cumplir con el procedimiento y regresó a casa. Su esposa y los niños dormían. Preparó un martini seco y leyó en el Salem news, sección internacional, el asesinato de una monja enana en un monasterio del sur de Italia. Habían encontrado su cadáver desnudo sólo con medias de nailon de un raro color azul. Se especulaba que los autores eran rufianes de la zona a los que la monja enana pagaba por servicios sexuales...

El último sorbo del vaso ahondó el llameante sendero garganta abajo. Y se durmió.

La batalla anterior le había dejado una pequeña herida en el pie y Alejandro se hizo llevar hasta la fuente próxima para lavarse y cubrirla con ungüentos.

En la tarde, le avisaron que Hefestión, su amante, ardía en fiebre. El doctor que lo atendía le aseguró que el estado del paciente era gravísimo...

Se dice que Alejandro Magno yació sobre el cuerpo de Hefestión un día y una noche hasta que finalmente hubo de ser separado del mismo por sus amigos. Durante tres días más, permaneció mudo, llorando, sin probar bocado. Y cuando por fin se levantó fue para raparse el pelo y ordenar que se retirasen todos los adornos de la ciudad. Prohibió cualquier música y ordenó que todo el imperio realizara funerales. Después despachó mensajeros al oráculo de Amón en el oasis de Siwa, en Egipto, para pedir que se le concediesen honores divinos a su amante muerto. El cuerpo de Hefestión fue embalsamado y transportado a Babilonia para proceder a su quemado en una pira funeraria. Poco podía imaginarse Alejandro Magno que la misma Babilonia sería su última etapa. Se vio obligado a permanecer allí durante los tórridos meses del verano, con sus plagas de mosquitos, enfermó y murió rápidamente. Sólo contaba con 33 años de edad.

El dios del tiempo tiró los huesos a la suerte y sonrió con crueldad...

Saturday, September 02, 2006

 

ett land du aldrig sett

Su voz venía desde más allá de la luz del bosque. Los que la imaginaban la describían como una muchacha de larga cabellera rubia, de piel como el alba, ojos celestes y de una sonrisa triste...

La única ruta accesible a ella era, quizá, a través de la verde espesura salpicada de añoranzas y libélulas donde habitaban dioses infinitesimales.

O soñar la nieve en un verano luminoso.

Otros aseguraban que sólo era posible si uno bajaba al infierno de todos los límites (el lugar de la plenitud del ser, decían) y allí inventaba palabras místicas, laberínticas. Palabras para semillarlas en el humus, en los fiordos, en las tráqueas de los recién nacidos, en los teoremas de las certidumbres...

Me paseé describiendo órbitas de insospechadas lejanías y quimeras. Y cavilaba atónito: el infierno era cómo inventar una palabra mística, laberíntica, que fuera la llave precisa para llegar a ella.

Machaqué pétalos de amapolas para mi imaginación (en la nieve boreal, un anciano chino, con el don de la ubicuidad, desenterraba cisnes y el secreto sol de la medianoche).

(Me había enamorado de la muchacha imaginada.)

Cuando casi me sobrevino el naufragio, y el aire era de mortajas, creí que, más que inventar la palabra-llave, debería simplemente sentir. Sentirla con avidez (como se siente la belleza del agua), atravesado por todos los azares, sin temer a los abismos y los senderos de oscuros musgos y cenizas a ningún lugar...

Recordé a la poeta argentina Alejandra Pizarnik en su texto "Una equilibrista enana se echa al hombro una bolsa de huesos y avanza por el alambre con los ojos cerrados".

Entonces, intrépido, cerré mis ojos parado frente al abismo y, súbitamente, una mano me tomó con delicadeza. La voz de la muchacha de la larga cabellera rubia me susurró: "Ett land du aldrig sett" ("Te llevaré a un país nunca visto").



....................


(Para Amapola)

Thursday, August 24, 2006

 

la nueva Italia

El joven partisano contempló a la pareja que ingresó en la casa...

