Wednesday, May 09, 2012

 

una agitación trémula

¿Qué contemplábamos
aquella tarde?

¿El mar
o todas las distancias?

Acaso presentíamos
tras oscuras puertas
una agitación trémula.

Friday, November 25, 2011

 

la ciudad de los pingüinos


El aliento ígneo y alucinante de la negra me despertó. Había soñado con ranas y que el Universo era verde.

Al entrar, ella estaba sentada en una mesa del rincón bajo el cartel de los toros. Era una preciosa negra con ojos llameantes, a la que buscaría después de un mes para, algún día, desposarla. Me habló del vudú. De Bondye, la entidad sobrenatural última o Mawu, regenta del mundo sobrenatural inaccesible y ajena al mundo de los humanos por lo que, para comunicarse con nosotros, debe hacerlo con deidades intermediarias como el Barón Samedi, la Maman Brigitte o Damballa y otras. Me habló de los muñequitos de vudú y que yo sería un hermoso fetiche.

Yo había estado triste todo el día por la muerte de Amelia y había decidido emborracharme. Y ahora compartía mesa con la negra: su voz era seca y cavernosa, pero tenía un magnetismo irresistible; sus manos parecían garras de pantera; su cuello delataba venas que se hinchaban con cada palabra que emitía; sus senos se adivinaban henchidos de leche negra para todos los niños negros del mundo.

Pedí otra botella de licor. De pronto, quise besarla. Sus labios eran amargos y desprendían un fluido ácido. Me recliné en su hombro izquierdo y sentí que me creaban como fetiche para un ritual de magia negra en que me clavarían agujas en algún lugar del cuerpo y ese sería mi martirio o mi maldición de soledad para el resto de la vida.

Desde mi casa de la playa divisaba la isla mágica que habitaban focas y pingüinos. Observábamos con Amelia la nidificación de los pájaros niños, sus viajes y retornos. Y así transcurría el tiempo: ciertas formas de nubes nos anunciaban el invierno y las nieves eternas. Entonces, pasábamos en limpio las notas tomadas y escribíamos los documentos para su publicación.

Una noche soñé que partía a un lejano país de clima ardiente. Y allí estaba frente a la negra bebiendo y besándola. Participaba en una ceremonia vudú. Y un viejo esclavo reflexionaba en torno al destino del hombre: Padece, espera y trabaja para gente que nunca conocerá y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros, que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es.

Subimos con la negra a las habitaciones de alquiler. El aliento ígneo y alucinante de ella me despertó. Había soñado con ranas y que el Universo era verde.

Al salir a la calle, la gente caminaba como pingüinos. Era un día esplendoroso y verde. Y yo comencé a saltar como rana...

Monday, September 05, 2011

 

antes de la ceniza


Antes de la ceniza
el graznido,
la voz que los muertos
escondieron debajo de piedras blancas
y que los niños tiraron al fondo de los ríos,
lentas penumbras que ardieron como pájaros,
vertiginosas nubes bajo todos los sombreros.

O la casa giratoria que nos protegía de las despedidas
y de las tormentas.

El umbral azotado por el olvido era parte del espejismo
que maravilló a los navegantes.

O al extranjero que tenía el rostro trizado de nuestro padre.

Y fue el extravío de la infancia en las arenas acumuladas
en las afueras de la ciudad
lo que nos hizo llorar la incógnita de un secreto deseo.

Saturday, September 03, 2011

 

hija blasfema de mujeres rotas


La luz del sol
cae en un cántaro
(a lo lejos, en una ciudad extranjera,
te llevan a la hoguera
por ser hija blasfema de mujeres rotas,
aullido de gárgolas,
leche radiante entre lobas,
desuncida,
cabalística,
desvirgada por una pasión enigmática).

Y en el cántaro
el sonido del agua es el sueño
de un dios dormido en una quimera rota.

Thursday, August 04, 2011

 

el viaje


Desde varios días que me siento devastado. Y llueve. Mi habitación está más sombría y algo a moho se huele. O a sensación de lejanías. A nieve mala. O a mazorca podrida. Es tristeza o melancolía, me digo. Balbuceo, para animarme, la llamada rimbombante que les hacíamos a los gansos con el primo Tom antes de que marchara a la guerra.

Y llueve.

Desde varios días que, al regresar de la oficina, suelo encontrarme con un viejecillo que lleva pipa. Levanta su gorra y me saluda con amabilidad.

Y desde varios días que suelo encontrarme, también, con una hermosa muchacha de vestido blanco.

De pronto, todo es muy extraño. Siento que algo se vaciara de mí. Y que el tiempo se detuviera y todo quedara inmóvil. Soy incapaz, de tanto en tanto, de respirar con vehemencia.

Al comprar tabaco, una mañana, veo a la muchacha del vestido blanco a mi lado. Lee una revista, levanta su mirada hacia mí y me sonríe. Huelo el tabaco y apruebo su envío. En la calle me cruzo con el viejecillo de la pipa y nos saludamos. En mi habitación, reviso correspondencia de libros pedidos a la capital. Mi vista se desliza por los enseres, la mayoría provenientes de mi casa paterna.

Y llueve como cuando, en la infancia, íbamos al bosque con el primo Tom a buscar pájaros que no habían alcanzado a emigrar y llevarlos a casa por el invierno.

Sobre un anaquel, el reloj que sostienen dos ninfas de oro. El lavamanos floreado, la jarra del agua, los libros de Alquimia encuadernados en cuero rojo, la cajita de tabaco y la pipa corva comprada a un aventurero irlandés.

La tarde del viernes, fui a ver "Spite marriage", de Buster Keaton. Butacas más adelante se hallaba la muchacha del vestido blanco. Me intriga por qué, ahora, tan a menudo coincidimos. Sin embargo, me dejé llevar por las risas de los espectadores.

Hoy, ya primavera, desplazándome por avenida de Los Héroes quedo pétreo sin poder avanzar. Lentamente, me recupero. Y veo que el viejecillo de la pipa se dirige a mí. Me dice: "Sígueme".

Caminamos por entre las tumbas del cementerio de la colina. Y me señala una lápida. Con estupor, leo mi nombre y dos fechas: 1905-1935.

El viejecillo de la pipa pone su mano en mi hombro y me susurra: "Hijo, debes viajar en tren hasta Inarijärvi. Apresúrate".

Entro al vagón y allí está la muchacha del vestido blanco. Nos saludamos, nos presentamos y conversamos nimiedades. El vaivén del vagón nos invade de misteriosos somníferos.

Súbitamente, el conductor del tren me remece y me espeta: "La próxima estación es Inarijärvi. Ahí debe bajarse". Igual cosa hace con la muchacha del vestido blanco.

En el andén de Inarijärvi hay dos grupos: en el primero están mis amados padres; mis abuelos; el excéntrico tío Alberto que pidió para su funeral malabaristas y una orquesta de payasos; la tía Ema con uno de sus estrambóticos sombreros; el primo Tom abatido en la guerra del 14 y Neptuno, el terrier camarada de mi infancia. Nos abrazamos y lloramos conmovidos por el reencuentro.

Miro hacia el otro grupo y todos lloran y abrazan a la muchacha del vestido blanco. Ella me sonríe y, cómplice, me guiña un ojo.

Y siento fluir, a través de mí, un gran río, hondo y apacible.

A mi izquierda, una enfermera de aspecto severo. A mi derecha, un médico que ilumina mis pupilas y cierra mis párpados. La enfermera cubre mi rostro con la sábana.

Saturday, July 09, 2011

 

Ester


Cuando con Ester determinamos hacer el amor por primera vez, ambos cumplíamos 16 años. Nos desnudamos con miedo; sin embargo, presentíamos la belleza de la plenitud.

Al despertar, mi nieta Martina, de 5 años, me contempla con ojos chinescos y luminosos.

-Feliz cumpleaños, abuelo -me augura-. ¿Cuántos son?

-Son 73 años, Martina -le respondo, rascándome la barba cana.

La ciudad, una vez más, se llena de sonidos y olores cotidianos: el tranvía 15, el pan recién horneado, reyerta en el campamento de los gitanos, la triste amante del abogado Morelli baja apresuradamente las escalas, trueques del ropavejero, pasos en estampida de escolares y oficinistas, graznidos de pelícanos en la bahía.

