Wednesday, August 31, 2016

 

quiero ver el otro lado de las cosas




Quiero ver el otro lado de las cosas,
el otro lado de las horas,
el otro lado de lo vivido,
el otro lado de lo amado,
el otro lado de las palabras,
el otro lado de lo imaginado,
el otro lado de lo imposible,
el otro lado del comienzo,
el otro lado del fin,
el otro lado de las ilusiones,
el otro lado de las máscaras,
el otro lado del tinglado,
el otro lado de los sueños,
el otro lado de lo cotidiano,
el otro lado de los misterios,
el otro lado de la gente,
el otro lado de los caminos
el otro lado del mundo
donde aún habrá hermosas islas por descubrir.

Friday, July 15, 2016

 

vida



Vida, no me tortures con tu canto,
jame un rato a solas con la muerte.

Monday, June 13, 2016

 

el guerrero



El guerrero cayó fulminado
y en su armadura se reflejó
el rayo de un  sol
infinitamente viejo y decepcionado.

Saturday, June 04, 2016

 

mi cabeza en la Luna




No quisiera un miserable final,
sino locuras,
espejismos,
trucos de payasos delirantes,
planetas incendiados,
mi cabeza en la Luna.

Sentir en las grietas de las manos
tu último perfume.

Pienso.

Y no regreses al pueblo natal.
Todo es ceniza para tu corazón:
la calle de la imaginación ya no existe,
el muelle de los sueños,
el salón de baile,
lo furtivo y lo misterioso,
nuestra estrella,
la tienda de los adivinos
y el viejo cine de la Bette Davis
también fue derruido.

Tu casa junto al río
una noche navegó como un blanco velero
mar adentro.

Y yo me iré, algún día, a una luminosa ciudad
donde me esperan los amigos
que cantaban en las tabernas.


Sunday, February 14, 2016

 

al olor de los ciruelos





Al olor de los ciruelos, todo es luz. Hago el camino en soledad por bosques, por antiguos poblados. Y, como en la vida, siempre te encontrarás con maravillosos amigos. Y nunca habrá fronteras. Nunca.

Tuesday, December 22, 2015

 

hermosas ciudades






Más allá de vastos espacios
en las regiones del ensueño y de las certidumbres
el aire refleja hermosas ciudades
donde vivieron nuestros padres en su juventud.

Friday, October 09, 2015

 

preguntamos al agua





Preguntamos al agua por los que amamos en el pueblo de la infancia. Y el agua prosiguió, inmutable, fluyendo y cantando hacia el horizonte. Quizá no haya que preguntar, sino, simplemente, volver a sentir lo amado.

Tuesday, September 29, 2015

 

de ojo en ojo, ¿cómo veremos el mundo mañana?





De ojo en ojo,
¿cómo veremos el mundo mañana?

De oreja en oreja,
¿cómo escucharemos a las ranas,
el mar,
la lluvia,
tu voz desde el bosque
o desde las nubes?

Y mis manos,
¿cómo te tocarán entre sueños,
en los encuentros
o en las despedidas?

Mañana será un relámpago
o un enigma,
la casa terminada definitivamente
o la dulce harina del pan compartido.



Saturday, August 29, 2015

 

viene el Sol




Viene el Sol.
Nos tomaremos de las manos
y haremos una ronda
en la más hermosa de las praderas.

Wednesday, July 29, 2015

 

nomeolvides


Aunque el sol no salga hoy y se quede dormido entre las pequeñas torcazas, haré lo de todos los días: limpiaré los caballos, barreré el jardín por si caen luceros y cometas, buscaré en el astrolabio la distancia entre mi corazón y el tuyo. También pensaré en antiguos nigromantes y recordaré los puertos desde donde partían galeones cargados de oro y semillas de nomeolvides.

Friday, May 01, 2015

 

¿en qué memoria están las cosas rotas de la vida?




¿En qué memoria están las cosas rotas de la vida?

Tu voz de los quince años, 
la mano que nos salvó de todos los naufragios,
el respirar del verano en el corazón de los abuelos,
las islas donde escondíamos el tiempo para que no pasara,
la puerta que abrimos a las distantes estrellas,
el sombrero de los trucos,
el misterio de la luz que traían a casa los recién nacidos.



Wednesday, April 08, 2015

 

¿de cuántas casas está hecha nuestra vida?




¿De cuántas casas está hecha nuestra vida?

La casa de la infancia
sencilla y bulliciosa
y que giraba como un carrusel.

La casa de la juventud
donde una pálida muchacha
nos regaló el gran secreto de la vida.

La casa de la madurez,
la casa de las alcobas de seda,
la casa del exilio,
la casa llena de manzanas en el verano,
la casa encantada,
la casa de las soledades,
la casa de los días de fiesta,
la casa de los amigos,
la casa de la nostalgia,
la casa en el árbol de los sueños, 
la casa del mar,
la casa al oeste de los planetas,
la casa de los emigrantes,
la casa de las mujeres tristes,
la dulce casa de los locos,
la casa al final de todos los caminos.

Ayer vi la casa de la infancia
más allá del tiempo
y a mi hermano mayor que me hacía señas
para que regresara.


Wednesday, April 01, 2015

 

te esperamos siempre




Te esperamos siempre con ira,
con dulzura,
cayendo por los acantilados
y en la cúspide de todos los universos.