En abril de 1945, Italia se hallaba cubierta de cicatrices. Por doquier veíanse ruinas en las ciudades, en las aldeas y en el campo. Montones de cascote, edificios que se mantenían en pie precariamente, obras de arte dañadas o destruidas irreparablemente, iglesias desventradas, que ya no podían acoger ni proteger a los fieles. A la devastación producida por los combates y los bombardeos se añadió el vandalismo sistemático de los alemanes en retirada, los cuales se vengaban de los italianos por su "rendición sin condiciones" a los aliados, ensañándose en el país, volando puentes y obras portuarias, cortando alcantarillas y conducciones de agua, con la consiguiente difusión de infecciones, destruyendo centrales de energía eléctrica para dejar a oscuras las ciudades y paralizar la industria, hundiendo buques de guerra en las bocanas de los puertos para impedir el acceso a los mismos, levantando las vías férreas y destruyendo las carreteras y otros medios de comunicación.

Mucho peores eran las cicatrices morales. El pueblo italiano estaba cansado de una guerra que nunca había querido y para la que no se hallaba preparado. Estaba disgustado consigo mismo y con los demás, y, si bien confiaba en reconquistar sus valores espirituales, se daba perfectamente cuenta de la corrupción en que estaba sumido. Las desastrosas condiciones que imperaron en los dos últimos años, que fueron de guerra total, dieron lugar a actos increíbles de generosidad, abnegación y solidaridad humana, pero también proliferaron la insensibilidad y las peores formas de egoísmo. Los sentimientos de protección que alentaron en el pecho de muchas madres en busca de comida y abrigo para sus hijos, la codicia de algunos, la indiferencia de muchos y la condescendencia de los ejércitos invasores incentivaron la prostitución y un mercado negro en el que con dinero podía obtenerse casi todo en aquella Italia en la que nada había...


Al día siguiente, pusieron a la pareja contra un muro y se dio la orden de disparar. Ambos cayeron acribillados, dejando horrorosas huellas de sangre.

El joven partisano entregó su arma, se despidió de los demás compañeros e inició el regreso a la aldea natal donde, después de dos años de ausencia, aún lo aguardaba su novia Giuseppina.

Entretanto, en el Piazzale Loreto de Milán, los partisanos colgaron a la pareja fusilada desde una viga de acero.

El hombre llevaba las botas y los pantalones negros de montar del uniforme fascista y su robusto pecho estaba cubierto únicamente por una camisa de militar. Tenía el cuello corto y grueso y su cabeza era calva; su gran mandíbula cuadrada pendía fláccidamente y tenía la boca abierta; la cara estaba desfigurada por heridas de bala y señales de puntapiés.

La joven llevaba el cabello rizado muy corto y su aspecto era atildado incluso en la muerte. Calzaba zapatos azules de tacón alto y lucía una blusa de encaje bajo un elegante vestidito gris. Le habían sujetado la falda con una cuerda pasada entre las piernas. En vida habían sido amantes: Benito Mussolini, dictador de Italia durante más de veintidós años, y Claretta Petacci, que había compartido su suerte por propia voluntad en las horas amargas del juicio...


En 1949, Giuseppina y el joven partisano inauguraron, en N. Bilbao, Chile, un pequeño local de pastas La nueva Italia. En la misma cuadra estaban el almacenero Forno, el cecinero Giacchino, la profesora de piano Figari, el albañil Milepri, el hotelero Negri, el pintor Fermi, el doctor Chiorrini, la señora Motta, el profesor Anfossi, el zapatero Lorenzini, el reparador de bicicletas Maltoni, el talabartero Serrati...

Había también una tienda de sombreros y de calzados, la Casa Morelli, en cuyo frontis se alzaba un desmesurado sombrero de copa sin el fondo. Allí, bajo él, nos apretujábamos, maravillados, los hijos de la cuadra. Indistintamente, el fondo del desmesurado sombrero eran las nubes, los pájaros que volaban hacia el sur, el resplandeciente cielo del mediodía, la lluvia, los relámpagos, el pizpireto baile de las horas, las cometas de la primavera, la hojarasca quemada del otoño, el rojo del crepúsculo y, por las noches, las hadas de los sueños, los aerolitos, la Luna y las estrellas.

Y eso era magia.

Tras el mostrador de la sombrerería, la señora Morelli siempre cantaba.

Ya adulto, poco antes de la demolición de la tienda y de las casas aledañas, me puse bajo el desmesurado sombrero. A mi lado, sentí que se apretujaban Silvana, Aldo, Antonella, Luigi, Bruno, Dándalo, Regina, Gloria, Caterina, Antonino, Carlo, Vittorio, Claudia. Y contemplamos en el fondo del desmesurado sombrero, por última vez, nuestra hermosa y distante infancia.

En mi corazón, la señora Morelli cantaba, melancólicamente, la canción de los italianos que, con apenas una pequeña valija, emigraron a lejanos países de ultramar...