13 de junio de 1945. "Contemplo desde la sala de clases cómo cae la nieve. Esta noche haremos el amor por primera vez. Me estremezco, pero será hermoso, muy hermoso", escribe Ester en su diario de vida.

Repentinamente esa noche, en mi habitación, un resplandor del tiempo al cual Ester y yo intentamos asirnos...

Monday, April 11, 2011

 

Ivonne


Monsieur Folatre fue el profesor de Francés en el liceo. Al llegar a la ciudad, de casualidad alquilaron la propiedad aledaña a la nuestra. Eran monsieur Folatre, su esposa e Ivonne, la única hija de 7 años. En casa, nuestros padres, mi hermano mayor, yo y mi hermana menor de la misma edad de la vecinita. La única salida cuotidiana de monsieur Folatre la hacía solo para dictar sus clases. A su vez, la señora Folatre, concertista en piano, solía permanecer en sus aposentos ensayando obras clásicas y, muy esporádicamente, paseaba hacia el río mientras sostenía por la cintura a Ivonne, quien apenas caminaba con los fierros en sus piernas por la poliomielitis que sufría. El rostro de la niña era de un blanco casi brillante, con chasquilla y nada de colorete en sus pómulos. Mi hermana menor quiso ser su amiga, pero no lo consiguió a pesar de su ahínco.

Por las tardes, la señora Folatre se sentaba al piano. Con mi hermano mayor quedábamos mudos y extasiados mientras duraba la música. Después de años, supimos que los autores de tales melodías eran Mozart, Bach, Beethoven, Schuman y otros.

Mi hermano mayor, siempre curioseando, vigilaba la casa aledaña por sobre el muro. Y en una ocasión descubrió que la señora Folatre usaba peluca.

Al año de ser unos herméticos vecinos, sorprendentemente nos llegó una invitación al cumpleaños de Ivonne. Madre nos acicaló hasta el delirio y nos hizo prometer que nos comportaríamos con educación y prudencia.

El recinto del cumpleaños se encontraba iluminado tenuemente. Ivonne ya estaba a la cabecera de la mesa. Dejamos los regalos en un redondel de madera y nos sentamos a una cierta distancia de la festejada. La señora Folatre nos hizo cantar los parabienes y comimos torta con educación y solemnidad.

De regreso al hogar, comentamos lo silenciosa de Ivonne. Mi hermano mayor nos peroró que quizá era insana.

En diciembre concluyó el periodo escolar y la familia Folatre decidió trasladarse a otra ciudad. De su partida solo supimos que viajarían en el tren de la mañana.

La casa vecina quedó sin la música y en un silencio insondable. En la tarde, mi hermano mayor me obligó a mirar por sobre el muro. "¿Ves? Han dejado una gran caja de cartón en el patio. Vamos a investigar". Abrimos la caja: adentro yacía Ivonne con el pecho destrozado y de sus ojos de vidrio fluían lágrimas...


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(De adulto, mi hermano mayor casó con una argentina y se radicó en Buenos Aires; mi hermana menor falleció, a los 25 años, en un accidente automovilístico y yo me empleé en la hacienda Lo Benítez en las cercanías de San Javier. Por repuestos para las trilladoras, debí viajar a la casa matriz de maquinarias Benson. Ya finalizados los trámites, caminé a la deriva. Una callejuela de viviendas de estilo austriaco me incitó a recorrerla. De pronto, leí el rótulo de una tienda: "Casa de muñecas Folatre". Ingresé y sentado en una mesa-taller vi a un anciano monsieur Folatre. Me identifiqué como su alumno y, lentamente, rodaron lágrimas de sus ojos: "Allí fue donde murió nuestra hijita Ivonne. Había creado un sistema de relojería perfecto, pero algo sucedió y explotó. Ahora todo lo he modificado". Y prosiguió en su tarea. Salí perplejo y triste. Crucé hacia una pastelería e inquirí sobre los Folatre a una longeva señora. Me contempló escandalizada y exclamó: "¡Qué mundo, señor! ¡Qué mundo! La señora Folatre, que falleció hace un año, era un viejecillo vestido de mujer").

Thursday, March 10, 2011

 

una hermosa nube


La sirvienta que le franqueó la puerta tenía el rostro demacrado y triste. Lo guio hasta un saloncito de sillones de terciopelo oscuro. En ámbitos interiores de la casa, una mujer cantaba musicalizada por piano. Todo olía a extemporáneo y olvido. El paso de un carruaje lo puso en alerta. Después extrajo del maletín apuntes inconclusos, por años, de mitología antigua que entregaría a don Jacinto, su mentor en griego. Releyó el acápite 961: Las Euménides, lit. 'las benévolas', nombre dado a las Furias porque además del oficio de vengadoras tenían el de admitir la reconciliación de los pecadores arrepentidos. Eran tres: Alecto (implacable), Megera (envidiosa), Tisífone (vengadora de los asesinatos)...

Pasos endebles se aproximaron acompañados por el golpe rítmico de un bastón. Entró don Jacinto y se estrecharon las manos con sincero afecto. Su barba doctoral resplandecía de plata. Rememoró a su padre: "Hijo, yo partiría contigo, pero un viejo sería estorbo". Y se abrazaron. Una mañana, la carta de su hermana Elisa le comunicó que lo habían sepultado en las afueras del pueblo natal.

Don Jacinto agitó una campanilla. Al instante, entró la sirvienta con una bandeja de plata en la que traía la cabeza sangrante de una mujer con una expresión terrorífica. El joven cerró los ojos con horror. Sintió náuseas como en las trincheras. El chasquido de la tos de don Jacinto lo obligó a tener visión: en la bandeja de plata había dos copitas de licor translúcido. Y brindaron por el término de la guerra.

Más tarde, acodado en las barandillas del barco, observó que los niños migrantes corrían por la cubierta incansables.


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(En Chile, mi abuelo ofició de viajante de comercio. Después, compró viñedos en la Séptima Región. Un año antes de morir nonagenario, adquirió la costumbre de escudriñar el cielo.

-Abuelo, ¿qué buscas? -le inquirí.

Puso, con delicadeza, su frágil mano en mi hombro y sonrió:

-Busco una hermosa nube de regreso a mi lejano país y a mi perdida juventud).

Sunday, February 13, 2011

 

a la manera de Louis Armstrong


Wells escribió un cuento a cuyo protagonista se le hace rodar a través de una cuarta dimensión. Y yo siempre he buscado puertas que me conduzcan a otras dimensiones. Pero nada de brillantes armazones metálicas, ni marfiles, ni sustancias cristalinas, ni tretas sutilmente ideadas de otros tiempos y espacios. Quisiera ser un viajero astral solo con magia afrocubana.

Cada amanecer espero a mi hija Juanita en El Malecón contemplando hechizado el mar del Caribe. Mi hija es una mulatica ladycrooner en un bar nocturno. Al terminar su actuación va a buscarme y regresamos a casa, para el desayuno, cantando temas de Lucho Gatica.

Una noche, en vez de ir a El Malecón, me fui al barrio de las putas. Al abrir la puerta de la habitación del alquiler vi sobre la cama a una negra desnuda, monstruosa y perlada de sudor. Me hizo recordar a La Estrella, personaje de una novela de Cabrera Infante: Y La Estrella se resbalaba de sobre mi cuerpo y volvía a montarse y hacía ruidos extraños, increíbles, como si cantara y roncara a la vez y entre estos mugidos me decía mi negro mi amor quiéreme dale un besito a tu negra anda anda anda y cosas así, que me hubieran hecho reír si no me faltara aire y le di un empujón con toda mi fuerza haciendo palanca con la pared (porque había llegado hasta la pared empujado por aquella masa en expansión, atropellado por aquel universo que se me encimaba) y le hice perder el equilibrio y se cayó de la cama y en el suelo quedó jadeando y bufando y me levanté de un salto y encendí la luz y la vi: estaba completamente desnuda y sus senos tan gordos como sus brazos, dos veces más grandes que mi cabeza, se caían uno para un lado y llegaba al piso y el otro le daba por sobre el rollo central de los tres grandes rollos que dividían sus piernas de lo que hubiera sido su cuello si lo tuviera y el primer rollo después de los muslos era una especie de prolongación de su monte de venus y vi que Alex Bayer tenía razón, que ella se depilaba toda porque no tenía un solo vello en el cuerpo y aquello no podía ser natural, aunque nada era natural en La Estrella. Fue entonces que me pregunté si no sería una marciana.