Y te gritábamos desde las grietas de la locura.

Siempre en los sueños sembrados de laberintos.

Se cerraban puertas,
labios,
huesos,
olvidos en la esquina de la muerte.

Siempre te esperamos agónicos.

Siempre.

Sobre todo con dulzura.

Tuesday, March 17, 2015

 

un hermoso caballo





Regresé después de mucho tiempo
y a través de alucinantes batallas y delirios.

Vi en mi añorada colina
un hermoso caballo
y un repentino soplo sobre la hierba
de lejanos días.

Wednesday, March 04, 2015

 

la sombra del caminante




La sombra del caminante
me cubrió
como un estallido púrpura
y dejó en mi alma
la locura,
la soledad
y una desatada seducción
por los caminos.

Wednesday, February 18, 2015

 

déjame ser el sueño de tus sueños




Mañana solo seremos aire en el aire.

Déjame, entonces, venir desde los espacios siderales
a ser el sueño de tus sueños.

Thursday, December 18, 2014

 

addio, principessa




Se apagaron los reflectores de los estudios de cine
y alguien borró el nombre de Virna Lisi del guion.

Ahora tú caminas ausente, amada Virna, por una larga calle
mojada por una hermosa luz.



Tuesday, December 16, 2014

 

quién besará al suicida




Quién besará al suicida
que caminaba bajo la lluvia
en los lentos inviernos
y escribía 'te amo' en las ventanas.

Quién dará ahora el paso inicial
en la gran batalla de la soledad.




Saturday, November 29, 2014

 

en la mañana de las palabras



En la mañana de las palabras
la fragilidad de tu voz
buscando el bullicio y la esperanza.

En el mediodía de tus manos
mi rostro hundido en un lento naufragio.

En la noche de la ciudad solitaria
el regreso a la primera certeza,
a la dulzura de alguna palabra
creada a orillas del fuego.

Thursday, October 23, 2014

 

qué es ese resplandor en tu piel




Qué es ese resplandor en tu piel cuando duermes.

Y la extraña belleza de las hadas al final de cada día.

Y las ciegas manos que nos buscan 
en ciudades blancas de cal y de soles rojos.

Nadie está en las velas
para cuando llegue el viento migratorio.

Nadie en las estaciones,
en la hojarasca, 
en la cuerda floja de la vida,
en las heridas del tiempo,
en las calles de la ciudad que amamos
por donde pasa el azar
con un traje sucio.

Y qué son esos hermosos mensajes de los que murieron
con amapolas en la boca.

Monday, September 01, 2014

 

había otro tiempo a nuestras espaldas


Había otro tiempo a nuestras espaldas
atrapado en una red invisible
y era como tener dos mundos, 
dos casas y vivir en dos ciudades.

Bellas ilusionistas nos traían estrellas que no conocíamos.

Susurros
desde la maleza  
nos narraban historias de universos tras los sueños.

En la otra ciudad,
nuestros padres tenían rostros que resplandecían
con la primera lluvia.

Cuando crecimos nos olvidamos del otro mundo
pero, cada año,
la primera lluvia nos devuelve nuestros verdaderos rostros. 


Tuesday, August 19, 2014

 

cuando te vayas



Cuando te vayas
déjame abierto el libro de lo mágico maravilloso,
una calle secreta para recorrerla por las mañanas,
tu olor y tus orillas,
un mapa de tus hombros,
monedas egipcias para comprar fotos de trenes,
de caballos,
discos de Timi Yuro, 
quizá las palabras "te amo" en una servilleta,
la máscara de la felicidad,
una infinita ventana.

También déjame cosas inútiles como tinteros,
amores hechos añicos,
llaves oxidadas,
silabarios chinos,
libélulas disecadas,
dientes de mandril,
condecoraciones de guerra
y un boleto de viaje a un hermoso lugar imaginario.

Saturday, August 16, 2014

 

alguien que aún nos ama



Alguien que aún nos ama
regresa a casa
cada noche.

Se sacude nuestro olvido y,
sigilosamente,
enciende el fuego de la cocina
para que la pequeña muerte del invierno
no nos lleve de la mano
por oscuras nieves.

Tuesday, June 10, 2014

 

qué lugares en el planeta




Qué lugares en el planeta si no tu casa, padre mío.

Qué luz  si no tus ojos.

Qué energías si no tus manos que me sostuvieron siempre.

Qué historias si no tus hermosos relatos en los inviernos de la infancia
junto al fuego.

Qué fantasías si no tus bailes para los días tristes.

Qué maravillas si no el experimentar el nudo de tu corbata para los días de fiesta.

Qué viajes mágicos si no el  recolectar castañas tras tus huellas y entre cantos y silbidos.

Qué vida si no a tu lado para siempre.

 

amada Varsovia



Y aunque seas arrasada, amada Varsovia, lucharemos en cada calle donde, alguna vez, bailamos a la luz de la alegría. Serás libre. Seremos libres.


(Escrito en un muro de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial)

Monday, May 12, 2014

 

viajar, ¿adónde?







Viajar, ¿adónde?

Quizá al lejano país de los flamencos,
al corazón de los bosques,
a las horas nostálgicas del viejo reloj de la casa paterna,
al reino de la música.

Aventuras en cada nube.