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(Dedicado a Giuseppina y Pietro, el joven partisano, y a los otros italianos de la calle Vial que tanto amaron a su añorada patria. Y en un aparte especial, al viejo camarada Salvattori Coppola.)

Monday, August 14, 2006

 

el origen de los resplandores

Algún día, olvidaremos todo:
nuestro nombre,
los secretos,
los libros y los acuarios,
las horas vividas y sus maravillas,
los paraguas que volaban como golondrinas,
la mañana que cruzamos la lluvia para buscar
el origen de los resplandores.

Olvidaremos las puertas que abrimos
y las puertas que cerramos.

Olvidaremos la nieve de Praga
y la muchacha que de alelí tenía el alma.

Olvidaremos las hazañas de la torpe adolescencia,
el vértigo,
los grandes fracasos,
las arenas,
las mutilaciones y equilibrios,
el horror a la bruma y a los espectros de tu ausencia,
los cetáceos exiliados del Paraíso,
el azogue,
el gozne oxidado del viento austral,
los vinos y las trémulas delicias
en el perfume de tus caderas.

Olvidaremos los viejos trenes,
las ciudades sin árboles y con olor a tabaco,
las relucientes navajas de la tristeza,
los puentes hacia la casa de los nomos y
de taciturnas francesas,
los poemas de los pigmeos africanos,
el idioma de los manantiales y colibríes,
las destrozadas estatuas de nuestra infancia.

Olvidaremos los trazados de la tierra prometida
y los rostros amados
(ya no sabremos descubrir en cartas marinas
ni en astrolabios tu cintura añorada).

Así ha de ser como un implacable y solemne
mandato de la sangre.

Los niños de otros tiempos, que sucederán
interminablemente, también cruzarán la lluvia
para buscar el origen de los resplandores.

Y alguien, desde el camino, en un ademán sentencioso,
nos dirá que "el final es tan hermoso y tan azul
como el comienzo".


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(Dedicado a Freyja)

Saturday, July 29, 2006

 

la negrita marroquí

La primera vez que me acosté con la negrita marroquí, le pregunté si había tenido alas...

En un cuento japonés, Yoko y Suguío, dos primos adolescentes que se habían enamorado, sospechaban, mutuamente, que tenían alas: Sintieron entonces una fuerza diferente, fresca y viva, mezclada a la de la fuerza que producían los pasajeros, empujándose unos a otros en el tren lleno. Y sospecharon que se trataba de alas. Alas que se percibían ocultas y dobladas, y contuvieron la respiración, ya que hubo ahora en sus espaldas, que de cuando en cuando se tocaban, una profunda vergüenza demasiado sensible. Si aquella cosa oculta eran alas, tal vergüenza devenía razonable: en nuestros días, el poseer cosas sagradas como las alas es una razón más que suficiente para avergonzarnos. Y se produjo una sonrisa cosquilleante, pues tuvieron la sensación de que sus alas les cosquilleaban...

La negrita marroquí me susurró, entre irónica y triste, que había perdido sus alas cuando quedó atrapada en una red de prostitución: había viajado a España, con un amigo, a buscar trabajo. Y ocuparon el departamento, en Madrid, de unos supuestos conocidos de su acompañante.

"Al día siguiente de llegar, mi amigo desapareció del lugar y me encontré que allí vivía un hombre de etnia gitana, rumano, que me dijo que yo le debía dinero. '¿Dinero, de qué?', le grité. Me dijo que tenía que ir a un club y trabajar de puta para devolverle la deuda. Entonces me di cuenta de que mi amigo me había vendido", relató.

Consternados, decidimos, por los caminos que conducen a los sueños, recuperar sus alas. En los ratos libres que me dejaba mi labor de mesero y cuando ella también podía, escudriñábamos por las calles matritenses, por los parques y arboledas. Una vez, a orillas del sendero empedrado hacia unas luminosas fuentes, hallamos, semienterrado, el cadáver de un simio disecado. En otras ocasiones, catalejos rotos, calendarios antiguos, pañuelos con puntillas de oro y manchados de besos furtivos, imitaciones de dagas moriscas, eclipses, ópalos, lumbres de otros días...

En la tarde del 20 de julio, atendía, en el restorán, a un anciano matrimonio inglés. Fue cuando tuve una súbita revelación: amaba a la negrita marroquí. El tosido del inglés me retrotrajo a la realidad, porque los platos con bacalao a la vizcaína habían quedado suspendidos en el aire.

