Saturday, October 31, 2009
la belleza de los días
Siempre mantenía en sus faldas un bastidor en el que hacía bordados en punto beauvais: era una viejecilla vagabunda de hermosísimos ojos azules. De pronto, abandonaba su faena y escudriñaba el cielo. Persistía por largo rato en la búsqueda, quizá, de sutiles acontecimientos hacia el infinito. Mis pasos la incomodaban y, nerviosamente, regresaba a sus labores. Yo la orillaba y permanecía inmóvil a una prudente distancia (quería conocerla, pero mi apariencia de nomo la inquietaba). Al atardecer, liaba sus bolsas y con el bastidor llevado con delicadeza se alejaba hasta el final de la calle Dormunt (su señorío era un irregular habitáculo de madera sin pulimentar en el baldío que las bombas nazis habían convertido la antigua mansión de la familia Condillac).
Día tras día, detenía mi andar frente a ella. Adquirí también la costumbre de escudriñar el cielo como un mico a sus miradas: según las estaciones del año, había nubes viajeras con olores de distantes océanos, la hojarasca del otoño danzaba en torno nuestro y en el invierno (ella muy arropada con holgadas y ajadas vestiduras) la nieve nos trocaba en seres resplandecientes y tristes.
Acaso por su soledad, ella se parecía a mí, pues la guerra me había convertido en un huérfano vagabundo.
Después de unos días enfermo bajo el puente de la calle Saint-Etienne, caminé hasta la plaza Rodez. Me atreví a traspasar mi distancia acostumbrada y me detuve casi tiritando. Los ojos azules de la anciana se posaron en mí y, ante mi asombro, me sonrió. Yo también atiné a sonreír inquieto.
En el fluir de las mañanas, balbuceé un saludo. Y ella determinó acogerme súbitamente. Ya sentado a su lado, le inquirí por lo que hacía: era bordado en punto beauvais. En la ciudad de Beauvais, en el norte de Francia, familias enteras, tanto hombres como mujeres, "se sentaban alrededor de una gran mesa ubicada en el centro del hogar, apoyando cada uno su bastidor de bordado sobre la mesa.
De esta manera, comenzaba la tarea que daba lugar al ritual. Cada uno de los integrantes del grupo familiar se encargaba de confeccionar el tema del bordado que correspondía al color que les era asignado, de modo que al completar el color bordado se le pasaba el bastidor a quien le correspondía siguiendo así, una y otra vez, durante toda la jornada hasta completar la tarea".
"Algún día, vendrá mi familia a buscarme", sollozó. "Entretanto bordo y escudriño el cielo para ver pasar la belleza de los días".
Fue el 25 de octubre de 1946. Lo recuerdo porque está marcado a fuego en mi corazón. Ella no llegó a nuestra placita Rodez. Deambulé a la deriva y, de tanto en tanto, escudriñé el cielo.
Caminé hasta su habitáculo y el viejo barrendero del barrio me comunicó que había muerto la noche anterior y la Municipalidad se la había llevado para incinerarla. "Fue la hija predilecta de la familia Condillac", musitó.
Ingresé al habitáculo y en una tabla colgaba el bastidor con un hermoso bordado donde una anciana y un niño escudriñaban el cielo. Un papel decía: "A mi amado nomo".
Día tras día, detenía mi andar frente a ella. Adquirí también la costumbre de escudriñar el cielo como un mico a sus miradas: según las estaciones del año, había nubes viajeras con olores de distantes océanos, la hojarasca del otoño danzaba en torno nuestro y en el invierno (ella muy arropada con holgadas y ajadas vestiduras) la nieve nos trocaba en seres resplandecientes y tristes.
Acaso por su soledad, ella se parecía a mí, pues la guerra me había convertido en un huérfano vagabundo.
Después de unos días enfermo bajo el puente de la calle Saint-Etienne, caminé hasta la plaza Rodez. Me atreví a traspasar mi distancia acostumbrada y me detuve casi tiritando. Los ojos azules de la anciana se posaron en mí y, ante mi asombro, me sonrió. Yo también atiné a sonreír inquieto.
En el fluir de las mañanas, balbuceé un saludo. Y ella determinó acogerme súbitamente. Ya sentado a su lado, le inquirí por lo que hacía: era bordado en punto beauvais. En la ciudad de Beauvais, en el norte de Francia, familias enteras, tanto hombres como mujeres, "se sentaban alrededor de una gran mesa ubicada en el centro del hogar, apoyando cada uno su bastidor de bordado sobre la mesa.
De esta manera, comenzaba la tarea que daba lugar al ritual. Cada uno de los integrantes del grupo familiar se encargaba de confeccionar el tema del bordado que correspondía al color que les era asignado, de modo que al completar el color bordado se le pasaba el bastidor a quien le correspondía siguiendo así, una y otra vez, durante toda la jornada hasta completar la tarea".
"Algún día, vendrá mi familia a buscarme", sollozó. "Entretanto bordo y escudriño el cielo para ver pasar la belleza de los días".
Fue el 25 de octubre de 1946. Lo recuerdo porque está marcado a fuego en mi corazón. Ella no llegó a nuestra placita Rodez. Deambulé a la deriva y, de tanto en tanto, escudriñé el cielo.
Caminé hasta su habitáculo y el viejo barrendero del barrio me comunicó que había muerto la noche anterior y la Municipalidad se la había llevado para incinerarla. "Fue la hija predilecta de la familia Condillac", musitó.
Ingresé al habitáculo y en una tabla colgaba el bastidor con un hermoso bordado donde una anciana y un niño escudriñaban el cielo. Un papel decía: "A mi amado nomo".
Friday, October 23, 2009
el tiempo, ese viejo bromista desalmado
Hay un camino, trashumante, desde lo ignoto de los siglos. Y la transformación eterna de las cosas: cataclismos, fantásticos animales en mares que ardían, lentos perfumes desde el fondo de la tierra como serpientes hacia la luz, hermosas mejillas de luna que se convertían (y aún se convierten) en surcos y polvo, batallas con huesos triturados y cantos de victoria, energías en el metal para producir infinitas mercancías...
Por doquier, bailes y tálamos vertiginosos.
San Agustín cavilaba, asombrado, sobre el tiempo.
Se levantaban cartas astrales, las naves se guiaban por las estrellas y medían las horas.
En las esquinas de todos los espacios, cruentas conquistas, cruentos amores...
Y todo tenía que ocurrir: los milagros, los libros, el cine y sus espejismos que son un sempiterno girasol de sueños.
Las mismas cosas y tan diferentes cosas, una y otra vez.
Y ahora, casi al término de todos los siglos, con la esperanza aún en la punta de los zapatos, nos damos cuenta de que el tiempo, como dice Colombine, es ese viejo bromista desalmado que se empeña siempre en desajustar los relojes de cuerda...
------------
(A Colombine y a la magia de sus palabras)
Por doquier, bailes y tálamos vertiginosos.
San Agustín cavilaba, asombrado, sobre el tiempo.
Se levantaban cartas astrales, las naves se guiaban por las estrellas y medían las horas.
En las esquinas de todos los espacios, cruentas conquistas, cruentos amores...
Y todo tenía que ocurrir: los milagros, los libros, el cine y sus espejismos que son un sempiterno girasol de sueños.
Las mismas cosas y tan diferentes cosas, una y otra vez.
Y ahora, casi al término de todos los siglos, con la esperanza aún en la punta de los zapatos, nos damos cuenta de que el tiempo, como dice Colombine, es ese viejo bromista desalmado que se empeña siempre en desajustar los relojes de cuerda...
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(A Colombine y a la magia de sus palabras)
Sunday, October 18, 2009
el poeta es un fingidor
Ya lo decía Pessoa: "El poeta es un fingidor".
En este momento soy un relámpago y no lo soy.
Acaso un camaleón,
una burla con forma de pájaro,
un destrozado resplandor en el corazón del mar.
Y camino sin destino fingiendo destinos.
Abro puertas que cierro
y cierro dolores que abro.
¿Hasta cuándo fingiré que vengo mientras voy?
Y soy un extranjero ciego
dormido en la puerta de tu casa.
Imagíname en el baile de máscaras: tú vienes cuando ya no estoy...
En este momento soy un relámpago y no lo soy.
Acaso un camaleón,
una burla con forma de pájaro,
un destrozado resplandor en el corazón del mar.
Y camino sin destino fingiendo destinos.
Abro puertas que cierro
y cierro dolores que abro.
¿Hasta cuándo fingiré que vengo mientras voy?
Y soy un extranjero ciego
dormido en la puerta de tu casa.
Imagíname en el baile de máscaras: tú vienes cuando ya no estoy...
Thursday, October 08, 2009
y seguir cantando
Siempre estarás
(estaremos)
al sol
cantando
llena
(llenos) de cigarras
y de infinitos tiempos.
Y nunca habrá puñal,
ni llanto,
ni muerte.
Siempre amaneciendo
para seguir cantando.
---------------
(A Mercedes Sosa, la Negra)
(estaremos)
al sol
cantando
llena
(llenos) de cigarras
y de infinitos tiempos.
Y nunca habrá puñal,
ni llanto,
ni muerte.
Siempre amaneciendo
para seguir cantando.
---------------
(A Mercedes Sosa, la Negra)
Saturday, September 19, 2009
cuánto lamento no haberte amado más
Hermano mío:
Ayer supimos que habías muerto, el día 22, combatiendo en las trincheras de Verdún. Cuánto lamento no haberte amado más cuando vivías en casa con nosotros...
Tu hermano
Béziers, 27 de febrero de 1916.
------------
(La Batalla de Verdún fue la más larga de la Primera Guerra Mundial y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. El ataque alemán se inició el 21 de febrero de 1916, lanzando dos millones de bombas en un terreno de 40 km durante dos días. Las bajas francesas fueron de 20.000 soldados.)
Ayer supimos que habías muerto, el día 22, combatiendo en las trincheras de Verdún. Cuánto lamento no haberte amado más cuando vivías en casa con nosotros...
Tu hermano
Béziers, 27 de febrero de 1916.
------------
(La Batalla de Verdún fue la más larga de la Primera Guerra Mundial y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. El ataque alemán se inició el 21 de febrero de 1916, lanzando dos millones de bombas en un terreno de 40 km durante dos días. Las bajas francesas fueron de 20.000 soldados.)
Tuesday, September 15, 2009
aire-aire
Mi boca en el aire-aire
buscándote con locura de seda.
¡Cuántas ansias!
Y hechizo revelado.
¡Cuánta prisa que lleva el aire-aire hacia tu corazón!
Y en los trigales ardidos del verano
ráfagas,
el oro
y el conjuro,
la pasión desbocada como un aullido afilado,
tu pecho quemándose a destiempo.
Aire-aire.
Vístela con la transparencia más hermosa.
Mordisquéala como una manzana caída del sol.
Aire-aire.
Atrápala en una red invisible.
Y que mi boca sea
en ella
siempre
una llaga de amor y voracidad interminable...
buscándote con locura de seda.
¡Cuántas ansias!
Y hechizo revelado.
¡Cuánta prisa que lleva el aire-aire hacia tu corazón!
Y en los trigales ardidos del verano
ráfagas,
el oro
y el conjuro,
la pasión desbocada como un aullido afilado,
tu pecho quemándose a destiempo.
Aire-aire.
Vístela con la transparencia más hermosa.
Mordisquéala como una manzana caída del sol.
Aire-aire.
Atrápala en una red invisible.
Y que mi boca sea
en ella
siempre
una llaga de amor y voracidad interminable...
Friday, August 21, 2009
quizá lo que soñamos
Quizá lo que soñamos algún día
sea este río que fundó el pueblo
de la infancia entre las estrellas.
Quizá la vida sea un leño que arde
en el hermoso corazón de los vagabundos.
Y la palabra que pronunciamos al caer la noche
sea la llave de la casa
de "los espacios y tiempos infinitos".
sea este río que fundó el pueblo
de la infancia entre las estrellas.
Quizá la vida sea un leño que arde
en el hermoso corazón de los vagabundos.
Y la palabra que pronunciamos al caer la noche
sea la llave de la casa
de "los espacios y tiempos infinitos".
Friday, August 07, 2009
a propósito de la amistad
De manera hermosa dice Aristóteles que la amistad "es lo más necesario para la vida", pues sin amigos nadie querría vivir. Todos los bienes materiales no podrían compensar ese placer que significa tener un amigo y ejercer con él el bien supremo.
También es significativo que Aristóteles señale la correspondencia entre la amistad y el desdén por el dinero. Los amigos no son los que prestan plata o los que te halagan o los que hipócritamente te saludan. Los verdaderos amigos son solidarios: están en las buenas y en las malas. Expresan lo que piensan y lo dicen directamente. "En la pobreza y en las demás desgracias consideramos a los amigos como el único refugio".
Después Aristóteles señala tal vez la principal virtud de los buenos amigos: ayudan a guardarse del error, casi insinuando que un "amigo" que induce al mal, no puede ser en verdad amigo. También la verdadera amistad se construye después de varios años, día tras día, luego de observar y respetar las diferencias, virtudes y defectos de cada uno de los amigos. En pareja, está claro, se puede avanzar mejor que si se fuera solo. Por eso -citando el verso de la Ilíada- "dos cuando marchan juntos" están más educados para reflexionar y vivir.
En todo este conjunto de reflexiones Aristóteles demuestra emotividad, pero no patetismo. Un hombre que habla así de la amistad es porque la vivió con plenitud, tuvo grandes amigos y fue afortunado en el trato con los otros.
Y la bellísima voz de Walt Whitman dice:
Cuanto amo me persigue,
mis amigos me sofocan,
se amontonan sobre mis labios,
se apelotonan en los poros de mi piel,
me estrujan en las calles,
en los vestíbulos,
me visitan desnudos por la noche...
¡Hola! Me gritan por el día desde las rocas de los ríos;
se ciernen y pían sobre mi cabeza,
me llaman por mi nombre desde los huertos,
desde las viñas,
desde la maraña de los arbustos;
encienden todos los momentos de mi vida,
acarician mi cuerpo con dedos y labios balsámicos,
se sacan en silencio el corazón a puñados
para ofrecérmelo generosos...