Y reunir todos los tiempos
en la próxima primavera.

Creer que, tras la bruma, ella nos espera
en el último andén.

Creer que en todas las manos
solo habrá luciérnagas.

Correr por el Sahara buscando estrellas.

Perderse por Estambul.

Golpear puertas de antiguos magos y marineros.

Encontrar el significado secreto de lo profundo y de lo simple.

Encontrar, más allá de los ríos,
seres translúcidos que nos amen. 


Wednesday, May 07, 2014

 

aldea de elefantes




La niña imaginaba que la vida era una aldea
habitada solo por pequeños elefantes.

Y cuando conoció la nieve
imaginó que la vida era una aldea
habitada solo por pequeños elefantes blancos.

Wednesday, April 23, 2014

 

algún día



Algún día
me iré simplemente.

En un viejo tren de carga.

Cerraré los ojos
porque sé que el viaje final será hermoso.

Y nada llevaré conmigo
porque lo tuve todo
y todo lo dejaré para otros muchos:
caminos interminables,
desbordes,
pasiones,
descubrimientos asombrosos
a orillas del mar,
noches con tantos y tantos sueños,
el amor.

Cerraré los ojos
y me acomodaré en un montón
de ramas dulces y quebradizas.

Monday, April 21, 2014

 

Macondo




Caminó el viejo mago, truhan, enajenado titiritero por los senderos luminosos del aire y allí había serpientes, duendes, palabras de arcilla, flautas, gárgolas, macumbas, vertiginosas locuras, ninfas, pájaros y las mazorcas maduraban ebrias de luz.

Trazó calles, sueños, historias.

Y pobló de gente un mágico mundo llamado Macondo.







Saturday, February 15, 2014

 

la marinera de todos los océanos


Su barco era un resplandor
y hablaba un idioma extraño de oleajes,
de misterios,
de anclas azules en el corazón.

Venía de espacios inventados por gnomos
que conocían la historia de los bosques y de las nubes.

En sus labios llamaradas de estrellas y preguntas fundamentales.

Sus heridas las sanaba en el viento migratorio de los cormoranes.

Y al regresar a todos los océanos
nos regaló en cada ventana
la belleza,
el asombro,
y las maravillas de puertos bulliciosos.


Friday, January 17, 2014

 

caminar junto al mar


Los esclavos gimen bajo la luz de la Luna.
Y la Luna gime en las cadenas.

En Londres discuten sobre la libertad.

Los esclavistas se oponen con ira.
Y los esclavos gritan con ira ¡libertad!

Las tres muchachas encadenadas junto al muro
sueñan, cada noche, caminar junto al mar. 

Friday, December 20, 2013

 

casi París

Casi París,
postales y poemas de Lila Magritte desde su adolescencia.

Barrios donde los negros se transformaban en espectros
y alegorías.

Era Sartre en ese casi París,
casi Toulouse-Lautrec
y casi Moliere jugando a ser casi Moliere en el tinglado de la farsa.

Nada había. Todo era una acuarela desteñida del sol
pintada por
un niño solitario
en una escuela en que los otros niños habían muerto
casi ángeles.

Por la guerra, decían las vecinas.

 Por la idiotez del hombre, retrucaban los vagabundos.

Los poemas de Lila Magritte eran de la lluvia:
una blanca y una negra.

Los poemas de Lila Magritte hablaban de la soledad
y de artilugios que hechizaban a los sabios y a los locos.

Y hablaban de la hermosa piel de los árboles
en donde ella palpaba estrellas
e imaginaba distantes espacios.

Thursday, October 03, 2013

 

inquietudes





¿Qué es lo que existe realmente?

¿La calle de las certezas, o los espejos heridos, o los sueños de amor en la cara de los arlequines?

¿O la perplejidad del día en que levantaste la mano desde la otra ribera del río y te extraviaste en una ciudad de lunas negras?

En las batallas imaginarias del crepúsculo todos moríamos de soledad (¿era yo el del rostro carcomido por la bruma, el de la sonrisa a lo Clark Gable, el espantapájaros que bailaba en el viento del sur?).

Después de la última función, caminé alucinado y solitario: existía la noche, la lluvia, estudiantes de francés que se besaban en los portales, los libros de metafísica, las ilusiones, los desvencijados trenes en India, la imaginación, las platinadas actrices del cine clásico, el azar, los caballos y los tigres, las infinitas montañas, los hermosos puentes de París, la voz de una bella muchacha que extrañamente se parecía a ti...

Wednesday, August 07, 2013

 

lejanas memorias


Cruzamos puentes hacia lejanas memorias
donde la nieve tenía la piel de los animales tristes,
donde todas las cosas eran universos de magia.

Los niños usaban bigotes de viejos payasos
para espantar la tristeza de la luna.

Y las adolescentes se enamoraban 
de marineros que conocían distantes planetas. 
 