Y al abrir la puerta en Amsterdam en 1951, a mis 23 años, sobre la cama estaba Annette desnuda, una rubia de 19 con un pubis de oro resplandeciente.

Yo era el bongosero de la gira por Europa. Ahora ya viejo y casi decrépito solo contemplo el mar del Caribe hasta el amanecer esperando a Juanita. Pero sigo soñando con las puertas a otras dimensiones.

Pues esta noche de una claridad sorprendente y de sensaciones como en las fiestas de iniciados he decidido retroceder astralmente 50 años y subo en Amsterdam las escalas hacia la habitación de Annette. Ella me confiesa que ha quedado embarazada y nacerá mujer. "Una mulatica", le susurro y la abrazo estremecido.

Y al abrir la puerta en Amsterdam en 1951, a mis 23 años, sobre la cama está Annette desnuda, una rubia de 19 con un pubis de oro resplandeciente. Me digo:

-Coño, todo de nuevo.

Y río a la manera de Louis Armstrong.

Sunday, January 09, 2011

 

loca de patio, loca de lunas


Loca de patio,
loca de lunas,
loca de cloacas,
loca de burdeles,
loca de amar,
loca de los afluentes,
loca de marineros,
loca de astronautas,
loca de París,
loca de Turquestán,
loca de relámpagos,
loca de tinglados,
loca de estigmas,
loca de girasoles,
loca reina de las ratas,
loca reina de los faisanes,
loca de las mecánicas perfectas,
loca estremecida
de arcoíris,
de lujuria,
de quejidos,
loca balsámica,
loca de las distancias,
loca, loca mía,
Marlene Dietrich
o Salomé,
chapotea en mi pecho
con tus besos ensangrentados,
sé una sombra turbia de adulterios
y fantasías,
deslízate como un ser monstruoso
hasta mis pálidas piernas,
múdame la piel y la tristeza,
corta de raíz las soledades,
y aunque transcurran todos los siglos,
todos los infiernos,
todos los insondables,
todos los silencios,
todos los desenfrenos,
todos los remolinos,
todas las batallas,
ven por las nubes silbando
y que tus caderas traigan todos los sueños
que aquí en las trincheras,
en las casas solitarias,
en los muelles de las despedidas,
en los imperios de los sentidos
estamos todos esperándote
frenéticos y en llamaradas...

Saturday, January 01, 2011

 

te amo


En el pueblo de la infancia
cae el olvido
como nieve
de antiguos inviernos.

Y en el bar de la esquina
nuestro amado padre,
agobiado y nostálgico,
aún sueña con la hermosa extranjera
que le dijo 'te amo'
en un idioma extraño...

Tuesday, December 14, 2010

 

sueños, diamantes, sedas y fantasías


Una visión de ensueño a través de diamantes fragmentados. Ella con su traje de seda al borde de las ilusiones y de los alféizares. En la pantalla, su beso y su lujuria. Alucinaciones en sus ojos celestes. Nueva York infinita. En mi mano mi última moneda. Todo o nada. Te amo, Gene Tierney.


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Gene Tierney (1920-1991). Actriz norteamericana. Filmes: "Al borde del peligro" (1950); "La mano izquierda de Dios" (1955); "Noche en la ciudad" (1950); "Sinuhé, el egipcio" (1954), entre otros.

Friday, December 03, 2010

 

la vida


Traigo vastos espacios
para los buscadores
y espirales de infinitos
para los que soñaron con el cielo
como asidero.

Fuera los aullidos.

Solo flautas y estrellas
para esta mesa que se desborda.

(La noche se despoja inútilmente
de sus máscaras
para mostrarnos los eclipses
y las heridas de nuestros amores perdidos).

Y he comprendido que la vida
es la hermosa hija que siempre nace
tras la Luna...

Friday, October 08, 2010

 

llamadas obscenas


Cuando el 15 de julio de 2001 recibí una llamada obscena, me estremecí, porque pensé que había sido Cristina.

En mi primer día de jubilación, había ordenado los libros; rodé el globo terráqueo; abecedaricé los discos de rock de los años 50 y 60; hice funcionar viejos compases de bigotera; leí sobre los diseños misteriosos de las piedras de Ica; contemplé antiguos mapas en donde soñaba, cada noche, navegaciones a países enigmáticos...

El padre de Cristina había llegado como médico jefe al hospital de la región. Y cuando ella entró a la sala de clases del liceo, me maravillé: era Carol Lynley, una rubia modelo adolescente, portada de Life y otras revistas de moda, que devendría más tarde en actriz de Hollywood. Por fortuna, sentaron a Cristina a mi lado y, con el tiempo, nos hicimos grandes camaradas.

En casa de su prima mayor Teresa, aprendimos a bailar rock (yo prefería los lentos de Brenda Lee y Paul Anka para poder abrazarla). No sé si por admirar a Carol Lynley, empecé a enamorarme de Cristina. O si al verla por primera vez la amé desde entonces.

Lo sucedido en el transcurso de los días es largo de narrar. Fueron alrededor de dos años de camaradería. En una bellísima mañana estival, que tomábamos sol en la playa, me confiesa, entre sollozos, que desde un tiempo siente deseos irrefrenables de hacer llamadas obscenas y ya ha realizado varias. A mis dieciséis años no supe argüir que la adolescencia está llena de ángeles y demonios; que la adolescencia arde en lujuria (y no le revelé que, por las noches, con los muchachos escudriñábamos ventanas con mujeres desnudas).

Un domingo al salir de la iglesia, me asegura que se hará monja de claustro para expiar su pecado y pedirá postular al noviciado. Yo, sin atinar, incliné la cabeza acongojado.

Al día siguiente de su ingreso al noviciado, caminamos por los jardines del convento de la distante capital. Nos sentamos en una glorieta de rosas y, súbitamente, nos abrazamos mientras nuestras lágrimas fluyeron: era el desgarro de un ciclo que concluía. "Tú has sido lo más hermoso de mi vida", le aseguré. "Tú también has sido lo más hermoso de mi vida", replicó. Y con sus ojos celestes arrasados en lágrimas, me prometió: "Algún día te llamaré"...


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(En 2005, revisé diarios de la capital, de entre los años 1962 y 1964, buscando la confirmación de una supuesta herencia de una anciana tía paterna. En uno de los sueltos de 1963, leí del suicidio de una joven religiosa: Cristina Müller, hija del distinguido médico Tomás Müller. O sor Carol, como monja de claustro).

Saturday, September 11, 2010

 

quemé todas mis naves


Quemé todas mis naves.

Sepulté a mis muertos
con plegarias a dioses secretos
que algún día
dejaron de amarnos.

No quise mirar hacia las estrellas
para no evocar los hechizos
y los viajes
a través de todos los océanos.

Y no sé qué hacer con la luz de la eternidad
que centellea, esplendorosa, en mi corazón.

Saturday, August 14, 2010

 

si viviera sólo un día, ¿qué haría?

Buscarte.

Saturday, July 31, 2010

 

las esferas del tiempo


Solía frecuentar el taller de relojes en la calle de mi infancia. De a poco, fui aprendiendo que el trinquete mantenía la tensión del muelle real cuando damos cuerda. El rubí, a su vez, mantenía el aceite en su parte cóncava para que el rozamiento de los pivotes fuera mínimo y así evitar su desgaste. Aprendí también que el rubí del puente de volante estaba compuesto por un chatón con doble piedra y un amortiguador llamado incabloc, cuya función era prevenir la rotura del finísimo pivote del eje de volante en caso de golpe.

Una vez me dormí cuando contemplaba el áncora que mandaba oscilar al volante. Una voz me dijo: El tiempo no se detiene. Y el río lo lleva todo al mar, ese que alza su brazo en cascada para simular una ola que barre y limpia y renueva.

Y las piezas del reloj volaban: los barriletes se enrollaban en una energía azul; el escape bailaba en un balanceo constante; la platina buscaba el origen del tiempo; la corona parecía una golondrina vertiginosa entre los tornillos; los rubíes constelaban el Universo; el espiral crujía como alucinados grillos...