(Dedicado a todos ustedes)
----------------------
Bibliografía sucinta:
Ética nicomaquea, Selnich Vivas Hurtado.
Ilíada, Homero, Canto X ("Dos decididos compañeros, cuando marchan juntos, son capaces de pensar y hacer muchas cosas").
Canto a mí mismo, Walt Whitman.
También es significativo que Aristóteles señale la correspondencia entre la amistad y el desdén por el dinero. Los amigos no son los que prestan plata o los que te halagan o los que hipócritamente te saludan. Los verdaderos amigos son solidarios: están en las buenas y en las malas. Expresan lo que piensan y lo dicen directamente. "En la pobreza y en las demás desgracias consideramos a los amigos como el único refugio".
Después Aristóteles señala tal vez la principal virtud de los buenos amigos: ayudan a guardarse del error, casi insinuando que un "amigo" que induce al mal, no puede ser en verdad amigo. También la verdadera amistad se construye después de varios años, día tras día, luego de observar y respetar las diferencias, virtudes y defectos de cada uno de los amigos. En pareja, está claro, se puede avanzar mejor que si se fuera solo. Por eso -citando el verso de la Ilíada- "dos cuando marchan juntos" están más educados para reflexionar y vivir.
En todo este conjunto de reflexiones Aristóteles demuestra emotividad, pero no patetismo. Un hombre que habla así de la amistad es porque la vivió con plenitud, tuvo grandes amigos y fue afortunado en el trato con los otros.
Y la bellísima voz de Walt Whitman dice:
Cuanto amo me persigue,
mis amigos me sofocan,
se amontonan sobre mis labios,
se apelotonan en los poros de mi piel,
me estrujan en las calles,
en los vestíbulos,
me visitan desnudos por la noche...
¡Hola! Me gritan por el día desde las rocas de los ríos;
se ciernen y pían sobre mi cabeza,
me llaman por mi nombre desde los huertos,
desde las viñas,
desde la maraña de los arbustos;
encienden todos los momentos de mi vida,
acarician mi cuerpo con dedos y labios balsámicos,
se sacan en silencio el corazón a puñados
para ofrecérmelo generosos...
(Dedicado a todos ustedes)
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Bibliografía sucinta:
Ética nicomaquea, Selnich Vivas Hurtado.
Ilíada, Homero, Canto X ("Dos decididos compañeros, cuando marchan juntos, son capaces de pensar y hacer muchas cosas").
Canto a mí mismo, Walt Whitman.
Friday, June 26, 2009
una pluma privilegiada
Una revista de arte honorifica, con letras de oro, al Dr. Vicious como pluma privilegiada. Doy fe de esto, haciendo relumbrar un relámpago en la mesa. Tiene unos escritos notables. De los últimos leídos, "La taberna del gato negro". Este palabrero rampante, de oscuridad y luz, puede pararse con vehemencia y garbo ante cualquier consagrado. Conózcanlo. Sigan el hilo de Ariadna en la búsqueda propicia. Y es bueno en ese navegar, hacia la isla del tesoro, llevar en el corazón la canción festiva de los antiguos hombres de mar: "Y otro poco de ron". Porque todo encuentro con un sorprendente autor es una hermosa aventura de soñadores.
Con un abrazo a mi camarada de letras, el Dr. Vicious.
drvicious.blogspot.com
Con un abrazo a mi camarada de letras, el Dr. Vicious.
drvicious.blogspot.com
Tuesday, May 26, 2009
qué de nuestra juventud alucinada
El aire trae,
por las tardes,
voces de un exilio inútil,
andrajos y soles quemados,
la nuez amarga del deseo
que en el árbol del ensueño
se transforma en diamante.
Todos nuestros secretos,
incluso los que permanecen en ti como una llaga,
están tatuados en las nubes,
en los camaleones
y en ciudades sumergidas
que habitan seres translúcidos.
Y la juventud,
nuestra juventud alucinada, voraz, ciega y distante,
aún brilla y se extingue en un paraíso inconcluso...
por las tardes,
voces de un exilio inútil,
andrajos y soles quemados,
la nuez amarga del deseo
que en el árbol del ensueño
se transforma en diamante.
Todos nuestros secretos,
incluso los que permanecen en ti como una llaga,
están tatuados en las nubes,
en los camaleones
y en ciudades sumergidas
que habitan seres translúcidos.
Y la juventud,
nuestra juventud alucinada, voraz, ciega y distante,
aún brilla y se extingue en un paraíso inconcluso...
Friday, May 15, 2009
si mañana amaneciera
Si mañana amaneciera
con tu desnudez
como la primera luz del día,
el azar,
en su ola más pura,
nos llevaría al lejano país
de todos los sueños...
con tu desnudez
como la primera luz del día,
el azar,
en su ola más pura,
nos llevaría al lejano país
de todos los sueños...
Thursday, May 07, 2009
y volver a iluminarse
Mi querida Claro de Luna:
El nácar como tal es una hermosísima sustancia orgánica-inorgánica brillante y con reflejos irisados o iridiscentes que los moluscos segregan para, oceánicamente, reparar lo dañado en su casa marina.
El recordar "la belleza del nácar" es, simplemente, creer que se puede reparar lo dañado en uno mismo. Sanar heridas. Y volver a iluminarse...
Un abrazo de Mentecato
El nácar como tal es una hermosísima sustancia orgánica-inorgánica brillante y con reflejos irisados o iridiscentes que los moluscos segregan para, oceánicamente, reparar lo dañado en su casa marina.
El recordar "la belleza del nácar" es, simplemente, creer que se puede reparar lo dañado en uno mismo. Sanar heridas. Y volver a iluminarse...
Un abrazo de Mentecato
Thursday, April 30, 2009
sueños de Alejandría
Algún día,
no sé desde qué azar
o mortaja,
si con lluvia
o al alba,
quizá a través de tiempos de lobos
o antílopes,
llegarán ancianos esclavos
de Alejandría
a soñar sueños que dejaron,
en nuestras ventanas,
hermosos gatos que vinieron de Alejandría.
no sé desde qué azar
o mortaja,
si con lluvia
o al alba,
quizá a través de tiempos de lobos
o antílopes,
llegarán ancianos esclavos
de Alejandría
a soñar sueños que dejaron,
en nuestras ventanas,
hermosos gatos que vinieron de Alejandría.
Saturday, March 21, 2009
la belleza del nácar
Si tu vida se fragmentó
y ya no esperas el iridiscente rocío,
ni la ingrávida nieve,
ni el mar,
ni el bullicio de la perdiz y el abanico,
ni los desbordes de la imaginación,
ni lo material e inmaterial de los misterios,
ni el ritmo y fluir de todas las cosas,
ni el poder incierto del delirio,
ni la perplejidad de los conjuros,
ni el barco de tus sueños,
ni la estremecida alegría
en las ramas del tiempo...
Recuerda simplemente la belleza del nácar.
------
(A Magda)
y ya no esperas el iridiscente rocío,
ni la ingrávida nieve,
ni el mar,
ni el bullicio de la perdiz y el abanico,
ni los desbordes de la imaginación,
ni lo material e inmaterial de los misterios,
ni el ritmo y fluir de todas las cosas,
ni el poder incierto del delirio,
ni la perplejidad de los conjuros,
ni el barco de tus sueños,
ni la estremecida alegría
en las ramas del tiempo...
Recuerda simplemente la belleza del nácar.
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(A Magda)
Monday, February 09, 2009
je suis en des vacances
Es un gorila que en cautiverio, por arte de birlibirloque, aprendió a repetir como una cacatúa: "Je suis en des vacances".
Mentecato, así llamado el gorila, de sol a luna sólo repite en su jaula: "Je suis en des vacances".
Los domingos frente a la jaula, un niño, que en verdad no es un niño sino un gorilita, ya sabe decir "je suis".
A Descartes, el filósofo francés, le habría dado un patatús al ver que un gorilita sabe decir "je suis", lo que a él le llevó años de reflexión ontológica.
Mentecato, así llamado el gorila, de sol a luna sólo repite en su jaula: "Je suis en des vacances".
Los domingos frente a la jaula, un niño, que en verdad no es un niño sino un gorilita, ya sabe decir "je suis".
A Descartes, el filósofo francés, le habría dado un patatús al ver que un gorilita sabe decir "je suis", lo que a él le llevó años de reflexión ontológica.
Wednesday, December 10, 2008
la apuesta
En una oscura taberna, la Envidia y el Odio, aviesamente, no hallaban la manera de matar al Amor. Planificaban sangrientas estrategias, inventaban artilugios pandémicos, discutían sobre pócimas mefíticas y, sin más, pagarían con oro el objetivo. Ya borrachos, desde una mesa aledaña, un sombrío tertuliano vestido de capa negra les apostó: "Yo puedo matar al Amor". Y concordaron el precio.
Tiempo después, el sombrío personaje había matado al Amor. Estupefactos, la Envidia y el Odio le preguntaron su nombre. Y él respondió: "Yo soy solamente la Rutina"...
-------------------------
(Narración oída en el Metro.)
Tiempo después, el sombrío personaje había matado al Amor. Estupefactos, la Envidia y el Odio le preguntaron su nombre. Y él respondió: "Yo soy solamente la Rutina"...
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(Narración oída en el Metro.)
Thursday, November 06, 2008
si todo fuera el hermoso respirar del tigre
Si todo fuera el hermoso respirar del tigre
en la hora más ardiente del día.
Si en cada mano el rayo dejara la eternidad como un anillo.
(Y no hubiera albur, ni fugacidad, ni ausencias, ni naufragios.)
Si al abrir la puerta del verano
tuviéramos la fecundidad del asombro y de la belleza,
y en cada nuez maduraran enigmas,
y regresaran los días que perdimos al cruzar los puentes.
Si desde los tiempos que se quemaron en inexorables travesías,
el olvido se trocara en una secreta comarca
y relumbrantes grillos chirriaran en las escarchas
y en las fisuras de nuestro obstinado destino.
Si en los umbrales del ensueño otras vidas nos atravesaran,
ávidas y envolventes, como verdes ríos.
Si pudiéramos estar ebrios para siempre en un instante azul,
en una estrella,
en la casa de los días más amados...
-----------------------
(A Vero, en el Buenos Aires infinito, bullicioso, con múltiples cornisas desde donde poder volar.)
en la hora más ardiente del día.
Si en cada mano el rayo dejara la eternidad como un anillo.
(Y no hubiera albur, ni fugacidad, ni ausencias, ni naufragios.)
Si al abrir la puerta del verano
tuviéramos la fecundidad del asombro y de la belleza,
y en cada nuez maduraran enigmas,
y regresaran los días que perdimos al cruzar los puentes.
Si desde los tiempos que se quemaron en inexorables travesías,
el olvido se trocara en una secreta comarca
y relumbrantes grillos chirriaran en las escarchas
y en las fisuras de nuestro obstinado destino.
Si en los umbrales del ensueño otras vidas nos atravesaran,
ávidas y envolventes, como verdes ríos.
Si pudiéramos estar ebrios para siempre en un instante azul,
en una estrella,
en la casa de los días más amados...
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(A Vero, en el Buenos Aires infinito, bullicioso, con múltiples cornisas desde donde poder volar.)
Tuesday, September 02, 2008
un haz de luz
El viejo despertó tiritando y con inusitada sensación de soledad. La mañana olía a pellejo de rata y la fugacidad del tiempo laceraba su piel. Salió de la casa y ante sí había un vastísimo desierto. Creyó estar dentro de un sueño maligno, pero tenía plena conciencia de su vigilia. Y donde su casa, repentinamente sólo arena. Hacia los cuatro puntos cardinales páramos sin confines y espejismos de la nada. Intentó recordar y asirse, pero no supo cómo. De pronto, en el sur hubo un resplandor: era un trozo de vidrio en que caía un haz de luz solar.
Ahí, el viejo empezó a escarbar en la arena. "Quizá encuentre una hermosa ciudad", se dijo...
Ahí, el viejo empezó a escarbar en la arena. "Quizá encuentre una hermosa ciudad", se dijo...