Friday, April 12, 2013

 

James Dean



Mis expediciones infantiles eran al bosque aledaño a la casa en la búsqueda de seres infinitesimales y también de coleópteros, grillos, palotes, arañitas multicolores, huevos de codornices, diminutos habitantes atrampados en la nieve. En el estío, solía bañarme en el arroyo donde abrevaban los renos. De vez en cuando, por el sendero que atravesaba el bosque iba hasta el mar. Mi madre, un mal día, se le ocurrió morirse. Quedaron en la cocina mermeladas sin enfrascar, mantelitos imbordados y el fuego del hogar se apagó lentamente. En mi habitación contemplé, apesadumbrado, unos pantalones de lana sin bastillar. Julia, mi hermanita de 15 años, vestía, a escondidas, trajes de seda de la abuela y boa de plumas al cuello, bailaba la música de Al Bowlly, hacía volutas imaginarias con una larga boquilla de nácar y estaba enamorada de James Dean, a quien escribía poemas eróticos. Pero a Jimmy  lo habían sepultado hacía dos años y sus huesos solo servirían para hacer cerbatanas o flautas. Después de la muerte de mi madre, la barba de mi padre lo alejó definitivamente de nosotros. Se transformó en un ser huraño y taciturno. Y nunca más itineró como vendedor de telas y bisutería francesa. Mi hermano mayor, Esteban, me confesó una noche que viajaría por el mundo. Sería un cormorán marino siempre migrando. "Me voy primero a Alaska, después al Japón y, algún día, recalaré en Brasil y ahí me casaré con una negra". Yo me abracé a él y le pedí que me llevara a Brasil, porque el nombre me había gustado. A los 17 años, Julita, en los inicios de la primavera, trajo a su novio a casa: era un veinteañero gordo y bastante calvo. Lucía una corbata pajarita grasienta. Pensé que tendrían hijos calvitos y regordetes, de tripas desenfrenadas quizá. Padre ni se inmutó cuando Julita le comunicó que se casaría el mes entrante. La ceremonia nupcial no tuvo nada de extraordinario por lo que no merece comentario alguno. Únicamente recuerdo que le vi los calzones a una chica colorina que se cayó en el jardín y sus vestidos pretendieron alzar vuelo en remolino. Esteban lio su hatillo de viaje y se encaminó a Alaska. Y así, la casa quedó aún más sola y en un silencio agobiante.

Al pasar del tiempo, Julita enviudó y regresó a casa con dos chicos regordetes. Igual que antaño, toda la música de Al Bowlly y prosiguió con poemas eróticos a James Dean. Esteban me carteó de Japón y que pronto recalaría en Brasil. Yo, por mi parte, con espinillas y de incipiente barba y bigote, acostumbré a sentarme en los escaños de la estación de ferrocarriles a ver subir y bajar de los trenes a rubias de boquitas pintadas. Las había de tacones, amplios vestidos y pizpiretas. Otras se abrazaban con marineros que venían de ultramar. Me convertí en Penélope, pero en vez de tejer comía maní y me hacía el bizco frente a las chicas que me miraban y no eran de mi agrado. En verdad, soñaba que una rubita descendía del tren y se dirigía a mí. Yo pondría cara de bobo y tosería hasta botar todo el maní de la boca...

Tuesday, March 26, 2013

 

una gran ola

El correo
me trajo una gran ola,
puertas carcomidas por el olvido,
destellos de una alcoba vertiginosa
y una distancia de ti desmesurada...

Wednesday, May 09, 2012

 

una agitación trémula

¿Qué contemplábamos
aquella tarde?

¿El mar
o todas las distancias?

Acaso presentíamos
tras oscuras puertas
una agitación trémula.

Friday, November 25, 2011

 

la ciudad de los pingüinos


El aliento ígneo y alucinante de la negra me despertó. Había soñado con ranas y que el Universo era verde.

Al entrar, ella estaba sentada en una mesa del rincón bajo el cartel de los toros. Era una preciosa negra con ojos llameantes, a la que buscaría después de un mes para, algún día, desposarla. Me habló del vudú. De Bondye, la entidad sobrenatural última o Mawu, regenta del mundo sobrenatural inaccesible y ajena al mundo de los humanos por lo que, para comunicarse con nosotros, debe hacerlo con deidades intermediarias como el Barón Samedi, la Maman Brigitte o Damballa y otras. Me habló de los muñequitos de vudú y que yo sería un hermoso fetiche.

Yo había estado triste todo el día por la muerte de Amelia y había decidido emborracharme. Y ahora compartía mesa con la negra: su voz era seca y cavernosa, pero tenía un magnetismo irresistible; sus manos parecían garras de pantera; su cuello delataba venas que se hinchaban con cada palabra que emitía; sus senos se adivinaban henchidos de leche negra para todos los niños negros del mundo.

Pedí otra botella de licor. De pronto, quise besarla. Sus labios eran amargos y desprendían un fluido ácido. Me recliné en su hombro izquierdo y sentí que me creaban como fetiche para un ritual de magia negra en que me clavarían agujas en algún lugar del cuerpo y ese sería mi martirio o mi maldición de soledad para el resto de la vida.

Desde mi casa de la playa divisaba la isla mágica que habitaban focas y pingüinos. Observábamos con Amelia la nidificación de los pájaros niños, sus viajes y retornos. Y así transcurría el tiempo: ciertas formas de nubes nos anunciaban el invierno y las nieves eternas. Entonces, pasábamos en limpio las notas tomadas y escribíamos los documentos para su publicación.

Una noche soñé que partía a un lejano país de clima ardiente. Y allí estaba frente a la negra bebiendo y besándola. Participaba en una ceremonia vudú. Y un viejo esclavo reflexionaba en torno al destino del hombre: Padece, espera y trabaja para gente que nunca conocerá y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros, que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es.