Me casaría con ella y le pediría que viajáramos al Perú. Allí terminaría, al fin, mis estudios de abogacía...

En un próximo anochecer de campanas y fandango, encontré a la negrita marroquí en Academia con Moreto. La invité al Café de Chinitas y allí le confesé mi amor y los deseos de irnos juntos a mi país. Nos abrazamos como nostálgicos viajeros en un páramo azul y, ahora, con la complicidad llena de estrellas de los que buscan su destino. Llevé una fotografía suya a un falsificador de pasaportes y adquirí dos pasajes aéreos sin retorno.

La noche antes de la partida, palpé en su espalda de ébano dos muñoncitos de alas...


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(Dedicado a Fortunata)

Thursday, June 22, 2006

 

el misterio de un suicidio

Cuando en 1992 leí el cuento "El final", de Fredric Brown, pensé que había espías invisibles que ingresaban a mi estudio. Al ver una cucaracha, sigilosa y cabizbaja, por la mesa donde escribía mis ecuaciones claves para hacer retroceder el tiempo, sospeché sin más.

En el cuento de Brown, el profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años. Y un buen día le dijo a su hija: "He encontrado la ecuación clave. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular e, incluso, invertir dicho campo".

Fui a mi máquina con la cual aún no había experimentado y apreté el año 1954. Quería llegar a Ciudad de México y enamorar a la bellísima actriz de ascendencia checa Miroslava Sternova.

Entré al estudio cinematográfico donde se filmaba "Escuela de vagabundos", con Pedro Infante. Y allí estaba ella...

A las dos semanas, ambos vivíamos un tórrido romance, pero decidimos mantenerlo en riguroso secreto. Se rumoreaba que la Sternova era la amante del torero Luis Miguel Dominguín.

Fueron meses de un amor apasionado, vertiginoso y triste, porque yo le había contado que había venido del futuro y, quizá, algún día debería regresar.

Y lo que temía sucedió una noche: al contemplarme en el espejo, noté que mi rostro se agrietaba como el de un viejo muñeco de porcelana. Me senté a los pies de la cama y me puse a llorar. Ella despertó y me abrazó.

En el transcurso del día siguiente, mis piernas se habían vuelto invisibles. Eso significaba que, como aún no nacía, no tenía una existencia real.

Cuando ya sólo mi rostro era visible, nos miramos con lágrimas en los ojos y nos besamos: era el 9 de marzo de 1955.

Al día siguiente, Miroslava se suicidó.

Asistí a su funeral vestido de torero y me desvanecí en el aire...





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(Dedicado a Loida Medina, México)

Monday, June 05, 2006

 

un día perfecto

En sólo ocho segundos, la droga la llevaría a su paraíso artificial. Pero ahora la dosis era la definitiva: cruzaría, por enigmáticas puertas, hacia otros ámbitos...

Lejos quedaría la fiesta universitaria iniciática en las inhalaciones.

Lejos los hombres que le lanzaban billetes al rostro por sexo desenfrenado.

Lejos los policías corruptos que la violaban.

Lejos las pervertidas que la invitaban a lujosas mansiones.

Su vida, esta vez, se rompería como un vidrio sucio en una casa sucia y triste.

Y volvería al mar.

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Su padre puso el filme del viaje a la playa en 1975: la pequeña niña vestía bañador celeste y sombrerito de paja. Cuando el agua marina besaba sus pies, ella saltaba y reía. Frente a la cámara, lanzaba besos con su mano. Corría por la arena y regresaba a saltar sobre las diminutas olas.

Era el mar, y la vida, en un día perfecto...

Saturday, June 03, 2006

 

el hermoso duende del bosque

Desde los últimos bosques de niebla voló el quetzal y cayó moribundo en la hierba. Un indio lo alzó y lo dejó en la comarca mística de los chamanes, quienes se llevarían los bosques, la niebla y los quetzales más allá de las montañas, más allá de las estrellas, donde los taladores no podrían llegar...

Y en el ritual del viaje se abrió una realidad llena de belleza y armonía, donde los chamanes invocaron sabiduría, esperanza y fe. Deberían sanar la mente destructiva de los hombres, sanar la Tierra para traer, algún día, de regreso los bosques, la niebla y los quetzales.