Monday, August 11, 2008
búscame
En el aire,
en la noche,
en los ciclos migratorios,
en la nieve que cae
más allá de olvidados pueblos de Finlandia,
en los cafés de Hamburgo,
en las tabernas y mercados de Estambul,
en las multitudes de Budapest,
en las grietas del ocaso,
en el vuelo de los ánades a flor de agua,
en el libro de los secretos
y en los enigmas que deslumbran,
en los muelles solitarios,
en la bruma de la nostalgia,
en el ayer
donde tu pálido rostro es más hermoso aún,
en las relojerías
y en los sueños que detienen el tiempo,
en la huella que siguen cazadores de osos,
en la casa abandonada de la infancia,
en el martilleo y fuego de las forjas,
en los almácigos,
en la risa que trae días de fiesta,
en las fotografías familiares,
en la proa de los veleros,
en las mañanas que ciegan de tanta luz,
en los ojos de las serpientes,
en los ojos de los maoríes,
en los ojos de los enamorados,
en los ojos tristes de los camellos
que surcan vastos desiertos,
en las canteras
donde los hombres envejecen como bestias,
en los claustros de oscuras filosofías,
en lo sagrado
y en lo impúdico de los lupanares de Marsella,
en el silencio de la muerte
y en la claridad de la palabra vida,
en los hospitales siquiátricos
y en los salones de baile,
en el fluir de los ríos y sus orillas,
en el calendario maya,
en el canto de los chamanes,
en las grandes arquitecturas
y en lo infinitesimal,
en la carta de amor que llegó a destiempo,
en el vino de las laderas,
entre los enanos de los circos,
entre los vagabundos del Sena,
entre los drogadictos del Bronx,
entre los suicidas,
entre los nigromantes
y los eclécticos,
en el poderoso perfume de los sexos,
en las manos que se aferran a otras manos
y otras y otras manos,
en el primer y último gemido,
entre tártaros amansadores de caballos,
entre pescadores de perlas,
entre capitanes, jíbaros y hoscos fugitivos,
entre las distantes estrellas
y más allá aún en planetas no descubiertos,
en las certidumbres
y en los remolinos,
en los fumaderos de opio,
en las tiendas de hechizos,
en las calles de la ciudad que amamos,
tras los muros,
al cruzar las montañas del Tíbet,
al leer poemas africanos,
en los acertijos platónicos,
en las heridas de los combatientes,
en la ceniza que cae del olvido,
en el plumaje colorido de los petirrojos,
en las voces de los ancestros alacalufes
que nos trae el viento del sur,
en los torneos de esgrima
y en los filmes de Ingmar Bergman,
en la esquina de Miraflores donde los saltimbanquis
te hacían reír los domingos,
en cada ola
y en toda la libertad que pueda soñar tu corazón...
búscame.
en la noche,
en los ciclos migratorios,
en la nieve que cae
más allá de olvidados pueblos de Finlandia,
en los cafés de Hamburgo,
en las tabernas y mercados de Estambul,
en las multitudes de Budapest,
en las grietas del ocaso,
en el vuelo de los ánades a flor de agua,
en el libro de los secretos
y en los enigmas que deslumbran,
en los muelles solitarios,
en la bruma de la nostalgia,
en el ayer
donde tu pálido rostro es más hermoso aún,
en las relojerías
y en los sueños que detienen el tiempo,
en la huella que siguen cazadores de osos,
en la casa abandonada de la infancia,
en el martilleo y fuego de las forjas,
en los almácigos,
en la risa que trae días de fiesta,
en las fotografías familiares,
en la proa de los veleros,
en las mañanas que ciegan de tanta luz,
en los ojos de las serpientes,
en los ojos de los maoríes,
en los ojos de los enamorados,
en los ojos tristes de los camellos
que surcan vastos desiertos,
en las canteras
donde los hombres envejecen como bestias,
en los claustros de oscuras filosofías,
en lo sagrado
y en lo impúdico de los lupanares de Marsella,
en el silencio de la muerte
y en la claridad de la palabra vida,
en los hospitales siquiátricos
y en los salones de baile,
en el fluir de los ríos y sus orillas,
en el calendario maya,
en el canto de los chamanes,
en las grandes arquitecturas
y en lo infinitesimal,
en la carta de amor que llegó a destiempo,
en el vino de las laderas,
entre los enanos de los circos,
entre los vagabundos del Sena,
entre los drogadictos del Bronx,
entre los suicidas,
entre los nigromantes
y los eclécticos,
en el poderoso perfume de los sexos,
en las manos que se aferran a otras manos
y otras y otras manos,
en el primer y último gemido,
entre tártaros amansadores de caballos,
entre pescadores de perlas,
entre capitanes, jíbaros y hoscos fugitivos,
entre las distantes estrellas
y más allá aún en planetas no descubiertos,
en las certidumbres
y en los remolinos,
en los fumaderos de opio,
en las tiendas de hechizos,
en las calles de la ciudad que amamos,
tras los muros,
al cruzar las montañas del Tíbet,
al leer poemas africanos,
en los acertijos platónicos,
en las heridas de los combatientes,
en la ceniza que cae del olvido,
en el plumaje colorido de los petirrojos,
en las voces de los ancestros alacalufes
que nos trae el viento del sur,
en los torneos de esgrima
y en los filmes de Ingmar Bergman,
en la esquina de Miraflores donde los saltimbanquis
te hacían reír los domingos,
en cada ola
y en toda la libertad que pueda soñar tu corazón...
búscame.
Monday, June 23, 2008
mentecato vuela a través de delirios
Mentecato vuela hasta agosto entre cachuditos de cabeza negra, abdomen amarillo y barba de torbellinos; entre chiricocas extravagantes de cuello blanco y patas de crepúsculos; entre choroyes verdes vigilantes de cielos y arco iris; entre rayaditos de Más Afuera con capa de nostalgias y harinas de la mañana; entre turcas pálidas de garganta blanca como espuma de todos los océanos; entre picaflores de cabeza verde con corona roja de vinos turbulentos; entre bandurrias de patas carmesíes y corazón de oleajes; entre bulliciosas orquestas del viento austral; entre carpinteros negros brillando azules y afanosos en las arboledas del sur; entre garzas y estrellas del fin del mundo; entre cormoranes de las islas añoradas; entre torcazas de patas rojo púrpura que tejen con raicillas las dulces sombras y los recuerdos de los enterrados; entre peuquitos pecho gris ceniza y patas amarillas que cantan en medio del bosque...
Después, cuando termine ebrio de horizontes, vértigos y belleza, Mentecato se sentará a orillas del mar a esperar que "el barco de sus sueños regrese..."
Después, cuando termine ebrio de horizontes, vértigos y belleza, Mentecato se sentará a orillas del mar a esperar que "el barco de sus sueños regrese..."
Thursday, June 12, 2008
a la deriva y agónicos
Después
del jadeo
de nuestros
cuerpos
desnudos,
la hojarasca
de la dicha
nos cubrió
lentamente:
éramos
los únicos seres
que,
a la deriva
y agónicos,
resplandecían
en el Universo...
del jadeo
de nuestros
cuerpos
desnudos,
la hojarasca
de la dicha
nos cubrió
lentamente:
éramos
los únicos seres
que,
a la deriva
y agónicos,
resplandecían
en el Universo...
Thursday, June 05, 2008
maldito demonio
Me siento impotente
porque aún no sé cómo hacerte pequeño,
pequeño como guardarte entre mis manos
para darte un beso y te quedaras dormido
acunado en mi vientre.
Y te aferraras como un animalito,
te guardaras allí todo el tiempo,
te asomaras sin obligaciones,
te sanaras sin presión del mundo
y sólo con mi calor quemándote la espalda
salieras un día cualquiera,
subieras a mi cuello
y me dieras una mordida mortal
que, por fin, me hiciera tuya.
----------------
(Un bellísimo poema de mi compañera de letras La peor de todas)
porque aún no sé cómo hacerte pequeño,
pequeño como guardarte entre mis manos
para darte un beso y te quedaras dormido
acunado en mi vientre.
Y te aferraras como un animalito,
te guardaras allí todo el tiempo,
te asomaras sin obligaciones,
te sanaras sin presión del mundo
y sólo con mi calor quemándote la espalda
salieras un día cualquiera,
subieras a mi cuello
y me dieras una mordida mortal
que, por fin, me hiciera tuya.
----------------
(Un bellísimo poema de mi compañera de letras La peor de todas)
Monday, May 19, 2008
libertad, te nombro y te escribo
El humo era muy intenso. La gente no podía respirar. Sentían las bocas resecas, como si estuvieran masticando arena. Los obuses y las cargas de los cañones no paraban de estallar por todos lados. Unos tres millones de alemanes permanecían hacinados en los refugios o entre las ruinas de la capital. Menos de 80.000 soldados de la Wehrmacht, unos oficiales de las infames Waffen SS y unos niños fanáticos de las Juventudes Hitlerianas se enfrentaban a un millón y medio de rusos del Ejército Rojo que avanzaban con 6.000 tanques. Al mediodía de esta primavera alemana no se veía el cielo. Todo estaba oscuro y sólo se iluminaba con las explosiones o los incendios. A veces, lo único que se veían eran los flashazos y la estela que dejan las balas trazadoras. Era el 3 de mayo de 1945, el último día de la guerra intensa en Europa. Caía Berlín.
Liza Zajac tenía 18 años, el número de prisionera 33.502 tatuado en su brazo izquierdo. Había sido liberada cinco días antes y ese 8 de mayo fue testigo del primer encuentro entre soldados rusos y estadounidenses en las orillas del río Elba. La habían rescatado los rusos cuando logró escapar de la Marcha de la Muerte de 5.000 prisioneros del campo de concentración de Auschwitz que caminaron por cuatro meses hacia Berlín. Hoy, a los 78 años, recuerda ese día desde su departamento en el barrio porteño de Belgrano: No me alegré de nada. Estaba perpleja. Me sentía totalmente desprotegida. Era libre, pero ya no tenía a nadie conmigo más que una tía. Veía cómo los soldados rusos y americanos festejaban, pero yo no tenía esa alegría. La liberación para mí fue como asomarme a un abismo. Recién, después, con el tiempo, pude apropiarme de esa libertad y hasta hoy cada vez que levanto una copa brindo por la liberación y me acuerdo de las palabras de Paul Eluard: "Libertad, te nombro y te escribo".
(Por Gustavo Sierra, corresponsal de Clarín.)
Liza Zajac tenía 18 años, el número de prisionera 33.502 tatuado en su brazo izquierdo. Había sido liberada cinco días antes y ese 8 de mayo fue testigo del primer encuentro entre soldados rusos y estadounidenses en las orillas del río Elba. La habían rescatado los rusos cuando logró escapar de la Marcha de la Muerte de 5.000 prisioneros del campo de concentración de Auschwitz que caminaron por cuatro meses hacia Berlín. Hoy, a los 78 años, recuerda ese día desde su departamento en el barrio porteño de Belgrano: No me alegré de nada. Estaba perpleja. Me sentía totalmente desprotegida. Era libre, pero ya no tenía a nadie conmigo más que una tía. Veía cómo los soldados rusos y americanos festejaban, pero yo no tenía esa alegría. La liberación para mí fue como asomarme a un abismo. Recién, después, con el tiempo, pude apropiarme de esa libertad y hasta hoy cada vez que levanto una copa brindo por la liberación y me acuerdo de las palabras de Paul Eluard: "Libertad, te nombro y te escribo".
(Por Gustavo Sierra, corresponsal de Clarín.)
Sunday, April 20, 2008
siempre te veré en mis sueños
Y aunque tú me lo niegues, siempre te veré en mis sueños...
Thursday, April 10, 2008
una oscura serpiente entre las rosas
Me besó. La locomotora resoplaba como un animal herido. Y ella se dirigió a uno de los vagones. Recordé el brevísimo cuento de Hemingway: "Se venden zapatos de niño sin estrenar". (Nuestro único hijo había muerto al nacer y eso nos quebró.) El conductor pitó la partida. Miré, y, a lo lejos, el tren reptaba como una oscura serpiente entre las rosas...
Tuesday, January 29, 2008
la máquina de la felicidad
Mi cráneo es un sempiterno revoltijo de ideas, alucinaciones, maquetas, agibílibus y dispositivos secretos para resolver todos los acertijos de la vida cotidiana.
Estuve escudriñando durante dos años la máquina para cazar ranas, el asador automático, los higrómetros, los carros de combate, las ralladoras de pan, las pulidoras de espejos, las fabricadoras de maromas o calabrotes, las rebanadoras de huevos y otros artificios inventados por Leonardo da Vinci. Pero yo querría inventar una máquina para crear la felicidad o máquina de la felicidad.
Todo sería cuestión de un amasijo mágico o fórmula de ingredientes para que la máquina creara la felicidad. ¿Sería la luz de las estrellas, o el rocío, o el perfume de un seno femenino, o la palabra amor, o el tañido de un laúd, o una gran infinidad de especias la base de dicha fórmula?
¿Sería posible cortar en tajadas la luz de las estrellas o el tañido de un laúd?
La máquina alzaría un caño hacia el cielo y un cuchillo afiladísimo estaría al acecho para cuando la luz estelar fluyera caño abajo la cortara a tajadas. A su vez, un engranaje perfecto molería la infinidad de especias...
¿O la luz del Sol?
He leído, como hombre amantísimo de las letras divinas y humanas, el libro De divinis nominibus del bienaventurado Dionisio Aeropagita: La luz reúne y hace converger hacia sí a todas las cosas que se ven, que brillan, que se desplazan, que calientan y, en una palabra, a todas las cosas que están contenidas en su esplendor. Por ello el Sol es llamado Ilio, porque reúne todas las cosas dispersas.
Sí debo ser muy cuidadoso para que funcione a la perfección la máquina de la felicidad y no suceda lo de Leonardo cuando quiso automatizar la cocina.
Sabba da Castiglione di Pietro Alemani, embajador florentino en la corte de Sforza, narró: La cocina del maestro Leonardo es un gran caos. El señor Ludovico me ha dicho que el afán de los últimos meses se había hecho con la intención de economizar esfuerzos humanos; pero ahora, en vez de los veinte cocineros antes empleados en las cocinas, las personas que se apiñan en este lugar llegan casi al centenar y ninguno de los que yo pude ver estaba cocinando, sino que todos estaban atareados con los grandes dispositivos que ocupaban todo el suelo y los muros, ninguno de los cuales parecía comportarse de manera útil o para la tarea que fue creado.
En un extremo del recinto una gran noria, empujada por una furiosa cascada, vomitaba y rociaba con sus aguas a todos los que pasaban por debajo, y había transformado el suelo en un lago. Fuelles gigantescos, cada uno de tres metros y medio de largo, colgaban de los techos, siseando y rugiendo con el propósito de limpiar los humos de los fuegos; pero todo lo que lograban era avivar las llamas, en perjuicio de aquellos que debían estar cerca del fuego; tan peligrosas eran las errantes llamas que una multitud de hombres armados de cubos se afanaban en tratar de dominarlas, aun cuando otras aguas brotaban en chorros de cada rincón de los techos.
Y en este catastrófico lugar se paseaban por todas partes caballos y bueyes, algunos dando vueltas y más vueltas, y otros arrastrando los ingenios para limpiar los suelos del maestro Leonardo; realizando sus tareas con denuedo, pero también seguidos de otro ejército de hombres para limpiar las suciedades de los animales.
Los gritos que habíamos oído los proferían pobres desdichados que estaban abrasándose o ahogándose o asfixiándose; rugían las explosiones de la pólvora que el maestro Leonardo se empeñó en utilizar para prender sus fuegos sin llama; y, como si este estruendo no resultara suficiente, aún se combinaba con la música de sus tambores que redoblaban, aunque los que tocaban los órganos de boca creo que se habían ahogado.
Por lo que debo pensar algorítmicamente, porque inventar la máquina de la felicidad no es una industria menor y requiere, indudablemente, de una gran destreza...