Mi madre, entretanto, copiaba un modelo de vestido que había usado Ava Gardner en la presentación del filme "Mogambo" (Vic Marswell -Clark Gable- es un cazador que organiza safaris. En su pequeño hotel se encuentra hace algún tiempo la atractiva Eloise Kelly -Ava Gardner-, con la que Vic ha iniciado una relación. Llega un matrimonio estadounidense que ha contratado los servicios de Marswell para filmar gorilas en libertad. La esposa -Grace Kelly- queda impresionada por el maduro cazador y se enamora perdidamente de él. A su vez, Marswell se siente halagado y se cree también enamorado de ella. Eloise contempla la situación con celos, dolor e incredulidad. Al parecer, las relaciones entre ambas parejas se van a romper irremediablemente).

Mi madre una tarde (días antes de fugarse a París con un turco traficante de gemas) me contempló con tristeza y me abrazó. Nunca más volví a verla.

Al despertar de mi sueño con las piezas del reloj volando, creí estar en el momento en que el Conejo Blanco, al pasar por el lado de la estupefacta Alicia, exclamó: ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar!...

Monday, June 28, 2010

 

Helene Fourment


Sobre la arena negra, las piernas de la muchacha del naufragio se hacían más largas y níveas.

Su desnudez, de pronto, la encontró demasiado procaz. Y a la muerte de Rubens, quemó varios cuadros en los que aparecía desnuda o semidesnuda. Sin embargo, conservó uno porque era el más querido por su esposo. Los diez años que duró el matrimonio de Helene estuvieron marcados por la felicidad, pero también por la pasión que la joven esposa, rubia y de cuerpo contundente despertó en el anciano artista.

Un cangrejo frenético pasó por el lado del cuerpo de la muchacha del naufragio y se dirigió hasta unas rocas donde las olas del mar rompían con estruendo.

Sobre este retrato, conocido también como El abrigo de pieles o La petite pelisse, existen numerosas especulaciones respecto de si Rubens hizo un cuadro de estudio -con su mujer apenas cubierta con un abrigo de piel-, si quiso captarla saliendo del baño o si quiso plasmar un momento de intimidad, como sugiere el velo enroscado en un brazo. El artista pretendió y consiguió perfectamente retener la impresión de un momento íntimo, breve y pasajero.

El oleaje marino trajo hasta la playa el cuerpo femenino y lo depositó con suavidad sobre la arena.

La voz de Lila Calderón hilaba desde un lejano espacio el canto cifrado de un olvidado naufragio: Hasta que un día, en tiempos muy remotos y en medio de la odisea, divisó los primeros espejismos que recubrían con celo, el cuerpo resquebrajado de una noche oculta entre cortinas y retazos de una estrella épica que se negaba a cantar. La Atlántida, con sus columnas sonámbulas y plataformas móviles, llamaban a sumergirse para navegar hacia el mar que no es morir.

El cangrejo frenético, de regreso desde las rocas, se detuvo ante el cuerpo ya rígido de la muchacha del naufragio y luego prosiguió su marcha vertiginosa dejando en la arena una huella leve como un indescifrable indicio de eternidad...

Tuesday, May 25, 2010

 

una nubecilla en el azul de su ojo izquierdo

La falda (de color verde musgo) tenía un diminuto corte que la obligaba a caminar como una geisha. Su rostro se aguzaba con la delgadísima nariz. Ella fue la mujer que asesinó a mi padre en 1962. Yo tenía 15 años y trataba de cantar a lo Elvis Presley. En la guitarra punteaba "Don't be cruel" y me contoneaba como el rey.

En la mañana de la muerte de mi padre había leído un poema de Walt Whitman para un examen de Literatura: Comprendo el corazón de los héroes. El valor de hoy y el valor de todos los tiempos. Este es el patrón de una lancha. ¡Miradlo! Cuando diviso aquel pailebot a la deriva, sin timón en la tormenta, y al que casi cazaba la muerte, se pegó a su costado y lo siguió fiel tres días y tres noches sin ceder una pulgada; escribió con tiza en grandes letras, sobre un tablón estas palabras: ¡Ánimo, no os abandonaremos! Lo salvó. Aún veo mujeres esqueléticas, con sus ropas holgadas, descender como espectros que salen de las tumbas, los rostros mudos y avejentados de los niños y a los hombres de labios afilados y mejillas sin afeitar. Todo esto lo veo, lo gusto, lo engullo, lo asimilo y lo hago mío. (...) Todo esto lo siento y lo sufro. Yo soy todo esto.

En la mañana de la muerte de mi padre, había limpiado los duendes de yeso que poblaban el jardín (la sombra de la fuente de agua parecía la silueta turquesa de una insólita ballena que lanzaba una ráfaga de burbujas). Y espanté las irisadas lagartijas que tomaban sol sobre los muros.

En la mañana de la muerte de mi padre, vi bañarse desnuda a la rubia vecina en medio de las rosas que cultivaba. Y mi padre, que la pretendía, le había prometido fugarse con ella a Nueva Zelanda.

Mi padre fumaba en pipa. Era aficionado al tabaco Odyssey envasado en una lata de 50 gramos. En esta mezcla se empleaban hojas de Latakia chipriota de color negro azabache con aroma a madera, lo que hacía que sus trajes siempre desprendieran un delicioso olor. Crecía bajo su nariz un bigote algo enmarañado y severo. Sus manos eran inmensas. Nunca comprendí cómo podía tocar piano con esas manazas, más bien de un boxeador de peso completo.

De mi madre no hablo, porque nos abandonó en el comienzo de los tiempos y se fugó a París con un turco traficante de gemas.

Y olvidaba un detalle de mi padre: tenía una nubecilla en el azul de su ojo izquierdo...

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(Se supo después que la mujer del diminuto corte en su falda que la obligaba a caminar como una geisha no había asesinado a mi padre, sino que había sido yo. Y este escrito obtuvo el tercer lugar en un concurso de ejercicios literarios entre los pacientes del Hospital Psiquiátrico).

Sunday, April 25, 2010

 

y en los próximos instantes qué


Y en los próximos instantes qué: las incertidumbres, una isla con pájaros exóticos, otros universos, otras maquinarias desvencijadas, fertilidad, mariposas, asombros, cartografías sagradas con mensajes de amor, huesos de cigüeñas en extraños ceremoniales (te reconoceré, Claudia o Kiantei, en la nieve de Moscú o en los ojos melancólicos de los caribúes).

Tu mano en la multitud me hará señas. Y la nada se llenará de tus resplandores.

Habrá senderos circulares hacia diminutos planetas. Los inexorables desgarros de los ciclos. Sólo amplísimos espacios. Sólo la pasión. Sólo lo ingrávido para el tañido del mar y los secretos. Sólo la súbita caricia de la carne.

Maravilloso que existan los umbrales y las estrellas (fulgores que cualquiera puede recoger después de la lluvia).

Nunca más ausencias y a puñados los infinitos.

Y todo lo demás con el corazón enloquecido.

Sunday, March 14, 2010

 

el espejo de los sueños


Mírate, una y otra vez, que sean mil veces o más, muchas más, infinitamente: al fondo del espejo están tu juventud, la belleza y todos tus sueños.

Están el juego chino que te hacía reír a carcajadas, el primer beso que fue magia.

Están la esquina donde nos encontramos como arlequines imaginarios, el circo, el bodegón de los equilibristas, la olla de las alegrías, la lluvia y la risa del mes de junio, los momentos del día bulliciosos como pájaros, los placeres, el baile por las azoteas, el libro que nos hizo soñar con un país tras la bruma.

Están el canto, el carrusel, el jardín de los crepúsculos, el zumbido de los astros, la semilla, la palabra amor en todas las arboledas, la bocina de los barcos, la esperanza, el talismán de los susurros, la manzana que compartimos como una ilusión.

Están la casa que inventamos, un charco lleno de tulipanes y estrellas, los hermosos caballos de las praderas, el azul, el verde, el rojo, la perinola de tu corazón que rueda sin cesar, el río, la nieve y ese respirar deslumbrante que se llama vida...