Subimos con la negra a las habitaciones de alquiler. El aliento ígneo y alucinante de ella me despertó. Había soñado con ranas y que el Universo era verde.

Al salir a la calle, la gente caminaba como pingüinos. Era un día esplendoroso y verde. Y yo comencé a saltar como rana...

Monday, September 05, 2011

 

antes de la ceniza


Antes de la ceniza
el graznido,
la voz que los muertos
escondieron debajo de piedras blancas
y que los niños tiraron al fondo de los ríos,
lentas penumbras que ardieron como pájaros,
vertiginosas nubes bajo todos los sombreros.

O la casa giratoria que nos protegía de las despedidas
y de las tormentas.

El umbral azotado por el olvido era parte del espejismo
que maravilló a los navegantes.

O al extranjero que tenía el rostro trizado de nuestro padre.

Y fue el extravío de la infancia en las arenas acumuladas
en las afueras de la ciudad
lo que nos hizo vislumbrar la incógnita de un secreto deseo.

Saturday, September 03, 2011

 

hija blasfema de mujeres fragmentadas


La luz del sol
cae en un cántaro
(a lo lejos, en una ciudad extranjera,
te llevan a la hoguera
por ser hija blasfema de mujeres fragmentadas,
aullido de gárgolas,
leche radiante entre lobas,
desuncida,
cabalística,
desvirgada por una pasión enigmática).

Y en el cántaro
el sonido del agua es el sueño
de un dios dormido en una quimera fragmentada.

Thursday, August 04, 2011

 

el viaje


Desde varios días que me siento devastado. Y llueve. Mi habitación está más sombría y algo a moho se huele. O a sensación de lejanías. A nieve mala. O a mazorca podrida. Es tristeza o melancolía, me digo. Balbuceo, para animarme, la llamada rimbombante que les hacíamos a los gansos con el primo Tom antes de que marchara a la guerra.

Y llueve.

Desde varios días que, al regresar de la oficina, suelo encontrarme con un viejecillo que lleva pipa. Levanta su gorra y me saluda con amabilidad.

Y desde varios días que suelo encontrarme, también, con una hermosa muchacha de vestido blanco.

De pronto, todo es muy extraño. Siento que algo se vaciara de mí. Y que el tiempo se detuviera y todo quedara inmóvil. Soy incapaz, de tanto en tanto, de respirar con vehemencia.

Al comprar tabaco, una mañana, veo a la muchacha del vestido blanco a mi lado. Lee una revista, levanta su mirada hacia mí y me sonríe. Huelo el tabaco y apruebo su envío. En la calle me cruzo con el viejecillo de la pipa y nos saludamos. En mi habitación, reviso correspondencia de libros pedidos a la capital. Mi vista se desliza por los enseres, la mayoría provenientes de mi casa paterna.

Y llueve como cuando, en la infancia, íbamos al bosque con el primo Tom a buscar pájaros que no habían alcanzado a emigrar y llevarlos a casa por el invierno.

Sobre un anaquel, el reloj que sostienen dos ninfas de oro. El lavamanos floreado, la jarra del agua, los libros de Alquimia encuadernados en cuero rojo, la cajita de tabaco y la pipa corva comprada a un aventurero irlandés.

La tarde del viernes, fui a ver "Spite marriage", de Buster Keaton. Butacas más adelante se hallaba la muchacha del vestido blanco. Me intriga por qué, ahora, tan a menudo coincidimos. Sin embargo, me dejé llevar por las risas de los espectadores.

Hoy, ya primavera, desplazándome por avenida de Los Héroes quedo pétreo sin poder avanzar. Lentamente, me recupero. Y veo que el viejecillo de la pipa se dirige a mí. Me dice: "Sígueme".

Caminamos por entre las tumbas del cementerio de la colina. Y me señala una lápida. Con estupor, leo mi nombre y dos fechas: 1905-1935.

El viejecillo de la pipa pone su mano en mi hombro y me susurra: "Hijo, debes viajar en tren hasta Inarijärvi. Apresúrate".

Entro al vagón y allí está la muchacha del vestido blanco. Nos saludamos, nos presentamos y conversamos nimiedades. El vaivén del vagón nos invade de misteriosos somníferos.

Súbitamente, el conductor del tren me remece y me espeta: "La próxima estación es Inarijärvi. Ahí debe bajarse". Igual cosa hace con la muchacha del vestido blanco.

En el andén de Inarijärvi hay dos grupos: en el primero están mis amados padres; mis abuelos; el excéntrico tío Alberto que pidió para su funeral malabaristas y una orquesta de payasos; la tía Ema con uno de sus estrambóticos sombreros; el primo Tom abatido en la guerra del 14 y Neptuno, el terrier camarada de mi infancia. Nos abrazamos y lloramos conmovidos por el reencuentro.

Miro hacia el otro grupo y todos lloran y abrazan a la muchacha del vestido blanco. Ella me sonríe y, cómplice, me guiña un ojo.

Y siento fluir, a través de mí, un gran río, hondo y apacible.

A mi izquierda, una enfermera de aspecto severo. A mi derecha, un médico que ilumina mis pupilas y cierra mis párpados. La enfermera cubre mi rostro con la sábana.