Estuve escudriñando durante dos años la máquina para cazar ranas, el asador automático, los higrómetros, los carros de combate, las ralladoras de pan, las pulidoras de espejos, las fabricadoras de maromas o calabrotes, las rebanadoras de huevos y otros artificios inventados por Leonardo da Vinci. Pero yo querría inventar una máquina para crear la felicidad o máquina de la felicidad.
Todo sería cuestión de un amasijo mágico o fórmula de ingredientes para que la máquina creara la felicidad. ¿Sería la luz de las estrellas, o el rocío, o el perfume de un seno femenino, o la palabra amor, o el tañido de un laúd, o una gran infinidad de especias la base de dicha fórmula?
¿Sería posible cortar en tajadas la luz de las estrellas o el tañido de un laúd?
La máquina alzaría un caño hacia el cielo y un cuchillo afiladísimo estaría al acecho para cuando la luz estelar fluyera caño abajo la cortara a tajadas. A su vez, un engranaje perfecto molería la infinidad de especias...
¿O la luz del Sol?
He leído, como hombre amantísimo de las letras divinas y humanas, el libro De divinis nominibus del bienaventurado Dionisio Aeropagita: La luz reúne y hace converger hacia sí a todas las cosas que se ven, que brillan, que se desplazan, que calientan y, en una palabra, a todas las cosas que están contenidas en su esplendor. Por ello el Sol es llamado Ilio, porque reúne todas las cosas dispersas.
Sí debo ser muy cuidadoso para que funcione a la perfección la máquina de la felicidad y no suceda lo de Leonardo cuando quiso automatizar la cocina.
Sabba da Castiglione di Pietro Alemani, embajador florentino en la corte de Sforza, narró: La cocina del maestro Leonardo es un gran caos. El señor Ludovico me ha dicho que el afán de los últimos meses se había hecho con la intención de economizar esfuerzos humanos; pero ahora, en vez de los veinte cocineros antes empleados en las cocinas, las personas que se apiñan en este lugar llegan casi al centenar y ninguno de los que yo pude ver estaba cocinando, sino que todos estaban atareados con los grandes dispositivos que ocupaban todo el suelo y los muros, ninguno de los cuales parecía comportarse de manera útil o para la tarea que fue creado.
En un extremo del recinto una gran noria, empujada por una furiosa cascada, vomitaba y rociaba con sus aguas a todos los que pasaban por debajo, y había transformado el suelo en un lago. Fuelles gigantescos, cada uno de tres metros y medio de largo, colgaban de los techos, siseando y rugiendo con el propósito de limpiar los humos de los fuegos; pero todo lo que lograban era avivar las llamas, en perjuicio de aquellos que debían estar cerca del fuego; tan peligrosas eran las errantes llamas que una multitud de hombres armados de cubos se afanaban en tratar de dominarlas, aun cuando otras aguas brotaban en chorros de cada rincón de los techos.
Y en este catastrófico lugar se paseaban por todas partes caballos y bueyes, algunos dando vueltas y más vueltas, y otros arrastrando los ingenios para limpiar los suelos del maestro Leonardo; realizando sus tareas con denuedo, pero también seguidos de otro ejército de hombres para limpiar las suciedades de los animales.
Los gritos que habíamos oído los proferían pobres desdichados que estaban abrasándose o ahogándose o asfixiándose; rugían las explosiones de la pólvora que el maestro Leonardo se empeñó en utilizar para prender sus fuegos sin llama; y, como si este estruendo no resultara suficiente, aún se combinaba con la música de sus tambores que redoblaban, aunque los que tocaban los órganos de boca creo que se habían ahogado.
Por lo que debo pensar algorítmicamente, porque inventar la máquina de la felicidad no es una industria menor y requiere, indudablemente, de una gran destreza...
Thursday, December 20, 2007
la llegada del mar
Había volcanes en erupción, polvo transportado por ardientes vientos, erosiones, avalanchas, radiaciones, meteoritos que abrían cráteres, rocas fracturadas...
Metálicos escarabajos emergían de troncos putrefactos. Sus larvas, temblorosas y quemadas, horadaban la madera podrida y se alimentaban de su celulosa.
El andrajoso hombre, arqueado de dolor por su piel desgarrada, era el último ser humano que habitaba el planeta. De pronto, caía en trance, sangraba por la nariz, e intentaba entrar al mundo de los espíritus: soñaba con corales de fuego, miles de medusas lo atacaban, estrellas de coronas de espinas le inyectaban su veneno, el pez escorpión le provocaba convulsiones y pérdida de total conciencia...
Una mañana, vio volar desde el Oeste un cormorán marino moribundo. Y recordó que, antes del cataclismo nuclear, él reparaba las jarcias de su velero. En el entorno, revoloteaban los patos buzos, los ibis rosados, las garzas blancas, negras y azules. Más allá, las cataratas resplandecientes y los bosques frutales.
Y aún en su memoria perturbada cuando los hongos nucleares subieron al cielo y toda la Tierra se estremeció. El mar se recogió hasta el horizonte y no había más que volcanes en erupción, polvo transportado por ardientes vientos, erosiones, avalanchas, radiaciones, meteoritos que abrían cráteres, rocas fracturadas...
El hombre lloró y con los ojos hacia el horizonte esperó, desde los espacios calcinados, la llegada del mar...
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(Dedicado a meine kleine Schwester).
Metálicos escarabajos emergían de troncos putrefactos. Sus larvas, temblorosas y quemadas, horadaban la madera podrida y se alimentaban de su celulosa.
El andrajoso hombre, arqueado de dolor por su piel desgarrada, era el último ser humano que habitaba el planeta. De pronto, caía en trance, sangraba por la nariz, e intentaba entrar al mundo de los espíritus: soñaba con corales de fuego, miles de medusas lo atacaban, estrellas de coronas de espinas le inyectaban su veneno, el pez escorpión le provocaba convulsiones y pérdida de total conciencia...
Una mañana, vio volar desde el Oeste un cormorán marino moribundo. Y recordó que, antes del cataclismo nuclear, él reparaba las jarcias de su velero. En el entorno, revoloteaban los patos buzos, los ibis rosados, las garzas blancas, negras y azules. Más allá, las cataratas resplandecientes y los bosques frutales.
Y aún en su memoria perturbada cuando los hongos nucleares subieron al cielo y toda la Tierra se estremeció. El mar se recogió hasta el horizonte y no había más que volcanes en erupción, polvo transportado por ardientes vientos, erosiones, avalanchas, radiaciones, meteoritos que abrían cráteres, rocas fracturadas...
El hombre lloró y con los ojos hacia el horizonte esperó, desde los espacios calcinados, la llegada del mar...
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(Dedicado a meine kleine Schwester).
Tuesday, December 11, 2007
latieré khako
Abdou, niño senegalés de 9 años, huyó hacia las montañas durante la masacre que arrasó su aldea natal. Rougui, una compañera de escuela también de 9 años, le pidió antes de morir: "Coge una piedrecita y llévala junto a tu corazón. Así podré estar siempre contigo".
Ya fatigado, Abdou comió algo de latieré khako (guiso a base de sémola y espinaca) que escondía en un sucio pañuelo, besó la piedrecita translúcida que encontró a orillas de un río y se durmió en una grieta bajo un añoso árbol...
Lejos, en un lujoso departamento neoyorquino aledaño al edificio Chrysler, el multimillonario Bernard Blondel trozaba el pavo para la cena de Navidad. Su hijo Tony, de 9 años, observaba con fastidio a su padre. Se deslizó a ver su regalo de Nochebuena: un notebook. Se le ocurrió una idea maligna: con un pisapapeles de lapislázuli rompió varias teclas del adminículo. Indudablemente, le traerían otro.
Regresó al comedor. Contempló con displicencia los trozos de pavo. "Otra vez comer un gordo y repugnante pavo", se dijo con hastío...
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(Desde Skansen, Suecia).
Ya fatigado, Abdou comió algo de latieré khako (guiso a base de sémola y espinaca) que escondía en un sucio pañuelo, besó la piedrecita translúcida que encontró a orillas de un río y se durmió en una grieta bajo un añoso árbol...
Lejos, en un lujoso departamento neoyorquino aledaño al edificio Chrysler, el multimillonario Bernard Blondel trozaba el pavo para la cena de Navidad. Su hijo Tony, de 9 años, observaba con fastidio a su padre. Se deslizó a ver su regalo de Nochebuena: un notebook. Se le ocurrió una idea maligna: con un pisapapeles de lapislázuli rompió varias teclas del adminículo. Indudablemente, le traerían otro.
Regresó al comedor. Contempló con displicencia los trozos de pavo. "Otra vez comer un gordo y repugnante pavo", se dijo con hastío...
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(Desde Skansen, Suecia).
Saturday, December 08, 2007
temporada mágica de trolls
Como todos los fines de año, Mentecato viajará a Skansen, Suecia, a trabajar de troll para las fiestas navideñas nórdicas. Deambulará por Lill-Skansen, rodeado de cabras, conejos, diminutos jabalíes, pavos reales, cigüeñas y gansos; bailará ebrio como en la noche de Walpurgis (o Valborgsmässoafton); vigilará la Sala Dorada y el Vestíbulo Azul de los sueños de los niños; dormirá bajo las hojas ocres, rojas y amarillas de los parques, y amasará, cada amanecer, deliciosísimos panes de miel y leche en las panaderías de hornos de leña milenaria.
Lo podrán reconocer, sin duda alguna, en la Plaza Stortorget: enano, rechoncho, gibado, de nariz descomunal, mostachos de zapatero remendón, calvo con hilillos de cabellos rojizos sobre los hombros; pero no le hablen: podría quemarse como una antorcha de tulipanes o ser castigado a esclavitud, por todas las eternidades, en las cavernas bajo el lago Mälar.
Si ven a pequeñuelos rondar a su alrededor, hagan lo mismo: bailarán dichosos y alados por todos los cielos.
Al culminar el año, en el corazón de ustedes habrá tañidos mágicos, explosiones de luz y serán tocados por el dedo de la fortuna.
Hasta el retorno con un gran abrazo.
Lo podrán reconocer, sin duda alguna, en la Plaza Stortorget: enano, rechoncho, gibado, de nariz descomunal, mostachos de zapatero remendón, calvo con hilillos de cabellos rojizos sobre los hombros; pero no le hablen: podría quemarse como una antorcha de tulipanes o ser castigado a esclavitud, por todas las eternidades, en las cavernas bajo el lago Mälar.
Si ven a pequeñuelos rondar a su alrededor, hagan lo mismo: bailarán dichosos y alados por todos los cielos.
Al culminar el año, en el corazón de ustedes habrá tañidos mágicos, explosiones de luz y serán tocados por el dedo de la fortuna.
Hasta el retorno con un gran abrazo.
Monday, December 03, 2007
y volaste como un ruiseñor
Entre el objeto y la palabra,
arde tu alma,
tu dulzura,
tu dolor de pueblos avasallados
en sus memorias y jazmines...
(Tu hijo Marcelo y tu nuera Claudia
cayeron abrazados a una estrella
repentinamente oscura).
Y volaste como un ruiseñor,
heroico,
cubierto de pavor
y cenizas,
a través de soles mutilados,
de huesos ajenos,
de papeles ajenos,
de fronteras ajenas,
en busca de tu nieta María Macarena
que te esperaba, durante 23 años,
pálida y triste
en medio de la nada...
--------------
(Dedicado al poeta argentino Juan Gelman, Premio Cervantes 2007).
arde tu alma,
tu dulzura,
tu dolor de pueblos avasallados
en sus memorias y jazmines...
(Tu hijo Marcelo y tu nuera Claudia
cayeron abrazados a una estrella
repentinamente oscura).
Y volaste como un ruiseñor,
heroico,
cubierto de pavor
y cenizas,
a través de soles mutilados,
de huesos ajenos,
de papeles ajenos,
de fronteras ajenas,
en busca de tu nieta María Macarena
que te esperaba, durante 23 años,
pálida y triste
en medio de la nada...
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(Dedicado al poeta argentino Juan Gelman, Premio Cervantes 2007).
Sunday, November 25, 2007
recuerdo
Recibí el libro "Poemas para ser cantados al alba", cuya autoría es de mi entrañable amigo Mario Guíñez. Al azar, escojo un poema:
Recuerdo
El jardín bordado de azucenas,
las violetas pintadas de acuarela,
la luna cruzando la montaña,
la lluvia que caía cristalina en el pasto,
el puente de piedra elevado sobre el río,
los pájaros que anidaban en el viento,
las manzanas endulzadas por el sol.
Hermano, hermanito,
¿recuerdas lo dulce que era nuestra casa
cuando éramos pequeños?
--------------
(Mario Guíñez, 1955, licenciado en Educación, oriundo de Peñaflor, Chile, localidad de huertos y cañaverales, y en donde las melodías de arpas aroman los rosales...)
Recuerdo
El jardín bordado de azucenas,
las violetas pintadas de acuarela,
la luna cruzando la montaña,
la lluvia que caía cristalina en el pasto,
el puente de piedra elevado sobre el río,
los pájaros que anidaban en el viento,
las manzanas endulzadas por el sol.
Hermano, hermanito,
¿recuerdas lo dulce que era nuestra casa
cuando éramos pequeños?
--------------
(Mario Guíñez, 1955, licenciado en Educación, oriundo de Peñaflor, Chile, localidad de huertos y cañaverales, y en donde las melodías de arpas aroman los rosales...)
Sunday, October 28, 2007
el regreso de las garzas
Cuando mi hermano mayor regresó a casa, en su frente afloraba una herida a fuego que parecía una garza muerta.
Había conocido todo el mundo. Siempre después de clases, me sentaba en la cocina a oírlo maravillado, mientras nuestra madre le horneaba su pastel predilecto: Viví en la isla Isabel, México, rodeado de pájaros bobos de patas azules, pelícanos, fragatas, gaviotas, aves del trópico; en los manglares, buscaba cangrejos ermitaños, lagartijas y caracoles; me perseguían las iguanas porque me creían su padre cósmico; al tumbarme en la playa, los pelícanos graznaban y se echaban a mi lado; en los acantilados del Faro, entraba en cavernas de múltiples formas y de impresionante belleza.