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(A mis amados hermanos de Chile)

Saturday, January 09, 2010

 

el seductor perfume de la mirra


El lunes, cuando pronuncié la palabra 'nieve', se abrió una puerta a un vasto espacio lleno de luz: flotaba en el aire el seductor perfume de la mirra que parecía haberse acuñado durante los muchos siglos que ella permaneció en una oquedad profunda de piedra caliza. Era la faraona Hatshepsut, la extraordinaria mujer que reinó en Egipto de 1479 a 1478 a. C. y que hoy es menos famosa por su reinado que por haber tenido la audacia de representarse a sí misma como un hombre. Hatshepsut era la hija mayor de Tutmosis y su Gran Esposa Real, la reina Ahmose, probablemente pariente cercana del rey Amosis. Tutmosis también tenía un hijo de otra reina, Tutmosis II, quien heredó la corona cuando su padre "descansó de la vida". Ciñéndose a un método común para fortalecer el linaje real -y sin ninguno de los reparos de hoy para acostarse con su hermana- Tutmosis II y Hatshepsut se casaron y tuvieron una hija...

La faraona se sentó con nuestra hija a orillas del agua. El día resplandecía y era tan hermoso como un sueño...

Tuesday, January 05, 2010

 

Shane el desconocido


Tom, a los nueve años, parecía un elegante caballerito con su traje oscuro y corbata negra. Se había sentado en las gradas del pórtico de su edificio, luego de sepultar a su padre, un viajante de comercio asesinado por unos pandilleros negros en la calle 59. El niño contempló el edificio de enfrente y vio que la señora Dorothy le hacía señas desde la ventana del cuarto piso. Sus nietas bajarían a las cinco a jugar en la acera como de costumbre. El sol, al declinar, dejaría que la sombra se abatiera, día tras día, en la baldosa donde había escrito con cincel su nombre el año pasado. La señora Dorothy continuaría, una y otra vez, cosiéndole a su madre los mismos vestidos que lucía Ava Gardner en Hollywood. Por las tardes, su madre repetiría frente al espejo los gestos y actitudes que había aprendido de su admirada Ava. Su padre también tenía un actor predilecto: Alan Ladd. La semana anterior se había estrenado en el cine de la esquina la película Shane el desconocido y su padre, al volver, había comentado: "Esta es la mejor actuación de Alan".

Tom, al día siguiente del estreno de Shane el desconocido, se había deslizado por la puerta trasera del cine, la del callejón, y desde un altillo donde guardaban repuestos de la proyectora y rollos antiguos de Chaplín y otros cómicos del cine mudo, contempló el western: El desconocido ha arriesgado la vida por sus amigos, los Starrett, pero se ha cobrado algunas vidas y sabe que debe seguir su camino. No solo para no comprometer su libertad, sino para no alterar la armonía familiar con su amor por Marion, esposa del señor Starrett y madre del pequeño Joey.

Lo real del final de Shane el desconocido:

Shane: Me tengo que ir, Joey.

Joey: ¿Pero por qué, Shane?

Shane: Un hombre tiene que ser fiel a su naturaleza, Joey. No se puede romper el molde. Yo lo intenté, pero a mí no me funcionó.

Joey: ¡Pero nosotros te queremos, Shane!

Shane: Joey, no se puede vivir si has participado de un tiroteo. No se puede volver atrás. Corre a tu casa con tu madre. Cuéntale que ya no hay armas en el valle... Y crece hasta ser un hombre recto y fuerte. Y, Joey, cuídalos a los dos. Adiós, pequeño Joey (Shane se aleja en su caballo y Joey le grita).

Joey: Pero papá tiene tareas para ti. Y mamá querrá que te quedes. Lo sé, Shane... ¡Shane! ¡Vuelve, Shane!

Los gritos desgarradores de Joey no logran quebrar la voluntad de Shane, que sigue su camino sin siquiera darse vuelta a despedirse por última vez. Joey ha perdido a su héroe para siempre...

Lo imaginado por Tom, después de la muerte de su padre, del final de Shane el desconocido:

Shane: Me tengo que ir, Joey.

Joey: ¿Pero por qué, Shane?

Shane: Un hombre tiene que ser fiel a su naturaleza, Joey. No se puede romper el molde. Yo lo intenté, pero a mí no me funcionó.

Joey: ¡Pero nosotros te queremos, Shane!

Shane: Joey, no se puede vivir si has participado de un tiroteo. No se puede volver atrás. Corre a tu casa con tu madre. Cuéntale que ya no hay armas en el valle... Y crece hasta ser un hombre recto y fuerte. Y, Joey, cuídalos a los dos. Adiós, pequeño Joey (Shane se aleja en su caballo y Joey le grita).

Joey: Pero papá tiene tareas para ti. Y mamá querrá que te quedes. Lo sé, Shane... ¡Shane! ¡Vuelve, Shane!

Los gritos desgarradores de Joey hacen a Shane mirar al pequeño y ordena a su caballo regresar...

Sunday, December 27, 2009

 

y que la magia continúe

¿Dónde? En cualquier lugar. En ustedes. Siempre.

Un abrazo,

Mentecato

Thursday, December 17, 2009

 

el equilibrista chino


La bailarina lo esperaba con una daga de sultán en la mano. El caleidoscopio multiplicaba su pintarrajeado rostro que intentaba ocultar las cicatrices de las quemaduras que el equilibrista chino le había proferido con una tea encendida en la noche de carnaval. "Ya no te amo", le había asegurado ella mientras patinaba por la pista vestida de ángel. El equilibrista chino no soportó el desamor y planificó quemarle el rostro antes del baile de máscaras. Horas después, preparaba una sopa de tortuga según una nueva receta: Se hace un buen caldo con la carne de tortuga, bien blanda esta carne se pasa por gibe y se une al caldo, se agrega una copa de vino blanco, sal, un diente de ajo machacado, mezclado con zumo de cebollas, pimienta y se da color con azafrán tostado. Se deja hervir un buen rato, se colocan en la sopera rebanadas de huevos duros y de pan frito cubriendo con el caldo. "Yo sí que la amo", se dijo rechinando los dientes. Hizo ejercicios de chi kung ante el espejo (con el chi kung pretendía eliminar la tristeza, el odio y apaciguar el corazón). Sus ojos rasgados emitían el brillo del filo de dos cuchillos resplandecientes. De una caja extrajo un kimono de verano (yukata) y lo desdobló sobre la cama. Se desnudó ante el espejo y, lentamente, retiró la venda que apretaba sus senos. Desamarró el pene de goma de entre sus genitales y contempló su vulva (todas las secreciones y fluidos del útero y vulva de la mujer china constituyen la esencia yin, la cual es un revestimiento necesario para permitirle al semen masculino convertirse en embrión. La mujer contiene un depósito de esencia yin inagotable, a diferencia del hombre cuya cantidad de esperma es limitada. Dicha esencia es activada con la excitación sexual y, por esa razón, el orgasmo femenino fortalece su energía vital, mejora su salud, prolonga su juventud y potencia. El contacto sexual cumple un doble objetivo. Por una parte, tiene como fin la concepción para que el hombre cumpla su papel en el orden universal al perpetuar la familia. Este es un deber sagrado ante sus ancestros, ya que la felicidad de los difuntos se asegura con los sacrificios de los descendientes en la tierra).

Ciega de ira, la bailarina alzó la daga...

Saturday, December 05, 2009

 

el hombre del sombrero verde

El hombre del sombrero verde que habla por teléfono en la caseta ubicada en la intersección de las calles Zabrze y Bydgoszcz morirá en 2 horas y 15 minutos más. La ciudad polaca resplandece después de la lluvia de la mañana (una bandada de charranes árticos vuela y se pasea en la perpetua luz del día. Están agitados. Un par de gaviotas hiperbóreas, ladronas de polluelos y huevos, las formidables depredadoras del Ártico, se acerca del este. Los charranes se defienden con ferocidad. Muestran sus picos rojos y se convierten en una nube de objetos cortantes.

El truco funciona. Las gaviotas pasan de largo y se dirigen tierra adentro, revolotean sobre un par de eiders con sus nidos en el suelo, una jauría de perros de trineo y un caribú solitario se alimentan en la tundra.