Saturday, July 09, 2011

 

Ester


Cuando con Ester determinamos hacer el amor por primera vez, ambos cumplíamos 16 años. Nos desnudamos con miedo; sin embargo, presentíamos la belleza de la plenitud.

Al despertar, mi nieta Martina, de 5 años, me contempla con ojos chinescos y luminosos.

-Feliz cumpleaños, abuelo -me augura-. ¿Cuántos son?

-Son 73 años, Martina -le respondo, rascándome la barba cana.

La ciudad, una vez más, se llena de sonidos y olores cotidianos: el tranvía 15, el pan recién horneado, reyerta en el campamento de los gitanos, la triste amante del abogado Morelli baja apresuradamente las escalas, trueques del ropavejero, pasos en estampida de escolares y oficinistas, graznidos de pelícanos en la bahía.

13 de junio de 1945. "Contemplo desde la sala de clases cómo cae la nieve. Esta noche haremos el amor por primera vez. Me estremezco, pero será hermoso, muy hermoso", escribe Ester en su diario de vida.

Repentinamente esa noche, en mi habitación, un resplandor del tiempo al cual Ester y yo intentamos asirnos...

Monday, April 11, 2011

 

Ivonne


Monsieur Folatre fue el profesor de Francés en el liceo. Al llegar a la ciudad, de casualidad alquilaron la propiedad aledaña a la nuestra. Eran monsieur Folatre, su esposa e Ivonne, la única hija de 7 años. En casa, nuestros padres, mi hermano mayor, yo y mi hermana menor de la misma edad de la vecinita. La única salida cuotidiana de monsieur Folatre la hacía solo para dictar sus clases. A su vez, la señora Folatre, concertista en piano, solía permanecer en sus aposentos ensayando obras clásicas y, muy esporádicamente, paseaba hacia el río mientras sostenía por la cintura a Ivonne, quien apenas caminaba con los fierros en sus piernas por la poliomielitis que sufría. El rostro de la niña era de un blanco casi brillante, con chasquilla y nada de colorete en sus pómulos. Mi hermana menor quiso ser su amiga, pero no lo consiguió a pesar de su ahínco.

Por las tardes, la señora Folatre se sentaba al piano. Con mi hermano mayor quedábamos mudos y extasiados mientras duraba la música. Después de años, supimos que los autores de tales melodías eran Mozart, Bach, Beethoven, Schuman y otros.

Mi hermano mayor, siempre curioseando, vigilaba la casa aledaña por sobre el muro. Y en una ocasión descubrió que la señora Folatre usaba peluca.

Al año de ser unos herméticos vecinos, sorprendentemente nos llegó una invitación al cumpleaños de Ivonne. Madre nos acicaló hasta el delirio y nos hizo prometer que nos comportaríamos con educación y prudencia.

El recinto del cumpleaños se encontraba iluminado tenuemente. Ivonne ya estaba a la cabecera de la mesa. Dejamos los regalos en un redondel de madera y nos sentamos a una cierta distancia de la festejada. La señora Folatre nos hizo cantar los parabienes y comimos torta con educación y parsimonia.

De regreso al hogar, comentamos lo silenciosa de Ivonne. Mi hermano mayor nos peroró que quizá era insana.

En diciembre concluyó el periodo escolar y la familia Folatre decidió trasladarse a otra ciudad. De su partida solo supimos que viajarían en el tren de la mañana.

La casa vecina quedó sin la música y en un silencio insondable. En la tarde, mi hermano mayor me obligó a mirar por sobre el muro. "¿Ves? Han dejado una gran caja de cartón en el patio. Vamos a investigar". Abrimos la caja: adentro yacía Ivonne con el pecho destrozado y de sus ojos de vidrio fluían lágrimas...


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(De adulto, mi hermano mayor casó con una argentina y se radicó en Buenos Aires; mi hermana menor falleció, a los 25 años, en un accidente automovilístico y yo me empleé en la hacienda Lo Benítez en las cercanías de San Javier. Por repuestos para las trilladoras, debí viajar a la casa matriz de maquinarias Benson. Ya finalizados los trámites, caminé a la deriva. Una callejuela de viviendas de estilo austriaco me incitó a recorrerla. De pronto, leí el rótulo de una tienda: "Casa de muñecas Folatre". Ingresé y sentado en una mesa-taller vi a un anciano monsieur Folatre. Me identifiqué como su alumno y, lentamente, rodaron lágrimas de sus ojos: "Allí fue donde murió nuestra hijita Ivonne. Había creado un sistema de relojería perfecto, pero algo sucedió y explotó. Ahora todo lo he modificado". Y prosiguió en su tarea. Salí perplejo y triste. Crucé hacia una pastelería e inquirí sobre los Folatre a una longeva señora. Me contempló escandalizada y exclamó: "¡Qué mundo, señor! ¡Qué mundo! La señora Folatre, que falleció hace un año, era un viejecillo vestido de mujer").