En la cuenca del Amazonas, recolectaba el ayahuasca: sus rugosas lianas, que cuelgan como serpientes enredadas, contienen sustancias sicoactivas; un brebaje preparado con esta planta, más otros alcaloides, me producía un profundo conocimiento; el chamán después de ingerirlo adquiría poder y sabiduría, y podía defender a su tribu de los elementos, los espíritus y el destino.
Él viajaba por Laponia en trineos tirados por renos; corría desnudo bajo la luna y se frotaba el cuerpo con la nieve para que su corazón fuera el más hermoso; había construido una casita en un bosquecillo de abedules y los renos de los alrededores lo visitaban todas las mañanas.
Fui pescador en el río Níger; viajé con tuaregs por el desierto, me enseñaron a descubrir oasis y a criar dromedarios; en un caserío ribereño, construía piraguas y ataba mensajes de amor en las patas de los cormoranes; todos vivíamos en perfecta armonía: los hombres, el río y las aves acuáticas; aprendí a interpretar antiguos mitos y pertenecí al consejo de los ancianos.
De pronto, una tarde, me tomó las manos y me dijo al oído, en secreto: ¿Sabes que yo conocí el lagarto más grande del mundo? Se llama el dragón de Komodo, habita en una isla de Australia, mide cuatro metros de largo y se alimenta de roedores, insectos, carroña, huevos, jabalíes y ciervos; su color es gris pardusco con manchas circulares rojas; sus patas, con dedos de largas uñas, son cortas y fuertes y tiene una cola tan larga como la cabeza y el cuerpo...
A veces, se ponía melancólico y callaba, miraba por la ventana y respiraba como las aves a punto de alzar el vuelo...
Me enamoré de una bella muchacha en Estambul, me gritó una noche de tormenta estival.
Al declinar aquel verano, unos hombres de blanco lo llevaron de vuelta al hospital siquiátrico.
Y en un bolsillo de mi chaqueta encontré un mensaje suyo: Cuando vayas a Estambul, ama a todas las mujeres que puedas en los burdeles junto al mar.
He ido a Estambul y en el puente de Yeni Cami esperé, cada amanecer, el regreso de las garzas...
---------------------
(Dedicado a mi compañera de letras "La peor de todas").
Había conocido todo el mundo. Siempre después de clases, me sentaba en la cocina a oírlo maravillado, mientras nuestra madre le horneaba su pastel predilecto: Viví en la isla Isabel, México, rodeado de pájaros bobos de patas azules, pelícanos, fragatas, gaviotas, aves del trópico; en los manglares, buscaba cangrejos ermitaños, lagartijas y caracoles; me perseguían las iguanas porque me creían su padre cósmico; al tumbarme en la playa, los pelícanos graznaban y se echaban a mi lado; en los acantilados del Faro, entraba en cavernas de múltiples formas y de impresionante belleza.
En la cuenca del Amazonas, recolectaba el ayahuasca: sus rugosas lianas, que cuelgan como serpientes enredadas, contienen sustancias sicoactivas; un brebaje preparado con esta planta, más otros alcaloides, me producía un profundo conocimiento; el chamán después de ingerirlo adquiría poder y sabiduría, y podía defender a su tribu de los elementos, los espíritus y el destino.
Él viajaba por Laponia en trineos tirados por renos; corría desnudo bajo la luna y se frotaba el cuerpo con la nieve para que su corazón fuera el más hermoso; había construido una casita en un bosquecillo de abedules y los renos de los alrededores lo visitaban todas las mañanas.
Fui pescador en el río Níger; viajé con tuaregs por el desierto, me enseñaron a descubrir oasis y a criar dromedarios; en un caserío ribereño, construía piraguas y ataba mensajes de amor en las patas de los cormoranes; todos vivíamos en perfecta armonía: los hombres, el río y las aves acuáticas; aprendí a interpretar antiguos mitos y pertenecí al consejo de los ancianos.
De pronto, una tarde, me tomó las manos y me dijo al oído, en secreto: ¿Sabes que yo conocí el lagarto más grande del mundo? Se llama el dragón de Komodo, habita en una isla de Australia, mide cuatro metros de largo y se alimenta de roedores, insectos, carroña, huevos, jabalíes y ciervos; su color es gris pardusco con manchas circulares rojas; sus patas, con dedos de largas uñas, son cortas y fuertes y tiene una cola tan larga como la cabeza y el cuerpo...
A veces, se ponía melancólico y callaba, miraba por la ventana y respiraba como las aves a punto de alzar el vuelo...
Me enamoré de una bella muchacha en Estambul, me gritó una noche de tormenta estival.
Al declinar aquel verano, unos hombres de blanco lo llevaron de vuelta al hospital siquiátrico.
Y en un bolsillo de mi chaqueta encontré un mensaje suyo: Cuando vayas a Estambul, ama a todas las mujeres que puedas en los burdeles junto al mar.
He ido a Estambul y en el puente de Yeni Cami esperé, cada amanecer, el regreso de las garzas...
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(Dedicado a mi compañera de letras "La peor de todas").
Thursday, October 11, 2007
un tiempo deslumbrante
Había en el ayer inciertas batallas
que destellaban en la maleza.
Había inexorables pasos en busca del mar,
de hundidos espacios cruzados por bellos artilugios,
de truenos,
del Edén que se soñaba eterno,
de matices y fantasmas.
Había un tiempo deslumbrante.
Y sólo los audaces regresaban,
cada noche,
a los torrentes,
a los bellos artilugios,
a los muslos en llamas,
a las inciertas batallas
que destellaban en la maleza...
que destellaban en la maleza.
Había inexorables pasos en busca del mar,
de hundidos espacios cruzados por bellos artilugios,
de truenos,
del Edén que se soñaba eterno,
de matices y fantasmas.
Había un tiempo deslumbrante.
Y sólo los audaces regresaban,
cada noche,
a los torrentes,
a los bellos artilugios,
a los muslos en llamas,
a las inciertas batallas
que destellaban en la maleza...
Friday, August 24, 2007
fuego y ritmo
Caía una lluvia lánguida, casi garúa. Los aldeanos de Kaxicane abrazaron al poeta Antonio Agostinho Neto. Camino al hogar, desaparecieron por los senderos del bosque. Por la noche, en un claro de las arboledas, cantaron junto al fuego. Antonio Agostinho les recitó su poema "Fuego y ritmo":
Sones de grilletes en las carreteras
cantos de pájaros
bajo el verdor húmedo de los bosques
frescura en la dulce sinfonía
de los cocotales
fuego
fuego en el césped
fuego sobre las calientes planicies de Cayatte
Caminos largos
llenos de gente llenos de gente
llenos de gente
en éxodo de todas partes
caminos largos hacia los horizontes cerrados
más caminos
caminos abiertos por encima
de la imposibilidad de los brazos
Hogueras
danzan
tam-tam
ritmo
Ritmo en la luz
ritmo en el color
ritmo en el son
ritmo en el movimiento
ritmo en las grietas sangrantes de los pies
descalzos
ritmo en las uñas arrancadas
Más ritmo
ritmo
¡Oh voces dolorosas de África!
La noche, como un vastísimo manglar, dejó huellas temblorosas de tigres y sueños. Y todos se durmieron a orillas de la tregua cuotidiana...
---------------
Antonio Agostinho Neto (1922-1979) nació en la aldea de Kaxicane, Angola. Hijo de maestros de escuela y pastores evangélicos. Perseguido y encarcelado por el gobierno colonial portugués. Primer presidente de la República Popular Angoleña en 1975.
Sones de grilletes en las carreteras
cantos de pájaros
bajo el verdor húmedo de los bosques
frescura en la dulce sinfonía
de los cocotales
fuego
fuego en el césped
fuego sobre las calientes planicies de Cayatte
Caminos largos
llenos de gente llenos de gente
llenos de gente
en éxodo de todas partes
caminos largos hacia los horizontes cerrados
más caminos
caminos abiertos por encima
de la imposibilidad de los brazos
Hogueras
danzan
tam-tam
ritmo
Ritmo en la luz
ritmo en el color
ritmo en el son
ritmo en el movimiento
ritmo en las grietas sangrantes de los pies
descalzos
ritmo en las uñas arrancadas
Más ritmo
ritmo
¡Oh voces dolorosas de África!
La noche, como un vastísimo manglar, dejó huellas temblorosas de tigres y sueños. Y todos se durmieron a orillas de la tregua cuotidiana...
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Antonio Agostinho Neto (1922-1979) nació en la aldea de Kaxicane, Angola. Hijo de maestros de escuela y pastores evangélicos. Perseguido y encarcelado por el gobierno colonial portugués. Primer presidente de la República Popular Angoleña en 1975.
Saturday, August 11, 2007
a orillas del Oudegracht
Siempre que voy al mercado de los tulipanes, un loco me observa desde una alta ventana. A veces está vestido de ángel, o de mohicano, o de verdugo medieval, o de urraca...
Cuando tú me escribiste que regresabas definitivamente desde la isla de Marken, corrí a la casa del loco...
Y te espero en el mismo café, a orillas del Oudegracht, vestido de urraca: me tiritan las manos, me tiritan los labios, me tirita el corazón.
Retornas precisamente cuando se inicia la migración de las ocas, la quebradiza voz de los enterrados presagia un largo invierno, los búhos regurgitan agobiados en hondas grietas, trabajadores del puerto beben un vaso de aguardiente antes de despedirse del mar, veleros bergantines hacen un último viaje por los canales de Markermeer y un tenaz hastío de brumas invade inexorablemente la ciudad...
Cuando tú me escribiste que regresabas definitivamente desde la isla de Marken, corrí a la casa del loco...
Y te espero en el mismo café, a orillas del Oudegracht, vestido de urraca: me tiritan las manos, me tiritan los labios, me tirita el corazón.
Retornas precisamente cuando se inicia la migración de las ocas, la quebradiza voz de los enterrados presagia un largo invierno, los búhos regurgitan agobiados en hondas grietas, trabajadores del puerto beben un vaso de aguardiente antes de despedirse del mar, veleros bergantines hacen un último viaje por los canales de Markermeer y un tenaz hastío de brumas invade inexorablemente la ciudad...
Saturday, August 04, 2007
la rueda de la fortuna
Hoy vi dos delfines,
la sombra de un antiguo arcabucero,
rojizos espacios que anteceden a las tormentas,
clepsidras oxidadas,
libélulas llenas de rituales,
eunucos hechizados por la nostalgia,
un lejano planeta en perfecta armonía,
un árbol que volaba con soles, pájaros y arlequines...
Y vi a la misma muchacha que me hacía señas
desde la rueda de la fortuna
cuando cumplí 19 años...
la sombra de un antiguo arcabucero,
rojizos espacios que anteceden a las tormentas,
clepsidras oxidadas,
libélulas llenas de rituales,
eunucos hechizados por la nostalgia,
un lejano planeta en perfecta armonía,
un árbol que volaba con soles, pájaros y arlequines...
Y vi a la misma muchacha que me hacía señas
desde la rueda de la fortuna
cuando cumplí 19 años...
Saturday, July 28, 2007
la creación de los conejos
La nieve cayó sobre unas piedras doradas y su vestido se rasgó en diminutos copos resplandecientes: ese fue el instante de la creación de los conejos.
Y los conejos, para defender su belleza, inventaron el miedo.
Y los conejos, para defender su belleza, inventaron el miedo.
Tuesday, June 26, 2007
la única hora
Aquí estoy bajo la lluvia,
perplejo,
esperando la única hora
en que los ciervos,
el follaje de la noche
y los recuerdos
se llenan de luz...
perplejo,
esperando la única hora
en que los ciervos,
el follaje de la noche
y los recuerdos
se llenan de luz...
Wednesday, May 30, 2007
los dioses ya no vendrán
Los dioses ya no vendrán,
porque enterraron sus espadas y prodigios
en las laderas del invierno.
Los dioses nos habían prometido
una luz distinta,
una primavera distinta,
un camino distinto,
si teníamos en la frente
la señal más pura.
También alféizares llenos de azucenas
y petirrojos,
esencias,
tigres,
acertijos,
instrumentos de labranza
para los verdes valles,
tinglados secretos
en algún lugar de China...
Pero los dioses se arrepintieron
cuando cavilaron sobre la especie humana
y nos encontraron arrogantes,
insensibles,
con orejas que no vuelan,
con las manos heridas por negros pájaros,
con una rara peste mecánica
que podía contagiarlos.
Los dioses ya no vendrán
(si no tenemos en la frente la señal más pura)
desde el otro lado de la calle,
desde los misterios soñados,
desde la relativa y dulce claridad
de los domingos...
porque enterraron sus espadas y prodigios
en las laderas del invierno.
Los dioses nos habían prometido
una luz distinta,
una primavera distinta,
un camino distinto,
si teníamos en la frente
la señal más pura.
También alféizares llenos de azucenas
y petirrojos,
esencias,
tigres,
acertijos,
instrumentos de labranza
para los verdes valles,
tinglados secretos
en algún lugar de China...
Pero los dioses se arrepintieron
cuando cavilaron sobre la especie humana
y nos encontraron arrogantes,
insensibles,
con orejas que no vuelan,
con las manos heridas por negros pájaros,
con una rara peste mecánica
que podía contagiarlos.
Los dioses ya no vendrán
(si no tenemos en la frente la señal más pura)
desde el otro lado de la calle,
desde los misterios soñados,
desde la relativa y dulce claridad
de los domingos...
Sunday, April 15, 2007
una extraña música salía de los zapatos
Cuando Kurt Vonnegut supo que iba a morir, pensó en los camaleones: sería murciélago azul, hoja en el aire, ola de mar, naranja bajo el sol de la primavera, payaso, maestro de diversos artilugios y anonimatos, barbazul, mendicante, inspector de carros y solsticios, escritor revolucionario, soñador a dentelladas, buscador de tesoros tardíos, reordenador de destinos aciagos... Todo eso en su último día.