Recrearon la cosmovisión de Quetzaltenango o "reino de las diez sabidurías". Invocaron al espíritu del gran jefe indígena Tukum Umam, quien al morir su alma, que era el quetzal, voló sobre la tierra y sobre la memoria de los pueblos. Y ellos llamaron al quetzal "hermoso duende del bosque" y lo tuvieron por el guardián sagrado de la vida.

Todo vibraba resplandeciente en sus estructuras. Las plantas de poder humeaban en los cántaros. Las mentes iniciaban el vuelo mágico y se abrían hacia la totalidad de los mundos del espíritu, lo humano y la naturaleza.

Había una conciencia dialógica. Las plantas de poder derramaban por los laberintos del macrocosmos los aspectos mentales constructivos y de solidaridad entre los seres del planeta. Se transmitían signos extraños, ígneos, para iluminar las conductas de lo cotidiano.

Había visión de mundos paralelos donde todo el Universo tejía su urdimbre con la energía del amor.

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Lentamente, los bosques, la niebla y los quetzales empezaron a volar más allá de las montañas, más allá de las estrellas...

Thursday, May 25, 2006

 

el último verano

En 1942, los nazis ya se encontraban en la URSS y avanzaban a Stalingrado. En Wannesee, próximo a Berlín, se habían reunido los jerarcas alemanes para tratar "la solución final al problema judío". Mientras tanto, deportaban desde Holanda a los judíos hacia los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau...

Y nosotros, en América, concluíamos los estudios del liceo. Después al mundo del trabajo o a la universidad. Resolvimos pasar juntos el último verano -el de 1943-. Por las mañanas, nos íbamos a la playa a través de los bosques. Por las tardes, al río y al cine. Al anochecer, cuando llegaban los diarios con las noticias de la guerra, nos arremolinábamos para inquirir sucesos. Había incertidumbre. Quizá el mañana lo hallaríamos calcinado.

Casi al finalizar febrero fuimos, una vez más, a bañarnos a la isla. Leonor vino a sentarse conmigo en el tronco de un gran eucalipto derribado. Y desde allí contemplamos a los demás muchachos cómo reían y se zambullían en el río...

Carmen S., lingüista en Estados Unidos. Nunca más regresaría al pueblo.
Omar O., arqueólogo en Bélgica. Regresaría de tanto en tanto a visitarnos.
Belinda M. Emigraría con sus padres a otro país y nunca más sabríamos de ella.
Elsa F. Residente en Buenos Aires. Nunca más regresaría.
Jaime C. Periodista. Regresaría todos los veranos a su casa frente al mar.
Francisco A. Pescador. Traería los robalos para la cena anual de camaradería.
Olguita O., quien nos hacía reír en clases con sus morisquetas de conejo, se suicidaría en una ciudad distante.
Quena T. Funcionaria de una empresa eléctrica en la capital. Regresaría todos los veranos a la casa paterna.
Humberto M. Agricultor en la zona.
Lídice Ch. Enfermera. Regresaría a radicarse para cuidar a su padre hemipléjico.
Ignacia M. Residente en Estados Unidos. Nunca más regresaría.
Aída V. Viuda en un pueblo del sur y madre de un capitán mercante.
Jean-Paul G. y su primo André G., hijos de franceses; Anthony M. y su hermano James, hijos de ingleses, se enrolarían en los ejércitos aliados. Nunca más sabríamos de ellos.
Clarisa, hermana de André G., iría todas las tardes al Correos por correspondencia de Europa. Nunca recibiría una carta.
Regina C. Residente en Yugoslavia. Una vez regresaría a despedirse definitivamente.
Benito R. Haría una vida solitaria al sur del pueblo en una casa faro frente al mar.
Carmen F. Abogada en México. Nunca más regresaría.
Julio M. Hermano marista en España. Nunca más regresaría.
El gordo Rogelio P. Profesor. Regresaría todos los veranos con su alegría inclaudicable.
Leonor G. Mi esposa. Ya abuelos, nos sentaríamos por las tardes frente al río a recordar. Desde la isla siempre vendrían nuestras voces del último verano en 1943.


Y casi al expirar ese verano, en la casa de Aída V. tomamos onces. Era la despedida de nuestro secreto reino de la adolescencia. Charlamos, reímos, cantamos, bailamos. Al anochecer, nos abrazamos y prometimos nunca olvidarnos y siempre amarnos.

Entretanto, a la distancia, las tropas alemanas avanzaban sin piedad. Y todos las combatían, intrépidos...

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