Es una típica noche de verano en Svalbard, un refugio totalmente atípico en el Ártico con una extraordinaria variedad de vida silvestre. Pocos lugares en la región circumpolar pueden compararse por su biodiversidad. Los osos polares prosperan aquí. Aproximadamente la mitad de 3.000 osos de la población del Mar de Barents cría a sus cachorros en las aisladas islas del archipiélago. Las aves marinas migran a Svalbard por millones. Cinco especies de focas y 12 tipos de ballenas se alimentan en estas aguas. Las morsas atlánticas también se alimentan hasta saciarse de las almejas que crecen en la plataforma poco profunda del Mar de Barents. En la tundra de las planicies y en los valles de Svalbard, los renos pastan y los zorros del Ártico cazan lejos de los depredadores.

Los caribúes aquí, como el lagópodo, se olvidan de los ritmos nocturnos que gobiernan la vida de la mayoría de los animales. Comen y comen y comen y comen, descansan un poco y vuelven a comer, independientemente de la hora.

Las ricas aguas que pasan junto a la costa también traen consigo una gran variedad de aves marinas cada año. En mayo y junio, cuando el hielo se retrae y la tundra se limpia de la nieve, más de tres millones de aves migran a Svalbard por la seguridad que ofrece para reproducirse y por la gran cantidad de alimento disponible.

Para los humanos es un lugar inhóspito, austero y despiadado. Más de la mitad de la masa de tierra está cubierta por hielo glacial).


El joven cierra la edición de abril de National Geographic y besa a su novia que regresa de su clase de música. Entran al café Hatshepsut en la intersección de las calles Zabrze y Bydgoszcz. Se casarán el mes venidero.

El hombre del sombrero verde termina su conversación telefónica y se aleja por la calle Bydgoszcz en dirección del puente Lesczinski, donde se reuniría con los conjurados en el golpe de Estado.

A orillas de la selva, los cazadores furtivos encuentran restos y huellas delatoras de un jaguar. Ansiosos, disparan desde una distancia demasiado lejana.

Y el hombre del sombrero verde cae con el cráneo destrozado...

Thursday, December 03, 2009

 

el perro andarín y el cangrejo

Soy humano. Tengo nombre. Todos me conocen como el señor Antúnez. Mi cédula de identidad es la número 12.765.458. Ingeniero de profesión. Pero soy un perro andarín. Caminaba por la calle Biarritz y al ver la publicidad luminosa de una veterinaria entré sin vacilación. La secretaria se sorprendió al pedirle consulta de salud (quizá por jocosidad me anunció al médico). Este, al verme, me inquirió por el motivo de la visita.

-Soy un perro andarín, doctor, le aseguré. Y quisiera que me revisara, aunque no tengo ningún síntoma.

Él, siguiendo la cuerda lúdica de la secretaria, me pidió que me extendiera en la camilla de diagnósticos. Hizo un exhaustivo examen de cabeza a pies. Y me palmoteó:

-Tal como dice usted, tiene una salud magnífica.

Le agradecí y pasé a dejar el valor de la consulta a la secretaria. Ella me susurró:

-Señor, vaya a ver un siquiatra.

Y me ladró 'guau, guau'. Y 'guau' le respondí.

Fui al siquiatra. Pasé a una salita muy cálida. Le conté que era humano pero, no sabía si, a la vez, era un perro andarín. O simplemente era un perro andarín y me creía humano.

El profesional de la mente se acercó a mí hasta casi tocar su nariz con la mía, y me confesó: "Señor perro andarín o humano, aunque usted no lo crea yo soy un cangrejo".

Salí de la clínica un tanto perplejo; llamé a mi esposa. Y busqué un árbol, porque sentí deseos de orinar...

Wednesday, November 25, 2009

 

un ligero destello


Naufragaron los dioses,
los hombres,
las máquinas,
las promesas,
la locura,
las totalidades...

Y en la nada
hubo un nuevo,
hermoso
y ligero destello.



(Al laberíntico doctor Vicious)

Saturday, October 31, 2009

 

la belleza de los días


Siempre mantenía en sus faldas un bastidor en el que hacía bordados en punto beauvais: era una viejecilla vagabunda de hermosísimos ojos azules. De pronto, abandonaba su faena y escudriñaba el cielo. Persistía por largo rato en la búsqueda, quizá, de sutiles acontecimientos hacia el infinito. Mis pasos la incomodaban y, nerviosamente, regresaba a sus labores. Yo la orillaba y permanecía inmóvil a una prudente distancia (quería conocerla, pero mi apariencia de nomo la inquietaba). Al atardecer, liaba sus bolsas y con el bastidor llevado con delicadeza se alejaba hasta el final de la calle Dormunt (su señorío era un irregular habitáculo de madera sin pulimentar en el baldío que las bombas nazis habían convertido la antigua mansión de la familia Condillac).

Día tras día, detenía mi andar frente a ella. Adquirí también la costumbre de escudriñar el cielo como un mico a sus miradas: según las estaciones del año, había nubes viajeras con olores de distantes océanos, la hojarasca del otoño danzaba en torno nuestro y en el invierno (ella muy arropada con holgadas y ajadas vestiduras) la nieve nos trocaba en seres resplandecientes y tristes.

Acaso por su soledad, ella se parecía a mí, pues la guerra me había convertido en un huérfano vagabundo.

Después de unos días enfermo bajo el puente de la calle Saint-Etienne, caminé hasta la plaza Rodez. Me atreví a traspasar mi distancia acostumbrada y me detuve casi tiritando. Los ojos azules de la anciana se posaron en mí y, ante mi asombro, me sonrió. Yo también atiné a sonreír inquieto.

En el fluir de las mañanas, balbuceé un saludo. Y ella determinó acogerme súbitamente. Ya sentado a su lado, le inquirí por lo que hacía: era bordado en punto beauvais. En la ciudad de Beauvais, en el norte de Francia, familias enteras, tanto hombres como mujeres, "se sentaban alrededor de una gran mesa ubicada en el centro del hogar, apoyando cada uno su bastidor de bordado sobre la mesa.

De esta manera, comenzaba la tarea que daba lugar al ritual. Cada uno de los integrantes del grupo familiar se encargaba de confeccionar el tema del bordado que correspondía al color que les era asignado, de modo que al completar el color bordado se le pasaba el bastidor a quien le correspondía siguiendo así, una y otra vez, durante toda la jornada hasta completar la tarea".

"Algún día, vendrá mi familia a buscarme", sollozó. "Entretanto bordo y escudriño el cielo para ver pasar la belleza de los días".

Fue el 25 de octubre de 1946. Lo recuerdo porque está marcado a fuego en mi corazón. Ella no llegó a nuestra placita Rodez. Deambulé a la deriva y, de tanto en tanto, escudriñé el cielo.

Caminé hasta su habitáculo y el viejo barrendero del barrio me comunicó que había muerto la noche anterior y el Municipio se la había llevado para incinerarla. "Fue la hija predilecta de la familia Condillac", musitó.

Ingresé al habitáculo y en una tabla colgaba el bastidor con un hermoso bordado donde una anciana y un niño escudriñaban el cielo. Un papel decía: "A mi amado nomo".

Friday, October 23, 2009

 

el tiempo, ese viejo bromista desalmado


Hay un camino, trashumante, desde lo ignoto de los siglos. Y la transformación eterna de las cosas: cataclismos, fantásticos animales en mares que ardían, lentos perfumes desde el fondo de la tierra como serpientes hacia la luz, hermosas mejillas de luna que se convertían (y aún se convierten) en surcos y polvo, batallas con huesos triturados y cantos de victoria, energías en el metal para producir infinitas mercancías...

Por doquier, bailes y tálamos vertiginosos.

San Agustín cavilaba, asombrado, sobre el tiempo.

Se levantaban cartas astrales, las naves se guiaban por las estrellas y medían las horas.

En las esquinas de todos los espacios, cruentas conquistas, cruentos amores...

Y todo tenía que ocurrir: los milagros, los libros, el cine y sus espejismos que son un sempiterno girasol de sueños.

Las mismas cosas y tan diferentes cosas, una y otra vez.

Y ahora, casi al término de todos los siglos, con la esperanza aún en la punta de los zapatos, nos damos cuenta de que el tiempo, como dice Colombine, es ese viejo bromista desalmado que se empeña siempre en desajustar los relojes de cuerda...