Minuciosamente, dispuso una larga mesa en el jardín para los invitados a su funeral: vendrían Shakespeare, Milton, Platón, Píndaro, Hemingway, Walt Whitman, Julio César, Cervantes, Tucídides...
Vendrían depravados derviches que había conocido en su juventud, vendedores de fetiches y sahumerios, conductores de tranvías, carceleros, borrachos, mujeres barbudas, japonesas de lejanos prostíbulos, truhanes, hipócritas ciegos, alcahuetes...
Vendrían todos los vientos y los relámpagos, los horizontes sin límites, fosforescencias y desastres, sirenas e hipocampos, las brumas, las tristezas, el aire contaminado de las maestranzas, derrumbes y azares, las risas alumbradas por la luna, días de la juventud con fragmentos de oro, la magia y la nieve, los maizales y la esperanza...
Vendrían también enanos con trofeos de antiguas batallas, adolescentes con luciérnagas en sus pómulos, turcos enamorados y mutilados por las ausencias, bailarinas inalcanzables, cantantes de blues, faquires, surrealistas, apátridas, malabaristas chinos, reyes desnudos, conversos y castañueleros...
Kurt reflexionó en su muerte. Y comenzó a sentir que una extraña música salía de los zapatos...
¡Bah! -se dijo-. Total la muerte es sólo un acontecimiento más de la vida.
Y se puso a bailar...
---------------------------
(A Kurt Vonnegut, escritor estadounidense, 1922-2007)
Minuciosamente, dispuso una larga mesa en el jardín para los invitados a su funeral: vendrían Shakespeare, Milton, Platón, Píndaro, Hemingway, Walt Whitman, Julio César, Cervantes, Tucídides...
Vendrían depravados derviches que había conocido en su juventud, vendedores de fetiches y sahumerios, conductores de tranvías, carceleros, borrachos, mujeres barbudas, japonesas de lejanos prostíbulos, truhanes, hipócritas ciegos, alcahuetes...
Vendrían todos los vientos y los relámpagos, los horizontes sin límites, fosforescencias y desastres, sirenas e hipocampos, las brumas, las tristezas, el aire contaminado de las maestranzas, derrumbes y azares, las risas alumbradas por la luna, días de la juventud con fragmentos de oro, la magia y la nieve, los maizales y la esperanza...
Vendrían también enanos con trofeos de antiguas batallas, adolescentes con luciérnagas en sus pómulos, turcos enamorados y mutilados por las ausencias, bailarinas inalcanzables, cantantes de blues, faquires, surrealistas, apátridas, malabaristas chinos, reyes desnudos, conversos y castañueleros...
Kurt reflexionó en su muerte. Y comenzó a sentir que una extraña música salía de los zapatos...
¡Bah! -se dijo-. Total la muerte es sólo un acontecimiento más de la vida.
Y se puso a bailar...
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(A Kurt Vonnegut, escritor estadounidense, 1922-2007)
Friday, March 02, 2007
enanos de cabelleras verdes
Caía la noche. En el bar "La Unión Chica", bebíamos con el poeta Rolando Cárdenas. Él, de pronto, recitó su poema "La búsqueda":
A veces es bueno abandonarse al propio olvido
como si el saber sonreír
fuera más fácil que morder una fruta.
Ir por las calles perfectamente solo,
sin más compañía que nuestra cotidiana tristeza
y nuestros pasos,
amando una vez más la sencillez del aire
de la manera como se recuerda la infancia,
o ese otro tiempo pulverizado
cuando se buscaban las primeras estrellas en las charcas.
Es bueno sentarse entre amigos y vasos
a observar cómo todos abandonan algo suyo
en la música que los impulsa y transforma en seres sin huesos,
mientras la noche trepa por los muros
buscando también dónde esconder su espera,
y después salir hacia el alba
con un poco más para alimentar futuras soledades.
Es bueno comprender que estamos hechos de recuerdos,
un poco de tiempo que crece sin escucharnos
y de muchas cosas que no comprendemos.
A veces es bueno detenerse a contemplar la hoja que cae
cuando la palabra primavera
no es lo que nosotros quisiéramos que sea.
Cuando dejamos el bar, unos enanos de cabelleras verdes nos acompañaron calle abajo. Al despuntar el alba, los enanos se esfumaron con la hermosa complicidad de la noche.
------------------
(En homenaje en el mes de natalicio del poeta Rolando Cárdenas (1933-1990)
A veces es bueno abandonarse al propio olvido
como si el saber sonreír
fuera más fácil que morder una fruta.
Ir por las calles perfectamente solo,
sin más compañía que nuestra cotidiana tristeza
y nuestros pasos,
amando una vez más la sencillez del aire
de la manera como se recuerda la infancia,
o ese otro tiempo pulverizado
cuando se buscaban las primeras estrellas en las charcas.
Es bueno sentarse entre amigos y vasos
a observar cómo todos abandonan algo suyo
en la música que los impulsa y transforma en seres sin huesos,
mientras la noche trepa por los muros
buscando también dónde esconder su espera,
y después salir hacia el alba
con un poco más para alimentar futuras soledades.
Es bueno comprender que estamos hechos de recuerdos,
un poco de tiempo que crece sin escucharnos
y de muchas cosas que no comprendemos.
A veces es bueno detenerse a contemplar la hoja que cae
cuando la palabra primavera
no es lo que nosotros quisiéramos que sea.
Cuando dejamos el bar, unos enanos de cabelleras verdes nos acompañaron calle abajo. Al despuntar el alba, los enanos se esfumaron con la hermosa complicidad de la noche.
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(En homenaje en el mes de natalicio del poeta Rolando Cárdenas (1933-1990)
Thursday, February 22, 2007
los seres perdidos y añorados
Cuando Ema, Therese y Fortunata me enviaron mensajes de lectura, yo contemplaba un clavel que se estremecía con el viento del océano. Desde hace mucho tiempo que contemplo cómo los claveles se estremecen con el viento.
Es casi un oficio desde que mis padres viajaron a Marte.
Los veía siempre contemplando los claveles en el jardín. A veces, sonreían cuando el viento era casi un torbellino. Y, consternados, escudriñaban los pétalos cuando quedaban inmóviles.
¿Es el fulgor de la muerte el estremecimiento del clavel? ¿O el fulgor de una vida secreta por ser la flor del amor?
¿Y por qué el viaje a Marte?
El médico me susurra cada atardecer: Ellos viajaron a Marte a buscar a los seres perdidos y añorados...
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(Los padres de Mentecato se convirtieron en los protagonistas del cuento "El marciano", de Ray Bradbury.)
Es casi un oficio desde que mis padres viajaron a Marte.
Los veía siempre contemplando los claveles en el jardín. A veces, sonreían cuando el viento era casi un torbellino. Y, consternados, escudriñaban los pétalos cuando quedaban inmóviles.
¿Es el fulgor de la muerte el estremecimiento del clavel? ¿O el fulgor de una vida secreta por ser la flor del amor?
¿Y por qué el viaje a Marte?
El médico me susurra cada atardecer: Ellos viajaron a Marte a buscar a los seres perdidos y añorados...
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(Los padres de Mentecato se convirtieron en los protagonistas del cuento "El marciano", de Ray Bradbury.)
Tuesday, January 30, 2007
obstinados viajeros
Era 1939 cuando Clark Gable y Carole Lombard pasaron, en Oatman, su luna de miel en una habitación llena de cigarras.
Y polvorientos vaqueros reían en el bar.
En los años 50, el tiempo nacía (o moría) en el sucio asfalto de una larga carretera quizá hacia la nada. Queríamos viajar con la barba crecida, mascando tabaco, los zapatos carcomidos por la sal de las aventuras y con los ojos atravesados de sueños y luces de neón.
Queríamos conocer gente: vagabundos, guardavías, meseras, actores desempleados, cantantes alcohólicos, montañeses, boxeadores desdentados, bailarinas lascivas, palafreneros, magos enamorados, pescadores, tipógrafos errantes, siameses, rameras, indios nostálgicos...
Principalmente gente loca.
La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas, decía Jack.
El final (no nos importaba en absoluto) era talvez el fondo de uno mismo. O las distantes montañas, o los cultivos de calabazas, o los andenes bajo la lluvia, o los salones de baile, o los muelles a China, o los billares, o los rodeos, o la playa de los pelícanos, o el destartalado café donde una irlandesa lloraba, en trance, su mortecina juventud.
El viaje era el espejismo amado.
Y los trenes irradiaban la belleza de los vastos paisajes.
La búsqueda sólo tenía sentido junto a la gasolinera-cruce de todos los caminos.
A Oatman, el antiguo pueblo minero, llegaban obstinados viajeros que se convertirían en mitos y poemas de viejos escritores.
Todavía suele verse, en días luminosos, a Jack esperando un camión para continuar su ruta por el entrañable asfalto.
Y las cigarras cantan.
----------------
(A Jack Kerouac, poeta estadounidense)
Y polvorientos vaqueros reían en el bar.
En los años 50, el tiempo nacía (o moría) en el sucio asfalto de una larga carretera quizá hacia la nada. Queríamos viajar con la barba crecida, mascando tabaco, los zapatos carcomidos por la sal de las aventuras y con los ojos atravesados de sueños y luces de neón.
Queríamos conocer gente: vagabundos, guardavías, meseras, actores desempleados, cantantes alcohólicos, montañeses, boxeadores desdentados, bailarinas lascivas, palafreneros, magos enamorados, pescadores, tipógrafos errantes, siameses, rameras, indios nostálgicos...
Principalmente gente loca.
La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas, decía Jack.
El final (no nos importaba en absoluto) era talvez el fondo de uno mismo. O las distantes montañas, o los cultivos de calabazas, o los andenes bajo la lluvia, o los salones de baile, o los muelles a China, o los billares, o los rodeos, o la playa de los pelícanos, o el destartalado café donde una irlandesa lloraba, en trance, su mortecina juventud.
El viaje era el espejismo amado.
Y los trenes irradiaban la belleza de los vastos paisajes.
La búsqueda sólo tenía sentido junto a la gasolinera-cruce de todos los caminos.
A Oatman, el antiguo pueblo minero, llegaban obstinados viajeros que se convertirían en mitos y poemas de viejos escritores.
Todavía suele verse, en días luminosos, a Jack esperando un camión para continuar su ruta por el entrañable asfalto.
Y las cigarras cantan.
----------------
(A Jack Kerouac, poeta estadounidense)
Monday, January 15, 2007
que vengas cantando
Que vengas cantando
desde las ciudades hundidas en la nieve.
Y no tengas memoria sino la memoria mía,
que es el alba del trigal en el sur del mundo.
En los ojos del venado se pierda el ayer
y su granizo.
Que vengas cantando
a recuperar el sonido olvidado
de tu corazón.
Quizá la ola y el hermoso gesto del viajero.
Del mar su hondura.
De la hondura tu estrella.
-----------------------------
(A Indianguman, en su regreso)
desde las ciudades hundidas en la nieve.
Y no tengas memoria sino la memoria mía,
que es el alba del trigal en el sur del mundo.
En los ojos del venado se pierda el ayer
y su granizo.
Que vengas cantando
a recuperar el sonido olvidado
de tu corazón.
Quizá la ola y el hermoso gesto del viajero.
Del mar su hondura.
De la hondura tu estrella.
-----------------------------
(A Indianguman, en su regreso)
Friday, November 17, 2006
la energía de la luz
En el inicio de todo lo vivo, seres infinitamente pequeños urdían, en la trama de las afinidades verdes, energías, material hereditario, se reconstituían núcleos en las orillas de lo visible, purpúreas oxidaciones elaboraban imágenes y sonidos, se trazaban nuevas construcciones de clorofila, la cubierta vegetal regeneraba el oxígeno del aire, se sustituían sombras por llamaradas a flor del humus, las semillas se alzaban hacia todos los cielos y, en una arquitectura alada, conformaban los bosques y sus frondosidades y nervaduras llenas de pájaros...
Por un recodo de la colina, aparecieron los conjurados con el cadáver de la condesa que habían acuchillado: la aristócrata, por años, raptaba a las doncellas de los pueblos aledaños a su castillo, las violaba y, en un rito demoníaco, las asesinaba para beber su sangre, porque creía que la sangre adolescente le permitiría vivir una sempiterna juventud...
En una grieta del bosque, la lanzaron en una mortaja de la que fluían líquidos sanguinolentos.
Uno de los conjurados, al llegar a su casa, besó y acarició a la hija que acababa de nacer...
Años más tarde, una adolescente pasó por el mismo lugar en donde yacían los restos de la condesa, oxidados por parásitos recicladores de lo inerte. Un coleóptero bañado de arco iris se cruzó en su camino hacia los fresnos cenicientos. La joven lo mantuvo en su mano, como presagio de buena fortuna, y pensó en el muchacho con el cual se reuniría: tendrían sueños de alcoba, hijos que vendrían con las características de ambos... La vida sí que sería hermosa...
Mientras, la naturaleza en el imperio de lo sorprendente y mágico continuaría con la reproducción de la trama de lo infinitesimal, se filtrarían los rayos del sol con su energía universal por las arboledas, los musgos taparían grietas y ramificaciones orgánicas, las raicillas bajo tierra buscarían los hilillos del agua, las noctilucas acumularían estigmas estrellados en su citoplasma, los dinaflagelados emitirían destellos luminosos, las dinofíceas con sus largos cuernos transparentes proseguirían la cadena evolutiva, el polen viajaría, enigmático y heroico, por el aire, en las alas de los insectos, en los pájaros, una y otra vez, interminablemente...
Por un recodo de la colina, aparecieron los conjurados con el cadáver de la condesa que habían acuchillado: la aristócrata, por años, raptaba a las doncellas de los pueblos aledaños a su castillo, las violaba y, en un rito demoníaco, las asesinaba para beber su sangre, porque creía que la sangre adolescente le permitiría vivir una sempiterna juventud...
En una grieta del bosque, la lanzaron en una mortaja de la que fluían líquidos sanguinolentos.