Thursday, March 10, 2011

 

una hermosa nube


La sirvienta que le franqueó la puerta tenía el rostro demacrado y triste. Lo guio hasta un saloncito de sillones de terciopelo oscuro. En ámbitos interiores de la casa, una mujer cantaba musicalizada por piano. Todo olía a extemporáneo y olvido. El paso de un carruaje lo puso en alerta. Después extrajo del maletín apuntes inconclusos, por años, de mitología antigua que entregaría a don Jacinto, su mentor en griego. Releyó el acápite 961: Las Euménides, lit. 'las benévolas', nombre dado a las Furias porque además del oficio de vengadoras tenían el de admitir la reconciliación de los pecadores arrepentidos. Eran tres: Alecto (implacable), Megera (envidiosa), Tisífone (vengadora de los asesinatos)...

Pasos endebles se aproximaron acompañados por el golpe rítmico de un bastón. Entró don Jacinto y se estrecharon las manos con sincero afecto. Su barba doctoral resplandecía de plata. Rememoró a su padre: "Hijo, yo partiría contigo, pero un viejo sería estorbo". Y se abrazaron. Una mañana, la carta de su hermana Elisa le comunicó que lo habían sepultado en las afueras del pueblo natal.

Don Jacinto agitó una campanilla. Al instante, entró la sirvienta con una bandeja de plata en la que traía la cabeza sangrante de una mujer con una expresión terrorífica. El joven cerró los ojos con horror. Sintió náuseas como en las trincheras. El chasquido de la tos de don Jacinto lo obligó a tener visión: en la bandeja de plata había dos copitas de licor translúcido. Y brindaron por el término de la guerra.

Más tarde, acodado en las barandillas del barco, observó que los niños migrantes corrían por la cubierta incansables.


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(En Chile, mi abuelo ofició de viajante de comercio. Después, compró viñedos en la Séptima Región. Un año antes de morir nonagenario, adquirió la costumbre de escudriñar el cielo.

-Abuelo, ¿qué buscas? -le inquirí.

Puso, con delicadeza, su frágil mano en mi hombro y sonrió:

-Busco una hermosa nube de regreso a mi lejano país y a mi perdida juventud).

Sunday, February 13, 2011

 

a la manera de Louis Armstrong


Wells escribió un cuento a cuyo protagonista se le hace rodar a través de una cuarta dimensión. Y yo siempre he buscado puertas que me conduzcan a otras dimensiones. Pero nada de brillantes armazones metálicas, ni marfiles, ni sustancias cristalinas, ni tretas sutilmente ideadas de otros tiempos y espacios. Quisiera ser un viajero astral solo con magia afrocubana.

Cada amanecer espero a mi hija Juanita en El Malecón contemplando hechizado el mar del Caribe. Mi hija es una mulatica ladycrooner en un bar nocturno. Al terminar su actuación va a buscarme y regresamos a casa, para el desayuno, cantando temas de Lucho Gatica.

Una noche, en vez de ir a El Malecón, me fui al barrio de las putas. Al abrir la puerta de la habitación del alquiler vi sobre la cama a una negra desnuda, monstruosa y perlada de sudor. Me hizo recordar a La Estrella, personaje de una novela de Cabrera Infante: Y La Estrella se resbalaba de sobre mi cuerpo y volvía a montarse y hacía ruidos extraños, increíbles, como si cantara y roncara a la vez y entre estos mugidos me decía mi negro mi amor quiéreme dale un besito a tu negra anda anda anda y cosas así, que me hubieran hecho reír si no me faltara aire y le di un empujón con toda mi fuerza haciendo palanca con la pared (porque había llegado hasta la pared empujado por aquella masa en expansión, atropellado por aquel universo que se me encimaba) y le hice perder el equilibrio y se cayó de la cama y en el suelo quedó jadeando y bufando y me levanté de un salto y encendí la luz y la vi: estaba completamente desnuda y sus senos tan gordos como sus brazos, dos veces más grandes que mi cabeza, se caían uno para un lado y llegaba al piso y el otro le daba por sobre el rollo central de los tres grandes rollos que dividían sus piernas de lo que hubiera sido su cuello si lo tuviera y el primer rollo después de los muslos era una especie de prolongación de su monte de venus y vi que Alex Bayer tenía razón, que ella se depilaba toda porque no tenía un solo vello en el cuerpo y aquello no podía ser natural, aunque nada era natural en La Estrella. Fue entonces que me pregunté si no sería una marciana.

Y al abrir la puerta en Amsterdam en 1951, a mis 23 años, sobre la cama estaba Annette desnuda, una rubia de 19 con un pubis de oro resplandeciente.

Yo era el bongosero de la gira por Europa. Ahora ya viejo y casi decrépito solo contemplo el mar del Caribe hasta el amanecer esperando a Juanita. Pero sigo soñando con las puertas a otras dimensiones.

Pues esta noche de una claridad sorprendente y de sensaciones como en las fiestas de iniciados he decidido retroceder astralmente 50 años y subo en Amsterdam las escalas hacia la habitación de Annette. Ella me confiesa que ha quedado embarazada y nacerá mujer. "Una mulatica", le susurro y la abrazo estremecido.

Y al abrir la puerta en Amsterdam en 1951, a mis 23 años, sobre la cama está Annette desnuda, una rubia de 19 con un pubis de oro resplandeciente. Me digo:

-Coño, todo de nuevo.

Y río a la manera de Louis Armstrong.