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(A Colombine y a la magia de sus palabras)

Sunday, October 18, 2009

 

el poeta es un fingidor


Ya lo decía Pessoa: "El poeta es un fingidor".

En este momento soy un relámpago y no lo soy.
Acaso un camaleón,
una burla con forma de pájaro,
un destrozado resplandor en el corazón del mar.

Y camino sin destino fingiendo destinos.
Abro puertas que cierro
y cierro dolores que abro.

¿Hasta cuándo fingiré que vengo mientras voy?

Y soy un extranjero ciego
dormido en la puerta de tu casa.

Imagíname en el baile de máscaras: tú vienes cuando ya no estoy...

Thursday, October 08, 2009

 

y seguir cantando


Siempre estarás
(estaremos)
al sol
cantando
llena
(llenos) de cigarras
y de infinitos tiempos.

Y nunca habrá puñal,
ni llanto,
ni muerte.

Siempre amaneciendo
para seguir cantando.


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(A Mercedes Sosa, la Negra)

Saturday, September 19, 2009

 

cuánto lamento no haberte amado más

Hermano mío:

Ayer supimos que habías muerto, el día 22, combatiendo en las trincheras de Verdún. Cuánto lamento no haberte amado más cuando vivías en casa con nosotros...

Tu hermano

Béziers, 27 de febrero de 1916.


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(La Batalla de Verdún fue la más larga de la Primera Guerra Mundial y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. El ataque alemán se inició el 21 de febrero de 1916, lanzando dos millones de bombas en un terreno de 40 km durante dos días. Las bajas francesas fueron de 20.000 soldados.)

Tuesday, September 15, 2009

 

aire-aire


Mi boca en el aire-aire
buscándote con locura de seda.

¡Cuántas ansias!
Y hechizo revelado.

¡Cuánta prisa que lleva el aire-aire hacia tu corazón!

Y en los trigales ardidos del verano
ráfagas,
el oro
y el conjuro,
la pasión desbocada como un aullido afilado,
tu pecho quemándose a destiempo.

Aire-aire.

Vístela con la transparencia más hermosa.
Mordisquéala como una manzana caída del sol.

Aire-aire.

Atrápala en una red invisible.

Y que mi boca sea
en ella
siempre
una llaga de amor y voracidad interminable...

Saturday, September 12, 2009

 

las mismas cosas


Yo,
aquí,
la ciudad,
las mismas cosas,
la misma tarde,
urdimbre de un solo tiempo,
mensajes en un idioma extraño,
la tristeza,
las garzas,
una casa sin sol,
el ultraje al hermoso seducido,
el jadeo incesante en los remos,
las sucesivas guerras,
la lechuza en el pedregoso camino de los extranjeros,
destellos de luz en las atalayas,
el resplandor de la eternidad en las espadas,
revoloteos de cuervos entre los heridos,
lo inefable,
antiguos dioses a la deriva
(máquinas perfectas oxidadas en el olvido),
tus manos,
tu voz,
(dale, urdidor del tiempo, mi mirada a Helena antes de partir),
y que una ventana arda de amor,
escribir infinito o esperanza,
soñar el centelleante navío
y la ola
hasta que regreses desde el codicioso país
tras la bruma...


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(Mi voz, la voz de todos los hombres en las mismas circunstancias, la voz de Menelao, esposo de Helena, raptada por Paris, lo que originó la guerra de Troya.)

Friday, August 21, 2009

 

quizá lo que soñamos


Quizá lo que soñamos algún día
sea este río que fundó el pueblo
de la infancia entre las estrellas.

Quizá la vida sea un leño que arde
en el hermoso corazón de los vagabundos.

Y la palabra que pronunciamos al caer la noche
sea la llave de la casa
de "los espacios y tiempos infinitos".

Friday, August 07, 2009

 

a propósito de la amistad


De manera hermosa dice Aristóteles que la amistad "es lo más necesario para la vida", pues sin amigos nadie querría vivir. Todos los bienes materiales no podrían compensar ese placer que significa tener un amigo y ejercer con él el bien supremo.

También es significativo que Aristóteles señale la correspondencia entre la amistad y el desdén por el dinero. Los amigos no son los que prestan plata o los que te halagan o los que hipócritamente te saludan. Los verdaderos amigos son solidarios: están en las buenas y en las malas. Expresan lo que piensan y lo dicen directamente. "En la pobreza y en las demás desgracias consideramos a los amigos como el único refugio".

Después Aristóteles señala tal vez la principal virtud de los buenos amigos: ayudan a guardarse del error, casi insinuando que un "amigo" que induce al mal, no puede ser en verdad amigo. También la verdadera amistad se construye después de varios años, día tras día, luego de observar y respetar las diferencias, virtudes y defectos de cada uno de los amigos. En pareja, está claro, se puede avanzar mejor que si se fuera solo. Por eso -citando el verso de la Ilíada- "dos cuando marchan juntos" están más educados para reflexionar y vivir.

En todo este conjunto de reflexiones Aristóteles demuestra emotividad, pero no patetismo. Un hombre que habla así de la amistad es porque la vivió con plenitud, tuvo grandes amigos y fue afortunado en el trato con los otros.

Y la bellísima voz de Walt Whitman dice:

Cuanto amo me persigue,
mis amigos me sofocan,
se amontonan sobre mis labios,
se apelotonan en los poros de mi piel,
me estrujan en las calles,
en los vestíbulos,
me visitan desnudos por la noche...
¡Hola! Me gritan por el día desde las rocas de los ríos;
se ciernen y pían sobre mi cabeza,
me llaman por mi nombre desde los huertos,
desde las viñas,
desde la maraña de los arbustos;
encienden todos los momentos de mi vida,
acarician mi cuerpo con dedos y labios balsámicos,
se sacan en silencio el corazón a puñados
para ofrecérmelo generosos...



(Dedicado a todos ustedes)


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Bibliografía sucinta:

Ética nicomaquea, Selnich Vivas Hurtado.
Ilíada, Homero, Canto X ("Dos decididos compañeros, cuando marchan juntos, son capaces de pensar y hacer muchas cosas").
Canto a mí mismo, Walt Whitman.

Friday, June 26, 2009

 

una pluma privilegiada


Una revista de arte honorifica, con letras de oro, al Dr. Vicious como pluma privilegiada. Doy fe de esto, haciendo relumbrar un relámpago en la mesa. Tiene unos escritos notables. De los últimos leídos, "La taberna del gato negro". Este palabrero rampante, de oscuridad y luz, puede pararse con vehemencia y garbo ante cualquier consagrado. Conózcanlo. Sigan el hilo de Ariadna en la búsqueda propicia. Y es bueno en ese navegar, hacia la isla del tesoro, llevar en el corazón la canción festiva de los antiguos hombres de mar: "Y otro poco de ron". Porque todo encuentro con un sorprendente autor es una hermosa aventura de soñadores.

Con un abrazo a mi camarada de letras, el Dr. Vicious.


drvicious.blogspot.com

Tuesday, May 26, 2009

 

qué de nuestra juventud alucinada

El aire trae,
por las tardes,
voces de un exilio inútil,
andrajos y soles quemados,
la nuez amarga del deseo
que en el árbol del ensueño
se transforma en diamante.

Todos nuestros secretos,
incluso los que permanecen en ti como una llaga,
están tatuados en las nubes,
en los camaleones
y en ciudades sumergidas
que habitan seres translúcidos.

Y la juventud,
nuestra juventud alucinada, voraz, ciega y distante,
aún brilla y se extingue en un paraíso inconcluso...

Friday, May 15, 2009

 

si mañana amaneciera


Si mañana amaneciera
con tu desnudez
como la primera luz del día,
el azar,
en su ola más pura,
nos llevaría al lejano país
de todos los sueños...

Thursday, May 07, 2009

 

y volver a iluminarse

Mi querida Claro de Luna:

El nácar como tal es una hermosísima sustancia orgánica-inorgánica brillante y con reflejos irisados o iridiscentes que los moluscos segregan para, oceánicamente, reparar lo dañado en su casa marina.

El recordar "la belleza del nácar" es, simplemente, creer que se puede reparar lo dañado en uno mismo. Sanar heridas. Y volver a iluminarse...