Uno de los conjurados, al llegar a su casa, besó y acarició a la hija que acababa de nacer...
Años más tarde, una adolescente pasó por el mismo lugar en donde yacían los restos de la condesa, oxidados por parásitos recicladores de lo inerte. Un coleóptero bañado de arco iris se cruzó en su camino hacia los fresnos cenicientos. La joven lo mantuvo en su mano, como presagio de buena fortuna, y pensó en el muchacho con el cual se reuniría: tendrían sueños de alcoba, hijos que vendrían con las características de ambos... La vida sí que sería hermosa...
Mientras, la naturaleza en el imperio de lo sorprendente y mágico continuaría con la reproducción de la trama de lo infinitesimal, se filtrarían los rayos del sol con su energía universal por las arboledas, los musgos taparían grietas y ramificaciones orgánicas, las raicillas bajo tierra buscarían los hilillos del agua, las noctilucas acumularían estigmas estrellados en su citoplasma, los dinaflagelados emitirían destellos luminosos, las dinofíceas con sus largos cuernos transparentes proseguirían la cadena evolutiva, el polen viajaría, enigmático y heroico, por el aire, en las alas de los insectos, en los pájaros, una y otra vez, interminablemente...
Thursday, October 26, 2006
el atildado bailarín del Misisipi
En la cama sonaban los grillos. Y el atildado bailarín jadeaba y empapaba su blusa de seda. Mientras subía y bajaba en la montaña rusa del sexo, recordó el día en que, por primera vez, se había vestido de condesa: cabello plateado, zapatillas de raso y un antifaz verde...
Así describiría a un personaje ambiguo en su novela. Y si aparecía una escena de mal comer, también pondría de personaje al Hombre de las Bolas de Nieve que había conocido durante su infancia en Nueva Orleans: se sentía, a lo lejos, el tintinear de la deliciosa campanilla. Y por unas pocas monedas podía uno conseguir un cucurucho de hielo escamoso impregnado por una docena de jarabes: cereza y chocolate, uva y moras, todos mezclados como un arco iris.
Mascó un cigarro y recorrió con la vista el cuerpo mustio de la solterona millonaria con la cual se había acostado: su rostro cadavérico bajo una pasta de menjunjes, sus senos eran dos palomas reventadas y sus piernas huesudas parecían dos ramas blancas, raquíticas, nudosas, de los árboles junto a los cenagales. Se imaginó que, por esas piernas o ramas, iban y venían los extraños coleópteros de los lodazales.
Se vistió y permaneció acodado en las barandas del barco que bajaba por el Misisipi. En la parada del Jíbaro se reencontraría con su amante indio, de la etnia choctaw, al que había conocido en el restorán Rock Inn. Durante el mes anterior, habían retozado, felices y maravillados, en las viñas de los choctaw...
Pensaba que, con el dinero que le había deslizado en sus bolsillos la solterona millonaria, daría un pie para la publicación de su novela. Pero se cambiaría el nombre, porque Streckfus no era relampagueante, eufónico y lo encontraba con ribetes de idioma etrusco.
Volvió a su cuarto y la solterona millonaria aún dormía. Sintió arcadas y al llegar al baño vomitó: el alcohol y las drogas, tarde o temprano, le pasarían la cuenta. Después de lavarse, se acostó al lado de la mujer y se durmió.
En su novela había escrito: Ha llegado el martes de Carnaval y vamos a un baile. Todos han elegido un disfraz menos yo. Ed es un monje franciscano (que mordisquea un cigarro), Pepe un bandido y Dolores una bailarina. Pero a mí no se me ocurre qué ponerme y esto llega a ser un dilema de importancia desproporcionada. La noche del baile, Dolores aparece con una enorme caja rosada; transformado, yo soy una condesa y mi rey es Luis XIV. Tengo cabello plateado, zapatillas de raso y antifaz verde; estoy envuelto en sedas de color verde y rosa. Al principio, ante el espejo, esto me horroriza; luego me alegra hasta el arrebato porque estoy sumamente hermoso. Más tarde, cuando el vals comienza, Pepe, que no me reconoce, me pide una pieza. Y yo ¡astuta Cenicienta!, sonrío bajo el antifaz, pensando: "¡Ah, si fuera yo realmente! Sapo convertido en príncipe, hojalata convertida en oro... ¡Vuela, serpiente emplumada, la hoja envejece!"
Una maniobra brusca del barco lo despertó y, al mirar a la solterona millonaria, vio que ésta era, ahora, una gran iguana húmeda y de su boca salía un vómito verde, donde flotaban los extraños coleópteros de los lodazales.
Y de un tirón, Streckfus se sacó la sucia peluca plateada de condesa...
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(En 1948, el joven escritor Truman Capote, de 23 años, publicó la novela "Otras voces, otros ámbitos", que lo lanzó a la fama).
Así describiría a un personaje ambiguo en su novela. Y si aparecía una escena de mal comer, también pondría de personaje al Hombre de las Bolas de Nieve que había conocido durante su infancia en Nueva Orleans: se sentía, a lo lejos, el tintinear de la deliciosa campanilla. Y por unas pocas monedas podía uno conseguir un cucurucho de hielo escamoso impregnado por una docena de jarabes: cereza y chocolate, uva y moras, todos mezclados como un arco iris.
Mascó un cigarro y recorrió con la vista el cuerpo mustio de la solterona millonaria con la cual se había acostado: su rostro cadavérico bajo una pasta de menjunjes, sus senos eran dos palomas reventadas y sus piernas huesudas parecían dos ramas blancas, raquíticas, nudosas, de los árboles junto a los cenagales. Se imaginó que, por esas piernas o ramas, iban y venían los extraños coleópteros de los lodazales.
Se vistió y permaneció acodado en las barandas del barco que bajaba por el Misisipi. En la parada del Jíbaro se reencontraría con su amante indio, de la etnia choctaw, al que había conocido en el restorán Rock Inn. Durante el mes anterior, habían retozado, felices y maravillados, en las viñas de los choctaw...
Pensaba que, con el dinero que le había deslizado en sus bolsillos la solterona millonaria, daría un pie para la publicación de su novela. Pero se cambiaría el nombre, porque Streckfus no era relampagueante, eufónico y lo encontraba con ribetes de idioma etrusco.
Volvió a su cuarto y la solterona millonaria aún dormía. Sintió arcadas y al llegar al baño vomitó: el alcohol y las drogas, tarde o temprano, le pasarían la cuenta. Después de lavarse, se acostó al lado de la mujer y se durmió.
En su novela había escrito: Ha llegado el martes de Carnaval y vamos a un baile. Todos han elegido un disfraz menos yo. Ed es un monje franciscano (que mordisquea un cigarro), Pepe un bandido y Dolores una bailarina. Pero a mí no se me ocurre qué ponerme y esto llega a ser un dilema de importancia desproporcionada. La noche del baile, Dolores aparece con una enorme caja rosada; transformado, yo soy una condesa y mi rey es Luis XIV. Tengo cabello plateado, zapatillas de raso y antifaz verde; estoy envuelto en sedas de color verde y rosa. Al principio, ante el espejo, esto me horroriza; luego me alegra hasta el arrebato porque estoy sumamente hermoso. Más tarde, cuando el vals comienza, Pepe, que no me reconoce, me pide una pieza. Y yo ¡astuta Cenicienta!, sonrío bajo el antifaz, pensando: "¡Ah, si fuera yo realmente! Sapo convertido en príncipe, hojalata convertida en oro... ¡Vuela, serpiente emplumada, la hoja envejece!"
Una maniobra brusca del barco lo despertó y, al mirar a la solterona millonaria, vio que ésta era, ahora, una gran iguana húmeda y de su boca salía un vómito verde, donde flotaban los extraños coleópteros de los lodazales.
Y de un tirón, Streckfus se sacó la sucia peluca plateada de condesa...
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(En 1948, el joven escritor Truman Capote, de 23 años, publicó la novela "Otras voces, otros ámbitos", que lo lanzó a la fama).
Sunday, October 22, 2006
campo de olivos
España, 17 de julio de 1936.
El general Francisco Franco vuela desde las Canarias a Tetuán y lanza el primer manifiesto de la sublevación militar.
¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama en su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa y traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población, arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.
(...)
La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo.
(...)
Justicia, igualdad ante las leyes ofrecemos.
Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.
Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.
(...)
Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!
------------------
El Gobierno de la República decide armar a los obreros avalados por la Casa del Pueblo.
...En el paseo de la Castellana se verificó a las cuatro y media de la tarde la concentración de jóvenes movilizados para nutrir las milicias que desde la noche anterior prestaban servicio. Se reunieron varios centenares de hombres de todas las edades, que acudieron al Ministerio de Guerra para que se les proveyera de armas. La entrega del armamento se hacía previa comprobación de la personalidad del demandante, acreditada por volantes expedidos por la Casa del Pueblo.
El Sol. Madrid, martes 21 de julio de 1936, página 4.
-------------------
Los beligerantes se atacan ferozmente. Y España se tiñe de sangre.
Desde todas las partes del mundo acuden combatientes a defender la República, mientras Hitler y Mussolini envían pertrechos y tropas a los sublevados.
-------------------
J. Herranz termina de peinarse y se acomoda los lentes.
-Debo irme, madre -le dice el joven a la mujer-. Es la hora.
-Sí, hijo -exclama ella, arreglándole el cuello de la camisa-. Cuídate.
Y ambos se abrazan...
-------------------
(J. Herranz fue uno de los miles de adolescentes que participaron en la guerra civil española. Lo abatieron en un soleado campo de olivos, cerca del río Jarama, 40 kilómetros al noroeste de Madrid. Tenía sólo 16 años).
El general Francisco Franco vuela desde las Canarias a Tetuán y lanza el primer manifiesto de la sublevación militar.
¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama en su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa y traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población, arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.
(...)
La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo.
(...)
Justicia, igualdad ante las leyes ofrecemos.
Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.
Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.
(...)
Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!
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El Gobierno de la República decide armar a los obreros avalados por la Casa del Pueblo.
...En el paseo de la Castellana se verificó a las cuatro y media de la tarde la concentración de jóvenes movilizados para nutrir las milicias que desde la noche anterior prestaban servicio. Se reunieron varios centenares de hombres de todas las edades, que acudieron al Ministerio de Guerra para que se les proveyera de armas. La entrega del armamento se hacía previa comprobación de la personalidad del demandante, acreditada por volantes expedidos por la Casa del Pueblo.
El Sol. Madrid, martes 21 de julio de 1936, página 4.
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Los beligerantes se atacan ferozmente. Y España se tiñe de sangre.
Desde todas las partes del mundo acuden combatientes a defender la República, mientras Hitler y Mussolini envían pertrechos y tropas a los sublevados.
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J. Herranz termina de peinarse y se acomoda los lentes.
-Debo irme, madre -le dice el joven a la mujer-. Es la hora.
-Sí, hijo -exclama ella, arreglándole el cuello de la camisa-. Cuídate.
Y ambos se abrazan...
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(J. Herranz fue uno de los miles de adolescentes que participaron en la guerra civil española. Lo abatieron en un soleado campo de olivos, cerca del río Jarama, 40 kilómetros al noroeste de Madrid. Tenía sólo 16 años).
Friday, October 20, 2006
domani é troppo tardi
Pier Angeli tenía un frasco de barbitúricos en su mesita de noche. Cerró los ojos: caminaba por Cagliari, su Cerdeña natal, bajo la lluvia. Divisó el tranvía en dirección a la playa de Il Poetto. A través de los vidrios del vehículo contempló su amada ciudad...
Recordaba cuando, de niña, había ido con su familia hasta el anfiteatro romano y ella, en el centro del proscenio, declamó como una trágica actriz griega (en la playa se dirigió al mar hasta que sus pies se inundaron de la belleza cristalina de las aguas). Y con su hermana gemela María se habían prometido ser actrices. Un día en casa de los abuelos habían representado el drama de amor Acis y Galatea (ella era la hermosa ninfa Galatea, su hermana el bello pastor Acis y su abuelo había hecho de Polifemo, el cíclope también enamorado de Galatea). En otra ocasión, su padre, disfrazado de duende, salía de la gruta de las brujas, mientras su madre movía nubes de cartón y derramaba una lluvia de pétalos de rosas sobre su hermana, la reina de Cartago.
Recordaba su primer beso, a los nueve años, con Aldo, el hijo del cartero, las excursiones juveniles a los desfiladeros de montañosos bosques, el bullicio del puerto, los alegres marineros, sus cantos y faenas navieras a orillas del Mediterráneo, las ruinas romanas y medievales, los flamencos pintando de rosa el paisaje, el atún con spaghetti caliente en la casa de la abuela. Creía ver la llegada de los griegos y fenicios, las invasiones pisanas, catalanas y españolas a toda Cerdeña. Sentía, con vértigo de corazón, que sus primas, Rossana y Martina, la llamaban para pasear por la calle Roma y después ir a ver a los muchachos en la Plaza Jenne. Los piccioccus de crobi (los niños de la calle) se chanceaban en las afueras del templo del dios vientre.
Recordaba las puestas de sol de insólita belleza, con sus juegos de reflejos dorados y claroscuros, los paseos por las conmovedoras ruinas de la fortaleza de S. Ignazio, la procesión del mes de mayo en homenaje a S. Efisio...
Recordaba el rodaje de su película Domani é troppo tardi ("Mañana es demasiado tarde"), con Vittorio de Sica, a quien había amado por su cordialidad y dotes de gran actor.
Recordaba su viaje a Hollywood.
Recordaba que, cuando actuó en Tres amores, se había encandilado con Kirk Douglas. Y, más tarde, cuando su madre supo que se amaba con James Dean quiso que rompiera su romance, porque el actor, tan enigmático, rebelde y sin creencias católicas, la haría desdichada (la madre, al final, la convenció para que se casara, en 1954, con Vic Damone, cantante de ascendencia italiana y católico).
Recordaba que a la salida de la iglesia, después de la ceremonia nupcial, su amado Jimmy estaba montado en su moto llorando y con el motor acelerado.