Sunday, January 09, 2011

 

loca de patio, loca de lunas


Loca de patio,
loca de lunas,
loca de cloacas,
loca de burdeles,
loca de amar,
loca de los afluentes,
loca de marineros,
loca de astronautas,
loca de París,
loca de Turquestán,
loca de relámpagos,
loca de tinglados,
loca de estigmas,
loca de girasoles,
loca reina de las ratas,
loca reina de los faisanes,
loca de las mecánicas perfectas,
loca estremecida
de arcoíris,
de lujuria,
de quejidos,
loca balsámica,
loca de las distancias,
loca, loca mía,
Marlene Dietrich
o Salomé,
chapotea en mi pecho
con tus besos ensangrentados,
sé una sombra turbia de adulterios
y fantasías,
deslízate como un ser monstruoso
hasta mis pálidas piernas,
múdame la piel y la tristeza,
corta de raíz las soledades,
y aunque transcurran todos los siglos,
todos los infiernos,
todos los insondables,
todos los silencios,
todos los desenfrenos,
todos los remolinos,
todas las batallas,
ven por las nubes silbando
y que tus caderas traigan todos los sueños
que aquí en las trincheras,
en las casas solitarias,
en los muelles de las despedidas,
en los imperios de los sentidos
estamos todos esperándote
frenéticos y en llamaradas...

Saturday, January 01, 2011

 

te amo


En el pueblo de la infancia
cae el olvido
como nieve
de antiguos inviernos.

Y en el bar de la esquina
nuestro amado padre,
agobiado y nostálgico,
aún sueña con la hermosa extranjera
que le dijo 'te amo'
en un idioma extraño...

Tuesday, December 14, 2010

 

sueños, diamantes, sedas y fantasías


Una visión de ensueño a través de diamantes fragmentados. Ella con su traje de seda al borde de las ilusiones y de los alféizares. En la pantalla, su beso y su lujuria. Alucinaciones en sus ojos celestes. Nueva York infinita. En mi mano mi última moneda. Todo o nada. Te amo, Gene Tierney.


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Gene Tierney (1920-1991). Actriz norteamericana. Filmes: "Al borde del peligro" (1950); "La mano izquierda de Dios" (1955); "Noche en la ciudad" (1950); "Sinuhé, el egipcio" (1954), entre otros.

Friday, December 03, 2010

 

la vida


Traigo vastos espacios
para los buscadores
y espirales de infinitos
para los que soñaron con el cielo
como asidero.

Fuera los aullidos.

Solo flautas y estrellas
para esta mesa que se desborda.

(La noche se despoja inútilmente
de sus máscaras
para mostrarnos los eclipses
y las heridas de nuestros amores perdidos).

Y he comprendido que la vida
es la hermosa hija que siempre nace
tras la Luna...

Friday, October 08, 2010

 

llamadas obscenas


Cuando el 15 de julio de 2001 recibí una llamada obscena, me estremecí, porque pensé que había sido Cristina.

En mi primer día de jubilación, había ordenado los libros; rodé el globo terráqueo; abecedaricé los discos de rock de los años 50 y 60; hice funcionar viejos compases de bigotera; leí sobre los diseños misteriosos de las piedras de Ica; contemplé antiguos mapas en donde soñaba, cada noche, navegaciones a países enigmáticos...

El padre de Cristina había llegado como médico jefe al hospital de la región. Y cuando ella entró a la sala de clases del liceo, me maravillé: era Carol Lynley, una rubia modelo adolescente, portada de Life y otras revistas de moda, que devendría más tarde en actriz de Hollywood. Por fortuna, sentaron a Cristina a mi lado y, con el tiempo, nos hicimos grandes camaradas.

En casa de su prima mayor Teresa, aprendimos a bailar rock (yo prefería los lentos de Brenda Lee y Paul Anka para poder abrazarla). No sé si por admirar a Carol Lynley, empecé a enamorarme de Cristina. O si al verla por primera vez la amé desde entonces.

Lo sucedido en el transcurso de los días es largo de narrar. Fueron alrededor de dos años de camaradería. En una bellísima mañana estival, que tomábamos sol en la playa, me confiesa, entre sollozos, que desde un tiempo siente deseos irrefrenables de hacer llamadas obscenas y ya ha realizado varias. A mis dieciséis años no supe argüir que la adolescencia está llena de ángeles y demonios; que la adolescencia arde en lujuria (y no le revelé que, por las noches, con los muchachos escudriñábamos ventanas con mujeres desnudas).

Un domingo al salir de la iglesia, me asegura que se hará monja de claustro para expiar su pecado y pedirá postular al noviciado. Yo, sin atinar, incliné la cabeza acongojado.

Al día siguiente de su ingreso al noviciado, caminamos por los jardines del convento de la distante capital. Nos sentamos en una glorieta de rosas y, súbitamente, nos abrazamos mientras nuestras lágrimas fluyeron: era el desgarro de un ciclo que concluía. "Tú has sido lo más hermoso de mi vida", le aseguré. "Tú también has sido lo más hermoso de mi vida", replicó. Y con sus ojos celestes arrasados en lágrimas, me prometió: "Algún día te llamaré"...


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(En 2005, revisé diarios de la capital, de entre los años 1962 y 1964, buscando la confirmación de una supuesta herencia de una anciana tía paterna. En uno de los sueltos de 1963, leí del suicidio de una joven religiosa: Cristina Müller, hija del distinguido médico Tomás Müller. O sor Carol, como monja de claustro).

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