Un abrazo de Mentecato

Thursday, April 30, 2009

 

sueños de Alejandría


Algún día,
no sé desde qué azar
o mortaja,
si con lluvia
o al alba,
quizá a través de tiempos de lobos
o antílopes,
llegarán ancianos esclavos
de Alejandría
a soñar sueños que dejaron,
en nuestras ventanas,
hermosos gatos que vinieron de Alejandría.

Saturday, March 21, 2009

 

la belleza del nácar

Si tu vida se fragmentó
y ya no esperas el iridiscente rocío,
ni la ingrávida nieve,
ni el mar,
ni el bullicio de la perdiz y el abanico,
ni los desbordes de la imaginación,
ni lo material e inmaterial de los misterios,
ni el ritmo y fluir de todas las cosas,
ni el poder incierto del delirio,
ni la perplejidad de los conjuros,
ni el barco de tus sueños,
ni la estremecida alegría
en las ramas del tiempo...

Recuerda simplemente la belleza del nácar.


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(A Magda)

Monday, February 09, 2009

 

je suis en des vacances


Es un gorila que en cautiverio, por arte de birlibirloque, aprendió a repetir como una cacatúa: "Je suis en des vacances".

Mentecato, así llamado el gorila, de sol a luna sólo repite en su jaula: "Je suis en des vacances".

Los domingos frente a la jaula, un niño, que en verdad no es un niño sino un gorilita, ya sabe decir "je suis".

A Descartes, el filósofo francés, le habría dado un patatús al ver que un gorilita sabe decir "je suis", lo que a él le llevó años de reflexión ontológica.

Wednesday, December 10, 2008

 

la apuesta


En una oscura taberna, la Envidia y el Odio, aviesamente, no hallaban la manera de matar al Amor. Planificaban sangrientas estrategias, inventaban artilugios pandémicos, discutían sobre pócimas mefíticas y, sin más, pagarían con oro el objetivo. Ya borrachos, desde una mesa aledaña, un sombrío tertuliano vestido de capa negra les apostó: "Yo puedo matar al Amor". Y concordaron el precio.

Tiempo después, el sombrío personaje había matado al Amor. Estupefactos, la Envidia y el Odio le preguntaron su nombre. Y él respondió: "Yo soy solamente la Rutina"...


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(Narración oída en el Metro.)

Thursday, November 06, 2008

 

si todo fuera el hermoso respirar del tigre


Si todo fuera el hermoso respirar del tigre
en la hora más ardiente del día.

Si en cada mano el rayo dejara la eternidad como un anillo.

(Y no hubiera albur, ni fugacidad, ni ausencias, ni naufragios.)

Si al abrir la puerta del verano
tuviéramos la fecundidad del asombro y de la belleza,
y en cada nuez maduraran enigmas,
y regresaran los días que perdimos al cruzar los puentes.

Si desde los tiempos que se quemaron en inexorables travesías,
el olvido se trocara en una secreta comarca
y relumbrantes grillos chirriaran en las escarchas
y en las fisuras de nuestro obstinado destino.

Si en los umbrales del ensueño otras vidas nos atravesaran,
ávidas y envolventes, como verdes ríos.

Si pudiéramos estar ebrios para siempre en un instante azul,
en una estrella,
en la casa de los días más amados...




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(A Vero, en el Buenos Aires infinito, bullicioso, con múltiples cornisas desde donde poder volar.)

Tuesday, September 02, 2008

 

un haz de luz

El viejo despertó tiritando y con inusitada sensación de soledad. La mañana olía a pellejo de rata y la fugacidad del tiempo laceraba su piel. Salió de la casa y ante sí había un vastísimo desierto. Creyó estar dentro de un sueño maligno, pero tenía plena conciencia de su vigilia. Y donde su casa, repentinamente sólo arena. Hacia los cuatro puntos cardinales páramos sin confines y espejismos de la nada. Intentó recordar y asirse, pero no supo cómo. De pronto, en el sur hubo un resplandor: era un trozo de vidrio en que caía un haz de luz solar.

Ahí, el viejo empezó a escarbar en la arena. "Quizá encuentre una hermosa ciudad", se dijo...

Monday, August 11, 2008

 

búscame


En el aire,
en la noche,
en los ciclos migratorios,
en la nieve que cae
más allá de olvidados pueblos de Finlandia,
en los cafés de Hamburgo,
en las tabernas y mercados de Estambul,
en las multitudes de Budapest,
en las grietas del ocaso,
en el vuelo de los ánades a flor de agua,
en el libro de los secretos
y en los enigmas que deslumbran,
en los muelles solitarios,
en la bruma de la nostalgia,
en el ayer
donde tu pálido rostro es más hermoso aún,
en las relojerías
y en los sueños que detienen el tiempo,
en la huella que siguen cazadores de osos,
en la casa abandonada de la infancia,
en el martilleo y fuego de las forjas,
en los almácigos,
en la risa que trae días de fiesta,
en las fotografías familiares,
en la proa de los veleros,
en las mañanas que ciegan de tanta luz,
en los ojos de las serpientes,
en los ojos de los maoríes,
en los ojos de los enamorados,
en los ojos tristes de los camellos
que surcan vastos desiertos,
en las canteras
donde los hombres envejecen como bestias,
en los claustros de oscuras filosofías,
en lo sagrado
y en lo impúdico de los lupanares de Marsella,
en el silencio de la muerte
y en la claridad de la palabra vida,
en los hospitales siquiátricos
y en los salones de baile,
en el fluir de los ríos y sus orillas,
en el calendario maya,
en el canto de los chamanes,
en las grandes arquitecturas
y en lo infinitesimal,
en la carta de amor que llegó a destiempo,
en el vino de las laderas,
entre los enanos de los circos,
entre los vagabundos del Sena,
entre los drogadictos del Bronx,
entre los suicidas,
entre los nigromantes
y los eclécticos,
en el poderoso perfume de los sexos,
en las manos que se aferran a otras manos
y otras y otras manos,
en el primer y último gemido,
entre tártaros amansadores de caballos,
entre pescadores de perlas,
entre capitanes, jíbaros y hoscos fugitivos,
entre las distantes estrellas
y más allá aún en planetas no descubiertos,
en las certidumbres
y en los remolinos,
en los fumaderos de opio,
en las tiendas de hechizos,
en las calles de la ciudad que amamos,
tras los muros,
al cruzar las montañas del Tíbet,
al leer poemas africanos,
en los acertijos platónicos,
en las heridas de los combatientes,
en la ceniza que cae del olvido,
en el plumaje colorido de los petirrojos,
en las voces de los ancestros alacalufes
que nos trae el viento del sur,
en los torneos de esgrima
y en los filmes de Ingmar Bergman,
en la esquina de Miraflores donde los saltimbanquis
te hacían reír los domingos,
en cada ola
y en toda la libertad que pueda soñar tu corazón...
búscame
.

Monday, June 23, 2008

 

mentecato vuela a través de delirios

Mentecato vuela hasta agosto entre cachuditos de cabeza negra, abdomen amarillo y barba de torbellinos; entre chiricocas extravagantes de cuello blanco y patas de crepúsculos; entre choroyes verdes vigilantes de cielos y arco iris; entre rayaditos de Más Afuera con capa de nostalgias y harinas de la mañana; entre turcas pálidas de garganta blanca como espuma de todos los océanos; entre picaflores de cabeza verde con corona roja de vinos turbulentos; entre bandurrias de patas carmesíes y corazón de oleajes; entre bulliciosas orquestas del viento austral; entre carpinteros negros brillando azules y afanosos en las arboledas del sur; entre garzas y estrellas del fin del mundo; entre cormoranes de las islas añoradas; entre torcazas de patas rojo púrpura que tejen con raicillas las dulces sombras y los recuerdos de los enterrados; entre peuquitos pecho gris ceniza y patas amarillas que cantan en medio del bosque...

Después, cuando termine ebrio de horizontes, vértigos y belleza, Mentecato se sentará a orillas del mar a esperar que "el barco de sus sueños regrese..."

Thursday, June 12, 2008

 

a la deriva y agónicos

Después
del jadeo
de nuestros
cuerpos
desnudos,
la hojarasca
de la dicha
nos cubrió
lentamente:
éramos
los únicos seres
que,
a la deriva
y agónicos,
resplandecían
en el Universo...

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