Recordaba lo que su amado Jimmy le contaba de su infancia sin madre, la vida en la granja de sus tíos en Fairmount, sus juegos de baloncesto, sus primeras incursiones en el teatro, sobre todo en See the Jaguar, en la que había interpretado a un adolescente encerrado en una jaula la mayor parte de su vida.
Recordaba la noticia de la muerte de su amado Jimmy en 1955: iba en su Porsche Spyder por la carretera y, en un cruce, un Ford, conducido a gran velocidad por un estudiante, lo chocó y el Porsche se incrustó en el otro vehículo (el joven y bello protagonista de "Rebelde sin causa" perdió la vida instantáneamente).
Pier Angeli abrió los ojos y escribió en una hoja: Jimmy fue el único y verdadero amor de mi vida.
Y contempló, llorando, el frasco de barbitúricos...
-----------------
(Pier Angeli, actriz italiana de 39 años, se suicidó el 10 de septiembre de 1971. El parte médico consignó "por sobredosis de barbitúricos". Separada de su segundo matrimonio, vivía sola en su casa de California).
Recordaba cuando, de niña, había ido con su familia hasta el anfiteatro romano y ella, en el centro del proscenio, declamó como una trágica actriz griega (en la playa se dirigió al mar hasta que sus pies se inundaron de la belleza cristalina de las aguas). Y con su hermana gemela María se habían prometido ser actrices. Un día en casa de los abuelos habían representado el drama de amor Acis y Galatea (ella era la hermosa ninfa Galatea, su hermana el bello pastor Acis y su abuelo había hecho de Polifemo, el cíclope también enamorado de Galatea). En otra ocasión, su padre, disfrazado de duende, salía de la gruta de las brujas, mientras su madre movía nubes de cartón y derramaba una lluvia de pétalos de rosas sobre su hermana, la reina de Cartago.
Recordaba su primer beso, a los nueve años, con Aldo, el hijo del cartero, las excursiones juveniles a los desfiladeros de montañosos bosques, el bullicio del puerto, los alegres marineros, sus cantos y faenas navieras a orillas del Mediterráneo, las ruinas romanas y medievales, los flamencos pintando de rosa el paisaje, el atún con spaghetti caliente en la casa de la abuela. Creía ver la llegada de los griegos y fenicios, las invasiones pisanas, catalanas y españolas a toda Cerdeña. Sentía, con vértigo de corazón, que sus primas, Rossana y Martina, la llamaban para pasear por la calle Roma y después ir a ver a los muchachos en la Plaza Jenne. Los piccioccus de crobi (los niños de la calle) se chanceaban en las afueras del templo del dios vientre.
Recordaba las puestas de sol de insólita belleza, con sus juegos de reflejos dorados y claroscuros, los paseos por las conmovedoras ruinas de la fortaleza de S. Ignazio, la procesión del mes de mayo en homenaje a S. Efisio...
Recordaba el rodaje de su película Domani é troppo tardi ("Mañana es demasiado tarde"), con Vittorio de Sica, a quien había amado por su cordialidad y dotes de gran actor.
Recordaba su viaje a Hollywood.
Recordaba que, cuando actuó en Tres amores, se había encandilado con Kirk Douglas. Y, más tarde, cuando su madre supo que se amaba con James Dean quiso que rompiera su romance, porque el actor, tan enigmático, rebelde y sin creencias católicas, la haría desdichada (la madre, al final, la convenció para que se casara, en 1954, con Vic Damone, cantante de ascendencia italiana y católico).
Recordaba que a la salida de la iglesia, después de la ceremonia nupcial, su amado Jimmy estaba montado en su moto llorando y con el motor acelerado.
Recordaba lo que su amado Jimmy le contaba de su infancia sin madre, la vida en la granja de sus tíos en Fairmount, sus juegos de baloncesto, sus primeras incursiones en el teatro, sobre todo en See the Jaguar, en la que había interpretado a un adolescente encerrado en una jaula la mayor parte de su vida.
Recordaba la noticia de la muerte de su amado Jimmy en 1955: iba en su Porsche Spyder por la carretera y, en un cruce, un Ford, conducido a gran velocidad por un estudiante, lo chocó y el Porsche se incrustó en el otro vehículo (el joven y bello protagonista de "Rebelde sin causa" perdió la vida instantáneamente).
Pier Angeli abrió los ojos y escribió en una hoja: Jimmy fue el único y verdadero amor de mi vida.
Y contempló, llorando, el frasco de barbitúricos...
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(Pier Angeli, actriz italiana de 39 años, se suicidó el 10 de septiembre de 1971. El parte médico consignó "por sobredosis de barbitúricos". Separada de su segundo matrimonio, vivía sola en su casa de California).
Monday, October 16, 2006
carnaval de venecia
La seda de las sábanas reflejaba la luz de su cuerpo desnudo. Había destellos de piernas, caderas, pezones irisados. Y en el pubis yacía un diáfano manantial de seda arrugada.
Leonora recordó, para el primer día de carnaval, la frase latina Semel in anno licet insanire ("Hace bien enloquecer una vez al año"). Puso oídos a una distante música de Vivaldi. Y cantó envuelta en el sol que se derramaba como miel ardida sobre la cama.
Desde la silla, caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) que llevaría en el día del volo de la colombina (pájaro mecánico volando desde la torre de San Marcos en la iniciación del carnaval).
La muchacha se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.
En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras no había nada...
Leonora se despertó angustiada por la pesadilla que había tenido. Se levantó y, luego de la ducha, se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.
En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras ambos tenían el rostro con horribles quemaduras...
Paul contempló a Susan, su nueva compañera de la noche en la recepción del Regina Hotel de Trenton, Nueva Jersey. Se veía aún más hermosa en duermevela: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros de su uniforme de recepcionista. El muchacho le apretó un brazo y le dijo: "Susan, ya hemos terminado el turno".
-Sí, sí -musitó ella-. Y sus ojos celestes brillaron intensamente.
Contó el mal sueño que había tenido. Y su compañero sonrió.
Después de ponerse el abrigo, caminó hasta la esquina a esperar el bus 52. Una vez en su departamento, encendió la lámpara y vio, estupefacta, que desde el sofá del living caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) del sueño.
Y corrió, palpándose el rostro, a mirarse en un espejo, porque creyó tenerlo con horribles quemaduras...
Leonora recordó, para el primer día de carnaval, la frase latina Semel in anno licet insanire ("Hace bien enloquecer una vez al año"). Puso oídos a una distante música de Vivaldi. Y cantó envuelta en el sol que se derramaba como miel ardida sobre la cama.
Desde la silla, caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) que llevaría en el día del volo de la colombina (pájaro mecánico volando desde la torre de San Marcos en la iniciación del carnaval).
La muchacha se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.
En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras no había nada...
Leonora se despertó angustiada por la pesadilla que había tenido. Se levantó y, luego de la ducha, se contempló en el espejo: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros desnudos y sus ojos celestes brillaban intensamente.
En la noche, viajó por el canal hasta integrar las campagnie della calza y desfilar por la ciudad. Y luego a los salones de baile del lujoso Regina Hotel. Al ingresar, alguien, quizá un noble como aquellos aristócratas del siglo XVII, maschera nobile, la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista. La voz de su acompañante era honda, casi turbulenta, enigmática, seductora. Después de varios bailes, el hombre le pidió que se fugaran a algún lugar más íntimo. Se sentaron en un pequeño café a orillas del Gran Canal. De pronto, fueron invadidos por una comparsa de disfrazados que los rodearon cantando y les arrebataron las máscaras. Y los disfrazados huyeron despavoridos, porque debajo de las máscaras ambos tenían el rostro con horribles quemaduras...
Paul contempló a Susan, su nueva compañera de la noche en la recepción del Regina Hotel de Trenton, Nueva Jersey. Se veía aún más hermosa en duermevela: su larga cabellera rubia se deslizaba por los hombros de su uniforme de recepcionista. El muchacho le apretó un brazo y le dijo: "Susan, ya hemos terminado el turno".
-Sí, sí -musitó ella-. Y sus ojos celestes brillaron intensamente.
Contó el mal sueño que había tenido. Y su compañero sonrió.
Después de ponerse el abrigo, caminó hasta la esquina a esperar el bus 52. Una vez en su departamento, encendió la lámpara y vio, estupefacta, que desde el sofá del living caían, en bella cascada, el traje, el tabarro (especie de capa negra) y la larva o volto (máscara blanca) del sueño.
Y corrió, palpándose el rostro, a mirarse en un espejo, porque creyó tenerlo con horribles quemaduras...
Sunday, September 24, 2006
ectabana
La luz del alba en Ectabana, ciudad de la antigua Persia, cayó con claridad de seda sobre la bella desnudez de los jóvenes amantes. Las manos conservaban ardores, afiladas caricias, humedades níveas, sales y gemidos de oscuras tormentas...
Las armas yacían aún ensangrentadas a los pies del lecho. La ira del dios de las batallas todavía provocaba torbellinos y lameduras de la muerte en el aire y ululaban, metálicos y atroces, los graznidos de los cuervos.
Alejandro contempló a su amante, y recordó el día que lo conoció en casa de Aristóteles. Inmediatamente se hechizó con el muchacho rubio y desde entonces fueron una pareja inseparable. Y ahora en Ectabana celebrarían las fiestas veraniegas...
Un bocinazo lo retrotrajo a la conciencia. El oficial de policía John Hofman hacía dos noches que no dormía y ahora manejaba a un accidente carretero. Al llegar al sitio del suceso, vio, entre los fierros retorcidos, un muchacho rubio idéntico al que había contemplado en la semiinconsciencia de un rato atrás.
Dispuso cumplir con el procedimiento y regresó a casa. Su esposa y los niños dormían. Preparó un martini seco y leyó en el Salem news, sección internacional, el asesinato de una monja enana en un monasterio del sur de Italia. Habían encontrado su cadáver desnudo sólo con medias de nailon de un raro color azul. Se especulaba que los autores eran rufianes de la zona a los que la monja enana pagaba por servicios sexuales...
El último sorbo del vaso ahondó el llameante sendero garganta abajo. Y se durmió.
La batalla anterior le había dejado una pequeña herida en el pie y Alejandro se hizo llevar hasta la fuente próxima para lavarse y cubrirla con ungüentos.
En la tarde, le avisaron que Hefestión, su amante, ardía en fiebre. El doctor que lo atendía le aseguró que el estado del paciente era gravísimo...
Se dice que Alejandro Magno yació sobre el cuerpo de Hefestión un día y una noche hasta que finalmente hubo de ser separado del mismo por sus amigos. Durante tres días más, permaneció mudo, llorando, sin probar bocado. Y cuando por fin se levantó fue para raparse el pelo y ordenar que se retirasen todos los adornos de la ciudad. Prohibió cualquier música y ordenó que todo el imperio realizara funerales. Después despachó mensajeros al oráculo de Amón en el oasis de Siwa, en Egipto, para pedir que se le concediesen honores divinos a su amante muerto. El cuerpo de Hefestión fue embalsamado y transportado a Babilonia para proceder a su quemado en una pira funeraria. Poco podía imaginarse Alejandro Magno que la misma Babilonia sería su última etapa. Se vio obligado a permanecer allí durante los tórridos meses del verano, con sus plagas de mosquitos, enfermó y murió rápidamente. Sólo contaba con 33 años de edad.
El dios del tiempo tiró los huesos a la suerte y sonrió con crueldad...
Las armas yacían aún ensangrentadas a los pies del lecho. La ira del dios de las batallas todavía provocaba torbellinos y lameduras de la muerte en el aire y ululaban, metálicos y atroces, los graznidos de los cuervos.
Alejandro contempló a su amante, y recordó el día que lo conoció en casa de Aristóteles. Inmediatamente se hechizó con el muchacho rubio y desde entonces fueron una pareja inseparable. Y ahora en Ectabana celebrarían las fiestas veraniegas...
Un bocinazo lo retrotrajo a la conciencia. El oficial de policía John Hofman hacía dos noches que no dormía y ahora manejaba a un accidente carretero. Al llegar al sitio del suceso, vio, entre los fierros retorcidos, un muchacho rubio idéntico al que había contemplado en la semiinconsciencia de un rato atrás.
Dispuso cumplir con el procedimiento y regresó a casa. Su esposa y los niños dormían. Preparó un martini seco y leyó en el Salem news, sección internacional, el asesinato de una monja enana en un monasterio del sur de Italia. Habían encontrado su cadáver desnudo sólo con medias de nailon de un raro color azul. Se especulaba que los autores eran rufianes de la zona a los que la monja enana pagaba por servicios sexuales...
El último sorbo del vaso ahondó el llameante sendero garganta abajo. Y se durmió.
La batalla anterior le había dejado una pequeña herida en el pie y Alejandro se hizo llevar hasta la fuente próxima para lavarse y cubrirla con ungüentos.
En la tarde, le avisaron que Hefestión, su amante, ardía en fiebre. El doctor que lo atendía le aseguró que el estado del paciente era gravísimo...
Se dice que Alejandro Magno yació sobre el cuerpo de Hefestión un día y una noche hasta que finalmente hubo de ser separado del mismo por sus amigos. Durante tres días más, permaneció mudo, llorando, sin probar bocado. Y cuando por fin se levantó fue para raparse el pelo y ordenar que se retirasen todos los adornos de la ciudad. Prohibió cualquier música y ordenó que todo el imperio realizara funerales. Después despachó mensajeros al oráculo de Amón en el oasis de Siwa, en Egipto, para pedir que se le concediesen honores divinos a su amante muerto. El cuerpo de Hefestión fue embalsamado y transportado a Babilonia para proceder a su quemado en una pira funeraria. Poco podía imaginarse Alejandro Magno que la misma Babilonia sería su última etapa. Se vio obligado a permanecer allí durante los tórridos meses del verano, con sus plagas de mosquitos, enfermó y murió rápidamente. Sólo contaba con 33 años de edad.
El dios del tiempo tiró los huesos a la suerte y sonrió con crueldad...